jueves, 3 de julio de 2008

Franco abandonó a los judíos españoles a su suerte

“España no sólo no tuvo una po­lítica oficial clara de ayuda a los judíos españoles perseguidos por los nazis, sino que, ante la pasividad española, los propios alemanes se sintieron obligados a recordar a Franco sus intenciones genocidas. De he­cho, el régimen de ese país, a pesar de que admitió que muchos judíos habían apoyado de una forma u otra el alzamiento militar franquista, consideró peligrosos a los judíos españoles al dar por supuesta su simpatía con los aliados frente al Eje y así se lo hizo saber a Alemania”.
Posiblemente la prueba más contundente aparezca en los despachos enviados por el embajador nazi en Madrid, Hans von Mortke. El 28 de enero de 1943 el diplomático envió un cable al Ministerio de Exteriores del III Reich en el que indicaba haber notificado al director de la división política del Ministerio de Asuntos Extranjeros de España, José María Doussinague, que “a partir del 1º de abril esos judíos (de nacionalidad española) que se hallen en los territorios ocupados serán objeto de todas las medidas en vigor contra todos los judíos”. En otras palabras: deportados a los campos de concentración. El funcionario es­pa­ñol prometió una respuesta del Gobierno, aunque agregó que en su opinión “no se permitirá a los judíos de nacionalidad espa­ño­la entrar en España”. Apenas dos semanas después, el Reich rei­te­ró su amenaza y avisó al Gobierno español que: “las medidas generales contra los judíos (es decir, su aniquilación) también se aplicarán a los judíos españoles residentes en el General­gou­ver­ne­ment (el territorio ocupado en Polonia), en los países bálticos y en los territorios orientales ocupados a partir del 1º de abril de este año. Ruego informar el Gobierno español de ello”. Al no recibir respuesta oficial, el 22 de febrero de ese año, la Embajada alemana en Madrid insistió por tercera vez, y dos días más tarde el embajador Moltke envió otro telegrama a su Ministerio para informar sobre los resultados de sus gestiones en estos términos: “El director general del Departamento Político del Ministerio de Asuntos Exteriores español, señor Doussinague” le había dicho al recién agregado a la Embajada alemana en Madrid, Andor Hencke, lo siguiente: “El Gobierno español ha decidido no per­mi­tir en ningún caso la vuelta a España a los españoles de raza ju­día que viven en territorios bajo jurisdicción alemana. El Gobierno español cree que lo oportuno es permitir a estos judíos viajar a sus países de origen, especialmente a Turquía y Grecia. Lo insensato de esa aseveración es que el primer país no estaba dis­puesto a recibirlos y en el segundo los judíos fueron depor­ta­dos a Polonia. El Gobierno español estaría dispuesto a conceder en algunos casos un visado de tránsito por España para judíos con visado de entrada para Portugal o Estados Unidos. Si no se da esta circunstancia, el Gobierno español abandonará a los ju­díos de nacionalidad española a su destino”. Hencke respondió al director general que, en opinión de la Embajada, el Gobierno alemán no permitirá la salida hacia otros países de los judíos de nacionalidad española. También le dijo que se ha avisado al Gobierno español únicamente por razones de cortesía, para darle la oportunidad de repatriar a España a esos judíos antes del 31 de marzo.