sábado, 26 de julio de 2008

La gratuidad del Mal

Cuando la filósofa judía, Hannah Arendt, asistió al juicio en Jerusalén contra Adolf Eichmann (miembro de las SS, uno de los participantes en la elaboración de la “Solución Final”-la eliminación de todos los judíos de Europa- y ejecutor “profesional” de dicho crimen), quedó estupefacta al constatar que dicho individuo era un hombre normal, un hombre sin profundidad malévola, un hombre “irreflexivo”. Es decir, hasta entonces se afirmaba que la maldad era causada por individuos con problemas psicológicos, sociales e, incluso, genéticos. Sin embargo, desde el Holocausto y el estudio de Arendt se ha podido constatar que la maldad que emergió en aquella época de absoluto terror fue llevada a cabo por hombres y mujeres perfectamente normales, sin trauma alguno, padres y madres de familia “ejemplares”.
Así, el nazismo no quería en sus filas hombres y mujeres asesinos profesionales, sino hombres “vírgenes” en la violencia a fin de poderlos moldear a su imagen y semejanza. Individuos “irreflexivos”, es decir, individuos sin capacidad de pensar ni actuar por sí mismos, pero que a la par se vieran ellos mismos como hombres decentes.
Esto se consiguió haciendo que el mal operado (humillaciones, torturas, asesinatos…), ya no fuese visto como algo extraordinario propio de criminales, sino como algo normal instaurado en la sociedad y que la gente normal debía asumir como algo natural.
El hombre y la mujer nazis se constituyeron como individuos decentes, además de héroes por medio de una violencia legalizada y gratuita (porque sí, sin "motivos personales"). Esto significa que todo aquel marcado por el régimen como enemigo (hombres, mujeres y niños) debía morir en dicha violencia por el simple hecho de haber sido marcados como enemigos.
Así, hoy también, Samir Kuntar pudo ejecutar a un padre de familia ante su propia hija, y después aplastar el cráneo de la pequeña a culatazos, arrastrándola hasta la playa y rematándola con sus propios pies, como nos cuenta Josep Estruel. Si hay alguna relación entre Kuntar y Eichmann, la encontraremos sin duda y según mi opinión, en esa gratuidad del Mal normalizada que hace de los asesinos, individuos decentes al mismo tiempo que héroes.
Os recomiendo para profundizar más en el tema que leáis un artículo mío que acaba de salir. Lamentablemente no se encuentra "on-line", pero sí que lo podéis encontrar en las bibliotecas de las universidades de la mayoría de las facultades de filosofía. El artículo y la revista son: "Amos virtuales, esclavos reales. El hombre SS, una raza de amos-esclavos", Espíritu: cuadernos del Instituto Filosófico de Balmesiana, ISSN 0014-0716, Año 56, Nº. 136, 2007, pags. 307-315.

jueves, 24 de julio de 2008

Maximiliam Kolbe: «Soy un sacerdote católico de Polonia, me ofrezco en su lugar porque él tiene esposa e hijos»

Maximiliam Kolbe, el prisionero 16670 y fraile franciscano polaco fue asesinado por los nazis en el campo de concentración de Auschwitz. ¿El motivo de su muerte? Salvar una vida. El Talmud, uno de los libros sagrados judíos, dice: “Quien salva una vida, salva al mundo entero”.
He aquí la historia: en julio de 1941 un preso de Auschwitz pudo fugarse del campo de concentración. Para frenar tales rebeliones los nazis crearon una ley por la que se sentenciaba a muerte diez prisioneros por cada hombre fugado. En el momento que los nazis descubrieron la huída del anterior prisionero, se dispusieron rápidamente a ejecutar dicha norma. El primero en ser elegido fue el sargento polaco Francizek Gajowniczek de 41 años, casado y con hijos. Éste en medio del silencio y con lágrimas en sus ojos profirió un lamento: «¡Mi pobre esposa! ¡Mis pobres hijos! ¿Qué va a ser de ellos?». Entonces Maximiliam Kolbe ofreció su vida a cambio de la de ese hombre y atreviéndose a dirigirse al oficial, dijo: «Soy un sacerdote católico de Polonia, me ofrezco en su lugar porque él tiene esposa e hijos».
El oficial que debía llevar a cabo la sentencia aceptó el sacrificio de Kolbe y éste fue condenado a sufrir hambruna hasta que se produjera la muerte por causas “naturales”. Sin embargo y, después de tres semanas de no haber tomado alimento alguno, Kolbe seguía vivo. El 14 de agosto de 1941, a los 47 años, fue asesinado con una inyección de fenol.
Este padre franciscano fue declarado beato en 1971 por Pablo VI a cuya celebración asistió Franciszek Gajowniczek. Y en 1982, Juan Pablo II lo canonizó y lo proclamó santo.
El gesto de este hombre ha hecho que muchos se lanzasen a vivir lo que han llamado «la locura del amor» y han creado la Operación Kolbe. La Operación Kolbe es una iniciativa ecuménica desde la cual aquellos que la integran están dispuestos a intercambiar su persona por los secuestrados en Colombia. Su lema lo encuentran en la misma fuente de donde bebió Kolbe, esto es, el Nuevo Testamento, y dice así: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Juan 15,13).

