jueves, 3 de julio de 2008

"Nunca podrán entender que también yo tenía corazón..."

Durante los meses en que estuvo detenido en la cárcel de Cracovia en espera de ser procesado, Rudolf Franz Höss —ex jefe del campo de exterminación de Auschwitz— escribió un manuscrito de memorias en las que decía, entre otras cosas:
"... Mi existencia ha sido muy agitada. El destino me elevó a las más altas cimas y me empujó al fondo de los abismos. Las circunstancias de la vida me pusieron a prueba muchas veces, pero siempre supe superarlas y nunca perdí mi estado de ánimo. Desde el momento en que volví de una guerra (1914-1918) en la que me alisté siendo un muchacho, hubo dos estrellas que me indicaron mi camino: mi patria y mi familia. Mi apasionado amor por mi patria y mi conciencia nacional me llevaron a alistarme en el partido nacionalsocialista y en las SS. Considero que la doctrina filosófica del nacionalsocialismo es la única adecuada a la naturaleza alemana. A mi juicio, las SS eran los defensores activos de aquella filosofía, capaz de conducir a todo el pueblo alemán a una existencia conforme a su naturaleza. La familia ha sido para mí algo absolutamente sagrado, a la que estoy unido por lazos indisolubles. Siempre me preocupó su futuro. Nuestro verdadero hogar debía ser una granja en el campo. Para mi mujer y para mí, los hijos representaban el sentido de nuestra existencia. Quisimos darles una buena educación y dejarles como herencia una patria poderosa. También hoy todos mis pensamientos van dirigidos hacia mi familia. ¿Qué harán? La incertidumbre que me asalta me hace más penosa mi prisión. Sacrifiqué mi vida una vez por todas. Es algo que ya pasó y de lo que no volveré a ocuparme. ¿Pero qué harán mi mujer y mis hijos? Mi destino ha sido caprichoso. Mi vida ha estado pendiente de un hilo con mucha frecuencia: durante la primera guerra mundial, en los combates cuerpo a cuerpo, en los accidentes del trabajo. Mi automóvil chocó con un autocar y logré escapar a la muerte. Caí desde un caballo sobre una roca y por poco fui aplastado por la montura. Sólo resulté con algunas costillas fracturadas. Durante los bombardeos aéreos creí más de una vez que había llegado mi último momento, pero no me ocurrió nada. Poco antes de la evacuación de Ravensbrück fui víctima de un accidente automovilístico y todos me creían muerto. Sin embargo, una vez más, logré salvarme. La ampolla de veneno que llevaba siempre conmigo se rompió poco antes de ser detenido. El destino me salvó siempre de la muerte, para sufrir ahora un fin degradante. ¡Cuánto envidio a los camaradas que cayeron luchando en el campo del honor! Yo era un engranaje inconsciente de la inmensa máquina de exterminio del Reich. La máquina se rompió, el motor desapareció y debo desaparecer yo también. El mundo lo exige... Pueden continuar considerándome un animal salvaje, un cruel sádico, el asesino de millones de seres humanos. Las masas nunca podrán pensar de otro modo sobre el ex comandante del campo de Auschwitz. Nunca podrán entender que también yo tenía corazón... Cracovia, febrero de 1947 Rudolf Höss".
Fuente: Crónica Militar y Política de la Segunda Guerra Mundial, editada por SARPE, tomo 7, página 272 http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?p=75227

2 comentarios:

Diana Puig dijo...

Buenos días Ana, sobre tu post primero lo nombraré, un sinvergüenza...parece que encima sea victima, es como si tuviera que justificar que sus principios y su forma de pensar lo eran todo y por eso mató a tanta gente, lo lees y te das cuenta de que se equivoca tremendamente, que la vida de la gente tiene que pagar lo que él considera su libertad del pensamiento. Independientemente de tus principios y tu filosofía de vida (por decirlo de alguna forma), no deben ni lo tienen porque asumir los demás, realmente me parece que esta persona se creía un Dios, alguien especial y ese veneno del que habla era el mismo.

Alguna vez he dicho por temas que han salido sobre conductas humanas de las personas entre amigos, que a veces nuestro peor enemigo somos nosotros mismos y que puede arrastrar a que los demás lo sufran, es lo que pasó con este energúmeno.
Ana haces reflexionar y que nos metamos un poquito en la mente de psicópatas asesinos, aunque sienta escalofríos a veces, nos permites que nos concienciemos de lo que es capaz el ser humano pero a la vez nos das la capacidad de asumirlo, a eso se le llama también madurar. Un abrazo amiga mía y gracias por desearme suerte con mi nuevo "blog ibicenco".

Ana dijo...

Completamente de acuerdo, Didi. El veneno es él mismo. Él y tantos como él, ellos son la "raza aria", los auténticos infrahombres. Un fuerte abrazo.