viernes, 27 de junio de 2008

Los prisioneros de Prater

El 29 de junio se produce en Viena la apoteosis de la fiesta futbolística europea: la final de la Eurocopa, en el Ernst Happelstadion. Al estadio le precede un pasado turbio. Bajo las tribunas, se encontraban detenidos judíos, en espera de su deportación a Buchenwald. "Pero el fútbol igual seguía".

El estadio fue terminado en 1931 y recibió el nombre de "Wiener Prater". En 1993 fue rebautizado como "Ernst Kappelstadion", en homenaje al entrenador austriaco que logró llevar a la selección holandesa a la final del Mundial de Fútbol de 1978 en Argentina. Pero los vieneses lo siguen llamando "El Prater".
"La gente en Viena le tiene afecto al Prater, pero casi nadie sabe lo que aquí ocurría", afirma David Forster, un joven historiador de Viena. Desde el centro de la cancha, Foster señala al sector B, justo detrás de los banquillos. "Allí, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, se encontraban judíos vieneses prisioneros, debajo de las tribunas".

Anschluss

Poco días después de que el ejército de Hitler entrara en Austria, en marzo de 1938, la anexión (Anschluss) de Austria a la Alemania nazi era un hecho. "Ese mismo año se incendiaron las sinagogas," narra Foster. "Muchos judíos vieneses lograron huir al extranjero a tiempo. Aquellos que no tuvieron esa posibilidad, fueron tarde o temprano detenidos".
Como las prisiones se llenaron en poco tiempo, los nazis optaron por otros sitios, como el Prater. En septiembre de 1939 llegó un grupo de más de mil judíos a las catacumbas del estadio. "Eran de todas las edades, desde adolescentes a ancianos", comenta Forster.

Investigación científica

La noticia de los prisioneros de Prater llegó a oídos de Josef Wastl, jefe de la sección de Antropología en el Museo de Historia Natural de Viena. Los nazis habían encomendado a Wastl que organizara lo antes posible una exposición sobre "la raza judía". Wastl no tenía material científico como para poder realizar el trabajo en tan corto tiempo. En un último momento, el antropólogo recibió un permiso para realizar sus investigaciones con los "judíos de Prater".
"Wastl se llevó sus instrumentos al estadio", comenta Forster. "Allí seleccionó a 440 de los 1.000 prisioneros, y comenzó ahí mismo a realizar sus investigaciones". Se les tomaron las medidas, se les cortó el pelo, y se realizaron impresiones de sus rostros en yeso.
Una vez que Wastl concluyó su investigación, se procedió a desalojar el Sector B. Los prisioneros judíos fueron deportados a Buchenwald y otros campos de concentración. "Casi todos murieron en las semanas siguientes", dice Forster. "Lo único que queda de ellos es una decena de máscaras de yeso, que aún se encuentran en los sótanos del Museo de Historia Natural".

Sótanos

El museo se encuentra en un distinguido palacio sobre la muralla vienesa. A la cabeza de la sección de Antropología se encuentra hoy Margit Berner. Con un pesado manojo de llaves en la mano, baja las escaleras a los pobremente iluminados sótanos del museo. Luego de pasar por siete puertas, enciende la luz en un espacio que alberga esqueletos humanos.
En el estante inferior de un archivador se encuentran seis cajas de cartón con la inscripción "Estadio-Máscaras", las que habían sido halladas en el museo por accidente, unos diez años atrás. Berner desconocía su origen. "He estado buscando en los archivos del museo, he mantenido contacto con archiveros de Buchenwald, y de esta forma pudimos finalmente establecer el vínculo entre estas máscaras y el Prater".
Berner saca una de las máscaras de yeso de una caja. "Este es el rostro de Gustav Siegler, uno de los sobrevivientes del genocidio". Ziegler viajó hace unos años a Viena junto a sus hijos, y descendió con Berner a los sótanos del museo. "El anciano estuvo parado aquí, cara a cara con la copia de su rostro de joven, y recordaba en detalle cómo se realizaban los experimentos en esos tiempo", comenta Berner.

"Casi todos asesinados"

"Casi todos fueron asesinados", es la última oración de una lápida conmemorativa que se colocó en el Prater hace unos años. La iniciativa fue del historiador Forster."Me llevó ocho meses convencer a todos de la importancia de esta lápida. Hasta en el último momento tuve que luchar por conservar la palabra ‘asesinados'. Preferían que en su lugar pusiera que los prisioneros ‘no sobrevivieron' la deportación. El pueblo austriaco todavía tiene muchas dificultades en aceptar la verdad sobre sus actividades durante la guerra".
"El césped está impecable", dice Forster, parado frente a las tribunas del Sector B. "Durante su cautividad, a los judíos se les prohibía pisar el césped. Una vez al día se los sacaba a tomar aire fresco, pero no podían pasar de la pista. Durante esos días se seguía jugando al fútbol, y no se quería correr el riesgo de que los judíos dañaran el césped".

Artículo tomado de Radio Nederland, http://www.informarn.nl/sociedad/soc080627-estadio-prater

1 comentario:

Diana Puig dijo...

Hola Ana, lo he leído pero debo de volver a leerlo de nuevo, hay cosas que me han llamado mucho la atención y realmente he sentido escalofríos...pero voy cansada y necesito leerlo con más calma, tal vez sea eso aunque lo dudo, te diré más cosas de lo que has escrito, didi.