miércoles, 23 de julio de 2008

Once meses de cárcel para el neonazi Horst Mahler por hacer el saludo hitleriano

Ayer día 21, el líder neonazi Horst Mahler fue condenado por la Audiencia de Cottbus (este de Alemania) a once meses de cárcel por realizar el saludo hitleriano. Mahler Mahler fue militante de la extinta organización terrorista Fracción del Ejército Rojo (RAF) en la época en que estuvo dirigida por Andreas Baader y Ulrike Meinhof, por lo que pasó varios años en prisión en la década de los setenta. En los años noventa dio un vuelco ideológico hacia la extrema derecha y en el año 2000 se afilió al NPD. El acusado también fue abogado defensor del ultraderechista Partido Nacional Democrático (NPD).
Horst Mahler, de 72 años en la actualidad, fue declarado culpable del delito antes expuesto y además en grado de reincidencia, puesto que saludó con el brazo en alto a los correligionarios que le esperaban cuando iba a ingresar en prisión, en 2006, por otro delito de signo extremista. Mahler tiene un largo historial de condenas por delitos parecidos, entre ellas la que le fue impuesta unos meses atrás por haber saludado con la fórmula "Heil Hitler" al periodista y ex vicepresidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania Michel Friedman. El líder neonazi saludó a su entrevistador con un "Heil Hitler, Herr Friedman" y, durante la conversación, calificó a Adolf Hitler de "redentor del pueblo alemán".

lunes, 21 de julio de 2008

Un matrimonio de asesinos en el Auschwitz de los Balcanes

"Tengo la conciencia tranquila". Eso fue lo primero que dijo Dinko Sakic cuando se enfrentó al tribunal en Zagreb, la capital de Croacia.
Sakic llegó a la Argentina en silencio, en 1947, y medio siglo más tarde fue deportado en 1998 para ser juzgado en Croacia. En octubre de 1999 fue condenado a 20 años de cárcel por crímenes contra la Humanidad. Cuando lo detuvieron contaba con 76 años y admitió haber estado al frente -entre diciembre de 1942 y octubre de 1944- del campo de concentración de Jasenovac (en el centro de Croacia, instalado durante la Segunda Guerra Mundial por el régimen pronazi croata), donde murieron alrededor de 600.000 judíos, serbios y gitanos. En el juicio Sakic fue declarado culpable de malos tratos, torturas y asesinatos de detenidos encarcelados en dicho campo de concentración.Había sido acusado de ser responsable de la muerte de por lo menos 2.000 prisioneros entre mayo y noviembre de 1944.
Jasenovac fue uno de los campos de exterminio más terribles de todos los que hubo en Europa durante la Segunda Guerra. Tanto que se ganó el mote de el Auschwitz de los Balcanes. Su esposa Nada Luburic -entonces 72 años- fue acusada de colaborar con él en el campo de exterminio quien también fue deportada a Croacia. Aun cuando está comprobado que fue la encargada del sector femenino de Jasenovac y existe la sospecha de haber torturado y asesinado a varias mujeres prisioneras, Nada Luburic enseguida quedó en libertad.
Hoy lunes, 21 de julio de 2008, Sakic falleció "después de una prolongada y grave enfermedad, en un hospital de Zagreb", indicó un comunicado de la prisión donde cumplía su pena. Tenía 86 años. El comunicado no aclara la naturaleza de su enfermedad.

