lunes, 7 de julio de 2008

La Topografía del Terror

"No al olvido y no a la indiferencia", ésta parece ser una de las máximas de los alemanes actuales ante la crueldad y la barbarie del nazismo. Berlín ha construido una ruta en la que muestra mediante fotografías, estructuras de madera y paredes de ladrillo, grabaciones con discursos del propio Hitler, lugares que pertenecieron al gobierno nazi (como la oficina central de la Gestapo), los horrores de una Alemania que todavía se siente culpable.
Seguidamente, os reproduzco parte del artículo de Diego Montenegro y al final del mismo el enlace:
Berlín es cosmopolita. En las calles y plazas se aspira historia y cultura. Al caminar por la avenida NiederkirchnerstraBe, junto a la estación Potsdamer, parece que se dan pasos hacia el pasado.
No solo porque en el trayecto se encuentra con los restos del muro, que dividió en dos a la capital alemana desde 1961 hasta 1990. También porque allí está uno de los sitios más visitados: la
Topografía del Terror.
El nombre ya es el primer anuncio de lo que el turista puede mirar en el lugar. Hay una exposición fotográfica de los pasajes más importantes y atroces que marcaron la historia de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.
En un escenario dominado por una rústica estructura de madera y paredes de ladrillo visto se muestran las imágenes, que han arrancado más de una lágrima a los visitantes. El piso del lugar está cubierto de ripio, no es una casualidad, porque evoca el recuerdo de los campos de concentración.
Hay un pabellón en el cual se exhiben las fotos de las ejecuciones por parte del Ejército a los opositores del Gobierno Nazi: niños llorando mientras los militares disparan en la espalda a sus padres o madres que piden de rodillas a los uniformados para que no torturen a sus hijos.
Además, están los testimonios de las reuniones secretas entre oficiales como Lorenz, Heydrich, Himmler y Wolff.
Aquí, el terror y el miedo no solo entran por los ojos, también lo hacen por los oídos. En unas pequeñas cabinas, construidas con tríplex, luego de presionar un botón se escucha la voz de Hittler dando órdenes a su Ejército para que elimine a los judíos-europeos.
Lo más desgarrador es el lamento de las mujeres ante la pérdida de sus seres queridos y el llanto de los niños, que parece enfrentarse al fin del mundo.
Durante la guerra, en este sitio funcionó la oficina central de la Policía Secreta del Estado (Gestapo), que planificaba la persecución y la ejecución a los opositores. Ahora, se calcula que cada año visitan el lugar unas 400 000 personas de todo el mundo.
El gobierno alemán tiene previsto invertir alrededor de 24 millones de euros para levantar en ese sitio un gran centro de documentación. Una de las personas que participa en el proyecto es el paisajista Heinz Hallmann, quien reconoció que en 5 370 metros cuadrados se construirá un gran complejo histórico.
Este no es el único lugar emblemático de la dictadura nazi, que fue acondicionado como museo. A una hora de Berlín en tren, partiendo de la estación Hauptbahnhof, se encuentra el museo Ravensbrück, instalado en un antiguo campo de concentración.
Un inmenso y corredizo portón de metal se abre lentamente y se observa un amplio patio, cubierto de ripio. Allí se formaban las mujeres que llegaban como prisioneras al lugar. Se calcula que entre 1939 y 1945 fueron 120 000, solo sobrevivieron 40 000.
El lugar es tétrico. En el interior hay un rincón donde aún permanecen los hornos, que servían para cremar a las muertas. También hay restos de la cámara de gas y del corredor de las desposeídas, por donde pasaban las mujeres antes de morir.
Las celdas fueron restauradas y en el interior de algunas se exhiben las artesanías que hacían las presas durante las noches. También las cartas que escribían antes de morir y las fotos de sus seres queridos, que guardaban con mucho sigilo.
Hay una oficina donde se muestran los libros que registraban los ingresos y las salidas de las detenidas. Además, las actas de liberación. Pero lo que más llama la atención es el mural donde están pegadas las fotos de las personas que permanecieron en ese campo de concentración. Las caras de sufrimiento son evidentes.
La visita concluye con una conferencia dictada por Dienst der Mahn, en la cual explica los trabajos forzosos a los cuales eran sometidas las mujeres y la manera como los militares les obligaban a prostituirse.
Otro sitio que recuerda a la guerra es el parque levantado en honor a las víctimas del holocausto. Está ubicado en el centro de Berlín y tiene una característica especial: en toda el área hay pilares de cemento, de diferentes tamaños y del mismo color. Los pilares forman una especie de laberinto.
Para la catedrática Helga Dresel, la arquitectura del lugar tiene muchas connotaciones. Una de ellas puede ser el hecho de que cuando la persona se pierde entre los muros tiene que encontrar el camino que le lleve hacia el otro extremo del parque. “Se puede decir que cuando eso ocurre salió de la confusión. Pero es solo una interpretación”.
El recorrido puede terminar en la Isla de los Museos o en una visita a la puerta de Brandemburgo, uno de los íconos de la ciudad, identificado por su singular arquitectura y por su ubicación.
http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=203969&id_seccion=14&id_seccion_padre=241

1 comentario:

isol dijo...

La verdad es que cuando se olvida o se es indiferentes las peores cosas pueden volver a suceder ,la memoria colectiva debe ser refrescada de tanto en tanto como una manera de decir nunca más.Unbeso amiga que bueno está tu blog.