"El ser humano siempre será seducible"

El ex-canciller alemán Helmut Schmidt recordó hoy a los oficiales que atentaron en 1944 contra Hitler y si bien sostuvo que Alemania ha cambiado radicalmente, advirtió que nunca se debe bajar la guardia pues "el ser humano siempre será "seducible"". Schmidt pronunció estas palabras durante la ceremonia solemne de jura de bandera celebrado hoy por primera vez ante el Reichstag de Berlín, acto que estuvo rodeado de protestas de grupos pacifistas. El ex-canciller socialdemócrata confesó que él mismo tan sólo se percató de que la dictadura del nazismo, además de ser vil, también era criminal, cuando, en 1944, fue obligado como oficial a presenciar durante un día el juicio contra el grupo que apoyó los planes del conde Klaus Schenk von Stauffenberg de atentar contra Adolf Hitler. El propio von Stauffenberg y otros tres oficiales fueron fusilados inmediatamente en el patio del edificio que hoy alberga el ministerio de Defensa en Berlín. Schmidt, a punto de cumplir noventa años, era por entonces oficial de la Wehrmacht, y como tal participó plenamente en la II Guerra Mundial, en "cumplimiento de un deber" al que dijo sentirse comprometido debido a una educación basada en la disciplina. "Aunque entonces empecé a comprender el carácter criminal del nazismo, seguí cumpliendo órdenes", dijo Schmidt ante el medio millar de reclutas que juraron bandera y más de un millar de invitados de honor, entre ellos la canciller Angela Merkel. Schmidt, quien entre 1969 y 1972 fue también ministro de Defensa bajo el canciller Willy Brandt, explicó que en aquel entonces la sensación que predominaba entre la población era la del miedo, "miedo a la Gestapo y a los tribunales de guerra". Pese a esas circunstancias, un grupo de oficiales "consideró que su obligación moral era intentar llevar a cabo un golpe, aun cuando algunos de ellos eran conscientes igual que yo de que, aunque saliera bien el golpe, la guerra estaba perdida y la capitulación era un hecho", recordó Schmidt en alusión a von Stauffenberg. El veterano político subrayó que "Alemania no ha demostrado precisamente ser una nación pacifista" y emplazó a las generaciones actuales a no olvidar la lección de la historia, sobre todo teniendo en cuenta que "el ser humano seguirá siempre dejándose seducir, también nosotros los alemanes".

domingo, 20 de julio de 2008

La Indiferencia

Elie Wiesel, judío rumano que sobrevivió a Auschwitz, escribió sobre el horror que le tocó vivir y que comenzó cuando a penas tenía 15 años. Obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1989 y dedicó toda su vida a escribir y hablar sobre los horrores del Holocausto.
Elie Wiesel participó en 1999 en un foro en Washington con una conferencia denominada Los peligros de la indiferencia. Era su propia historia, la de un chico judío de una pequeña localidad de los Cárpatos que un día creyó que nunca volvería a ser feliz. Y la historia también de un anciano que, 54 años después de ser liberado de la muerte, había dedicado toda su vida a intentar explicar que la indiferencia no sólo era un pecado, sino también un castigo. Por eso estaba convencido de que la indiferencia era una de las lecciones más importantes que debíamos extraer los seres humanos de los múltiples experimentos que con el bien y el mal habían tenido lugar en ese siglo.
"La indiferencia", decía Wiesel, "no suscita ninguna respuesta. La indiferencia no es respuesta. La indiferencia no es un comienzo; es un final. Por tanto la indiferencia es siempre amiga del enemigo, puesto que beneficia al agresor, nunca a su víctima, cuyo dolor se intensifica cuando la persona se siente olvidada. El prisionero en su celda, los niños hambrientos, los refugiados sin hogar... No responder a su dolor ni aliviar la soledad ofreciéndoles una chispa de esperanza es exiliarlos de la memoria humana. Y al negar su humanidad, traicionamos la nuestra". Para este superviviente, la sociedad que le tocó vivir estaba compuesta por tres sencillas categorías: los asesinos, las víctimas y los que no hacían nada. Por eso, su único y miserable consuelo fue creer que Auschwitz y Treblinka eran secretos muy bien guardados, y que los líderes del mundo no sabían lo que estaba pasando detrás de esos alambres de púas. ¿Cómo, si no, se podía explicar la indiferencia de todos ellos?, se preguntaba.

martes, 8 de julio de 2008

Visados para la libertad. Diplomáticos españoles ante el Holocausto

En Segovia se ha inaugurado una exposicón por el representante en España de la Autoridad Nacional para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto Yad Vashem, Isaac Querub, quien ha defendido la necesidad de mantener vivo el recuerdo de las víctimas de la 'Shoah' para que «no gane el mal ni volver a caer en la trampa de la mentira». En ella se muestra la labor realizada por diplomáticos españoles en territorio del Tercer Reich a través de la cual salvaron miles de vidas de judíos entre 1939 y 1944.
En dicha exposición se destaca especialmente el trabajo realizado por los embajadores Bernardo Rolland de Miota, en Francia; Sebastián Romero Radigales, en Grecia; Julio Palencia, en Bulgaria; José Rojas, en Rumanía; Ángel Sanz Briz, en Hungría; y José Ruiz Santaella, en Alemania.
En Hungría, Grecia, Bulgaria, Rumanía o Francia salvaron de las cámaras de gas a esas 60.000 personas a través de nacionalizaciones y cartas de protección redactadas en la mayoría de los casos en favor de judíos sefardíes, la comunidad de origen ibérico extendida por toda Europa desde su expulsión en 1492. Entre todos estos diplomáticos destaca Ángel Sanz Briz, encargado de negocios en la embajada española en Budapest entre 1942 y 1944 que consiguió salvar la vida de más de 5.000 judíos. La comunidad sefardí no ha olvidado jamás la labor humanitaria de este sensible, valiente y hábil diplomático, cuyos restos descansan en un privilegiado espacio de la gran sinagoga de la capital húngara. Expidió pasaportes, inventó raíces y familias españolas y llegó a alquilar una decena de viviendas en Budapest que 'agregó' a la legación diplomática española. Los convertía así en 'edificios extraterritoriales' y, de paso, en refugios donde los judíos acosados por las SS encontraban techo y alimento además de un salvoconducto. «Salvó a millares, a menudo con riesgo de su propia vida. Salía por las noches a las casas de donde le llamaban para socorrer a los amenazados por las redadas», recordaba Adela Quijano, viuda de Sanz Briz, en el homenaje tributado en 2001 a este Oskar Schindler español. «Se arriesgó muchísimo en una época en la que 600.000 judíos fueron deportados del país».
La heroica labor de Sanz Briz, sería continuada en Budapest por Giorgio (Jorge) Perlasca. Italiano y ex combatiente franquista en España, se hizo pasar por diplomático, españolizó hasta su nombre y protegió a los judíos hasta la liberación de Hungría en 1945. Fue también designado 'Justo entre las Naciones'. En Francia fue Eduardo Propper de Callejón, primer secretario de la legación española en París entre 1939 y 1941, quien concedió 'visados especiales de tránsito' a cientos de judíos de muy diversos orígenes. También el cónsul general Bernardo Rolland de De Miota organizó, contra el criterio de Serrano Suñer, la repatriación de casi un centenar de judíos, evitó la confiscación de bienes e intercedió por una veintena de españoles conducidos al campo de tránsito de Drancy.
En la ciudad griega de Salónica se concentraba una de las mayores colonias de sefardíes de Europa. Sebastián Romero Radigales, cónsul general en Atenas entre 1943 y 1944, logró, en contra de sus superiores, sacar de la ciudad a centenar y medio de judíos. Al final serían trasladados a Begen-Belsen, pero Romero impidió la confiscación de sus bienes y logró desviar a algunos a España. Hasta 48.000 sefardíes no tuvieron esta suerte y fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. En Bulgaria fue Julio Palencia y Tubau, ministro de la legación española en Sofía entre 1940 y 1943, quien protegió la vida y los bienes de centenar y medio de sefardíes. Denunció además la connivencia de las autoridades búlgaras con las ocupantes alemanas que permitieron la deportación de 50.000 judíos. La diplomacia alemana en Bulgaria declaró a Julio Palencia «amigo de los judíos» y «fanático anti-alemán». Declarado persona 'no grata' en Bulgaria, se le ordena regresar a Madrid donde será amonestado por su celo.
También en Rumania el embajador José Rojas Moreno, destinado en Bucarest entre 1941 y 1943, logró la revocación de la expulsión de un grupo de sefardíes. No pudo traer a España a los sefardíes ante la negativa de sus superiores en Madrid. Incluso en el Berlín nazi José Ruiz Santaella, agregado de la embajada española, lograría junto a su esposa Carmen Schrader en 1944 salvar a tres mujeres judías empleándolas como sirvientas.
El secretario general de Casa Sefarad, Angel Vázquez, ha asegurado en declaraciones a EFE que todos ellos "actuaron de forma valiente y decidida y aprovecharon las relaciones de amistad hispano-alemana para ampliar sus márgenes de actuación, hacer valer la protección consular española y ayudar a los judíos perseguidos".
Vázquez ha precisado que los judíos perseguidos por los nazis "pedían auxilio en las embajadas, y los embajadores no sabían a ciencia cierta cómo actuar, por lo que mayoritariamente ejercieron su labor al dictado de su conciencia, conscientes de que el régimen de Franco apoyaba tácitamente la política de exclusión de Hitler".

lunes, 7 de julio de 2008

Argentina se suma al "no-olvido"

Argentina muestra en el Museo del Holocausto de Buenos Aires imágenes de los sobrevivientes del Holocausto que actualmente viven en ese país, a quienes se rinde homenaje a través de una exposición fotográfica. “La misión de poder transmitir, dejar para las próximas generaciones el legado de estas personas que fueron testigos del horror del Holocausto”, expresó Graciela Nabel de Jinich, organizadora.
“Recuperar la firma de ellos, recuperarles el nombre, entonces conjugando todo esto más un fragmento de sus vidas es lo que hoy presentamos para que los jóvenes puedan saber que no hay sólo 1 ó 2 ó 3 sobrevivientes en la Argentina sino que hay más”, declaró Nabel de Jinich.

La Topografía del Terror

"No al olvido y no a la indiferencia", ésta parece ser una de las máximas de los alemanes actuales ante la crueldad y la barbarie del nazismo. Berlín ha construido una ruta en la que muestra mediante fotografías, estructuras de madera y paredes de ladrillo, grabaciones con discursos del propio Hitler, lugares que pertenecieron al gobierno nazi (como la oficina central de la Gestapo), los horrores de una Alemania que todavía se siente culpable.
Seguidamente, os reproduzco parte del artículo de Diego Montenegro y al final del mismo el enlace:
Berlín es cosmopolita. En las calles y plazas se aspira historia y cultura. Al caminar por la avenida NiederkirchnerstraBe, junto a la estación Potsdamer, parece que se dan pasos hacia el pasado.
No solo porque en el trayecto se encuentra con los restos del muro, que dividió en dos a la capital alemana desde 1961 hasta 1990. También porque allí está uno de los sitios más visitados: la
Topografía del Terror.
El nombre ya es el primer anuncio de lo que el turista puede mirar en el lugar. Hay una exposición fotográfica de los pasajes más importantes y atroces que marcaron la historia de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.
En un escenario dominado por una rústica estructura de madera y paredes de ladrillo visto se muestran las imágenes, que han arrancado más de una lágrima a los visitantes. El piso del lugar está cubierto de ripio, no es una casualidad, porque evoca el recuerdo de los campos de concentración.
Hay un pabellón en el cual se exhiben las fotos de las ejecuciones por parte del Ejército a los opositores del Gobierno Nazi: niños llorando mientras los militares disparan en la espalda a sus padres o madres que piden de rodillas a los uniformados para que no torturen a sus hijos.
Además, están los testimonios de las reuniones secretas entre oficiales como Lorenz, Heydrich, Himmler y Wolff.
Aquí, el terror y el miedo no solo entran por los ojos, también lo hacen por los oídos. En unas pequeñas cabinas, construidas con tríplex, luego de presionar un botón se escucha la voz de Hittler dando órdenes a su Ejército para que elimine a los judíos-europeos.
Lo más desgarrador es el lamento de las mujeres ante la pérdida de sus seres queridos y el llanto de los niños, que parece enfrentarse al fin del mundo.
Durante la guerra, en este sitio funcionó la oficina central de la Policía Secreta del Estado (Gestapo), que planificaba la persecución y la ejecución a los opositores. Ahora, se calcula que cada año visitan el lugar unas 400 000 personas de todo el mundo.
El gobierno alemán tiene previsto invertir alrededor de 24 millones de euros para levantar en ese sitio un gran centro de documentación. Una de las personas que participa en el proyecto es el paisajista Heinz Hallmann, quien reconoció que en 5 370 metros cuadrados se construirá un gran complejo histórico.
Este no es el único lugar emblemático de la dictadura nazi, que fue acondicionado como museo. A una hora de Berlín en tren, partiendo de la estación Hauptbahnhof, se encuentra el museo Ravensbrück, instalado en un antiguo campo de concentración.
Un inmenso y corredizo portón de metal se abre lentamente y se observa un amplio patio, cubierto de ripio. Allí se formaban las mujeres que llegaban como prisioneras al lugar. Se calcula que entre 1939 y 1945 fueron 120 000, solo sobrevivieron 40 000.
El lugar es tétrico. En el interior hay un rincón donde aún permanecen los hornos, que servían para cremar a las muertas. También hay restos de la cámara de gas y del corredor de las desposeídas, por donde pasaban las mujeres antes de morir.
Las celdas fueron restauradas y en el interior de algunas se exhiben las artesanías que hacían las presas durante las noches. También las cartas que escribían antes de morir y las fotos de sus seres queridos, que guardaban con mucho sigilo.
Hay una oficina donde se muestran los libros que registraban los ingresos y las salidas de las detenidas. Además, las actas de liberación. Pero lo que más llama la atención es el mural donde están pegadas las fotos de las personas que permanecieron en ese campo de concentración. Las caras de sufrimiento son evidentes.
La visita concluye con una conferencia dictada por Dienst der Mahn, en la cual explica los trabajos forzosos a los cuales eran sometidas las mujeres y la manera como los militares les obligaban a prostituirse.
Otro sitio que recuerda a la guerra es el parque levantado en honor a las víctimas del holocausto. Está ubicado en el centro de Berlín y tiene una característica especial: en toda el área hay pilares de cemento, de diferentes tamaños y del mismo color. Los pilares forman una especie de laberinto.
Para la catedrática Helga Dresel, la arquitectura del lugar tiene muchas connotaciones. Una de ellas puede ser el hecho de que cuando la persona se pierde entre los muros tiene que encontrar el camino que le lleve hacia el otro extremo del parque. “Se puede decir que cuando eso ocurre salió de la confusión. Pero es solo una interpretación”.
El recorrido puede terminar en la Isla de los Museos o en una visita a la puerta de Brandemburgo, uno de los íconos de la ciudad, identificado por su singular arquitectura y por su ubicación.
http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=203969&id_seccion=14&id_seccion_padre=241

viernes, 4 de julio de 2008

Wladyslaw Bartoszewski, un luchador incombustible

“En todos los sitios en donde llego a hablar con otros, me esfuerzo por acercar a los seres humanos y lucho contra estereotipos. Pienso que esto es mi deber.“ Wladyslaw Bartoszewski siempre ha intervenido en favor de los seres humanos.
Nació en Varsovia en 1922, y sólo tenía 17 años cuando participó en la fallida defensa de su ciudad natal cuando el ejército nazi conquistó Polonia en 1939. Un año después, Bartoszewski se encontraba entre los muchos jóvenes polacos católicos a los que atraparon y enviaron a Auschwitz, y entre los muy pocos que tuvieron la suerte de sobrevivir.
Fue liberado en 1941, y fue a trabajar con la resistencia. Ayudó a fundar el clandestino Zegota o Consejo para la Ayuda a los Judíos, que proporcionaba dinero, lugares para esconderse y documentos de identidad falsos a judíos polacos que trataban de huir del holocausto. Esta asistencia era punible con la muerte durante la ocupación nazi. En 1965, el Yad Vashem, el monumento y el museo del holocausto oficiales de Israel, nombró a Bartoszewski uno de “Los Justos entre las Naciones”.
Después de la guerra, Polonia cayó dentro de la esfera soviética. A Bartoszewski lo recompensaron por su trabajo para liberar a su país y salvar a sus compatriotas judíos volviéndolo a poner tras las rejas.“Para cuando tenía 32 años, había estado ocho años en prisiones y campos”, dijo Bartoszewski.
Tras su liberación en 1954 -y en el año siguiente, rehabilitado por el régimen -, se hizo periodista de un periódico católico en Cracovia, y, posteriormente, catedrático de la Universidad Católica de Lublin. De nuevo, formó parte de un movimiento clandestino, en esta ocasión, una red de enseñanza llamada la Universidad en Vuelo, que operaba al margen del sistema educativo oficialmente aprobado.
Cuando el último líder comunista de Polonia, el general Wojciech Jaruzelski, declaró la Ley Marcial en diciembre de 1981 como parte de un esfuerzo por suprimir al movimiento Solidaridad, Bartoszewski fue encarcelado una vez más, hasta su liberación el siguiente abril.
Para las elecciones de 1989, sólo libres en parte, pero no obstante vistas como una victoria de Solidaridad, Bartoszewski tenía 67 años, bastante pasada la edad para retirarse. Sin embargo, apenas estaba empezando, y se embarcó en su carrera diplomática, primero como embajador en Austria y, después, como ministro de relaciones exteriores en dos gobiernos diferentes, en 1995 y de nuevo de 2000 a 2001.
Se mantuvo muy ocupado en su retiro escribiendo libros y participando en consejos, como el Consejo Internacional Auschwitz, del que es presidente. Sin embargo, el gobierno nacionalista, con frecuencia divisorio, del primer ministro Jaroslaw Kaczynski, y su hermano gemelo, el actual presidente Lech Kaczynski, hizo que regresara a la pelea.
Se convirtió en un crítico feroz y habló francamente en contra de ellos antes de las elecciones de octubre pasado. Después, el Primer Ministro nuevo ofreció hacerlo otra vez ministro de relaciones exteriores. Rechazó la propuesta en favor de su ex subalterno, Radek Sikorski, pero estuvo de acuerdo en asumir una función de asesoría especial.

jueves, 3 de julio de 2008

Franco abandonó a los judíos españoles a su suerte

“España no sólo no tuvo una po­lítica oficial clara de ayuda a los judíos españoles perseguidos por los nazis, sino que, ante la pasividad española, los propios alemanes se sintieron obligados a recordar a Franco sus intenciones genocidas. De he­cho, el régimen de ese país, a pesar de que admitió que muchos judíos habían apoyado de una forma u otra el alzamiento militar franquista, consideró peligrosos a los judíos españoles al dar por supuesta su simpatía con los aliados frente al Eje y así se lo hizo saber a Alemania”.
Posiblemente la prueba más contundente aparezca en los despachos enviados por el embajador nazi en Madrid, Hans von Mortke. El 28 de enero de 1943 el diplomático envió un cable al Ministerio de Exteriores del III Reich en el que indicaba haber notificado al director de la división política del Ministerio de Asuntos Extranjeros de España, José María Doussinague, que “a partir del 1º de abril esos judíos (de nacionalidad española) que se hallen en los territorios ocupados serán objeto de todas las medidas en vigor contra todos los judíos”. En otras palabras: deportados a los campos de concentración. El funcionario es­pa­ñol prometió una respuesta del Gobierno, aunque agregó que en su opinión “no se permitirá a los judíos de nacionalidad espa­ño­la entrar en España”. Apenas dos semanas después, el Reich rei­te­ró su amenaza y avisó al Gobierno español que: “las medidas generales contra los judíos (es decir, su aniquilación) también se aplicarán a los judíos españoles residentes en el General­gou­ver­ne­ment (el territorio ocupado en Polonia), en los países bálticos y en los territorios orientales ocupados a partir del 1º de abril de este año. Ruego informar el Gobierno español de ello”. Al no recibir respuesta oficial, el 22 de febrero de ese año, la Embajada alemana en Madrid insistió por tercera vez, y dos días más tarde el embajador Moltke envió otro telegrama a su Ministerio para informar sobre los resultados de sus gestiones en estos términos: “El director general del Departamento Político del Ministerio de Asuntos Exteriores español, señor Doussinague” le había dicho al recién agregado a la Embajada alemana en Madrid, Andor Hencke, lo siguiente: “El Gobierno español ha decidido no per­mi­tir en ningún caso la vuelta a España a los españoles de raza ju­día que viven en territorios bajo jurisdicción alemana. El Gobierno español cree que lo oportuno es permitir a estos judíos viajar a sus países de origen, especialmente a Turquía y Grecia. Lo insensato de esa aseveración es que el primer país no estaba dis­puesto a recibirlos y en el segundo los judíos fueron depor­ta­dos a Polonia. El Gobierno español estaría dispuesto a conceder en algunos casos un visado de tránsito por España para judíos con visado de entrada para Portugal o Estados Unidos. Si no se da esta circunstancia, el Gobierno español abandonará a los ju­díos de nacionalidad española a su destino”. Hencke respondió al director general que, en opinión de la Embajada, el Gobierno alemán no permitirá la salida hacia otros países de los judíos de nacionalidad española. También le dijo que se ha avisado al Gobierno español únicamente por razones de cortesía, para darle la oportunidad de repatriar a España a esos judíos antes del 31 de marzo.


Shanghai abrió sus puertas a los judíos durante el Tercer Reich


Durante la persecución de los judíos en la época del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial, Shanghai fue la única ciudad del mundo que abrió sus puertas a judíos sin visado y gracias a ello 20.000 personas salvaron sus vidas.

"Nunca podrán entender que también yo tenía corazón..."

Durante los meses en que estuvo detenido en la cárcel de Cracovia en espera de ser procesado, Rudolf Franz Höss —ex jefe del campo de exterminación de Auschwitz— escribió un manuscrito de memorias en las que decía, entre otras cosas:
"... Mi existencia ha sido muy agitada. El destino me elevó a las más altas cimas y me empujó al fondo de los abismos. Las circunstancias de la vida me pusieron a prueba muchas veces, pero siempre supe superarlas y nunca perdí mi estado de ánimo. Desde el momento en que volví de una guerra (1914-1918) en la que me alisté siendo un muchacho, hubo dos estrellas que me indicaron mi camino: mi patria y mi familia. Mi apasionado amor por mi patria y mi conciencia nacional me llevaron a alistarme en el partido nacionalsocialista y en las SS. Considero que la doctrina filosófica del nacionalsocialismo es la única adecuada a la naturaleza alemana. A mi juicio, las SS eran los defensores activos de aquella filosofía, capaz de conducir a todo el pueblo alemán a una existencia conforme a su naturaleza. La familia ha sido para mí algo absolutamente sagrado, a la que estoy unido por lazos indisolubles. Siempre me preocupó su futuro. Nuestro verdadero hogar debía ser una granja en el campo. Para mi mujer y para mí, los hijos representaban el sentido de nuestra existencia. Quisimos darles una buena educación y dejarles como herencia una patria poderosa. También hoy todos mis pensamientos van dirigidos hacia mi familia. ¿Qué harán? La incertidumbre que me asalta me hace más penosa mi prisión. Sacrifiqué mi vida una vez por todas. Es algo que ya pasó y de lo que no volveré a ocuparme. ¿Pero qué harán mi mujer y mis hijos? Mi destino ha sido caprichoso. Mi vida ha estado pendiente de un hilo con mucha frecuencia: durante la primera guerra mundial, en los combates cuerpo a cuerpo, en los accidentes del trabajo. Mi automóvil chocó con un autocar y logré escapar a la muerte. Caí desde un caballo sobre una roca y por poco fui aplastado por la montura. Sólo resulté con algunas costillas fracturadas. Durante los bombardeos aéreos creí más de una vez que había llegado mi último momento, pero no me ocurrió nada. Poco antes de la evacuación de Ravensbrück fui víctima de un accidente automovilístico y todos me creían muerto. Sin embargo, una vez más, logré salvarme. La ampolla de veneno que llevaba siempre conmigo se rompió poco antes de ser detenido. El destino me salvó siempre de la muerte, para sufrir ahora un fin degradante. ¡Cuánto envidio a los camaradas que cayeron luchando en el campo del honor! Yo era un engranaje inconsciente de la inmensa máquina de exterminio del Reich. La máquina se rompió, el motor desapareció y debo desaparecer yo también. El mundo lo exige... Pueden continuar considerándome un animal salvaje, un cruel sádico, el asesino de millones de seres humanos. Las masas nunca podrán pensar de otro modo sobre el ex comandante del campo de Auschwitz. Nunca podrán entender que también yo tenía corazón... Cracovia, febrero de 1947 Rudolf Höss".
Fuente: Crónica Militar y Política de la Segunda Guerra Mundial, editada por SARPE, tomo 7, página 272 http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?p=75227

A 62 años del pogrom de Kielce

El 4 de julio de 1946 tuvo lugar un pogrom en la ciudad de Kielce, Polonia, en el que fueron asesinados 46 judíos sobrevivientes del Holocausto de un total de 200 que habían regresado a su país tras el horror de los ghettos y los campos.
En agosto de 1942, la mayoría de los 24.000 judíos de Kielce, por ese entonces un tercio de la población total, había sido exterminada por los nazis en el campo de Treblinka.
Finalizada la Guerra, algunos sobrevivientes oriundos de Kielce —al igual que otros oriundos de Cracovia— decidieron regresar a su ciudad. En julio de 1946 se enfrentaron a la hostilidad de sus viejos vecinos; nuevamente se encontraban ante la muerte.
A 62 años de esa matanza, el Museo del Holocausto de Buenos Aires recuerda y repudia este hecho acontecido poco tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente, líderes políticos de algunos países integrantes del concierto de las Naciones Unidas, niegan que haya existido el Holocausto, pese a las numerosas pruebas documentales y los testimonios acerca del horror vivido que permanentemente brindan los sobrevivientes
El pogrom de Kielce reveló que el antisemitismo, el odio, la barbarie y la intolerancia sembrados, difundidos y profundizados por el nazismo permanecieron aún después de que el mundo tomó pleno conocimiento de la existencia de los campos de concentración, de los ghettos, de las persecuciones y del exterminio masivo de millones de hombres, mujeres y niños por su condición de judíos. No olvidar, recordar y educar a las jóvenes generaciones es un deber ético de la humanidad, para que lo ocurrido durante la Shoá no se repita con pueblo alguno.

Noticia tomada del Museo del Holocausto de Buenos Aires, http://www.fmh.org.ar/