lunes, 21 de julio de 2008

Un matrimonio de asesinos en el Auschwitz de los Balcanes

"Tengo la conciencia tranquila". Eso fue lo primero que dijo Dinko Sakic cuando se enfrentó al tribunal en Zagreb, la capital de Croacia.
Sakic llegó a la Argentina en silencio, en 1947, y medio siglo más tarde fue deportado en 1998 para ser juzgado en Croacia. En octubre de 1999 fue condenado a 20 años de cárcel por crímenes contra la Humanidad. Cuando lo detuvieron contaba con 76 años y admitió haber estado al frente -entre diciembre de 1942 y octubre de 1944- del campo de concentración de Jasenovac (en el centro de Croacia, instalado durante la Segunda Guerra Mundial por el régimen pronazi croata), donde murieron alrededor de 600.000 judíos, serbios y gitanos. En el juicio Sakic fue declarado culpable de malos tratos, torturas y asesinatos de detenidos encarcelados en dicho campo de concentración.Había sido acusado de ser responsable de la muerte de por lo menos 2.000 prisioneros entre mayo y noviembre de 1944.
Jasenovac fue uno de los campos de exterminio más terribles de todos los que hubo en Europa durante la Segunda Guerra. Tanto que se ganó el mote de el Auschwitz de los Balcanes. Su esposa Nada Luburic -entonces 72 años- fue acusada de colaborar con él en el campo de exterminio quien también fue deportada a Croacia. Aun cuando está comprobado que fue la encargada del sector femenino de Jasenovac y existe la sospecha de haber torturado y asesinado a varias mujeres prisioneras, Nada Luburic enseguida quedó en libertad.
Hoy lunes, 21 de julio de 2008, Sakic falleció "después de una prolongada y grave enfermedad, en un hospital de Zagreb", indicó un comunicado de la prisión donde cumplía su pena. Tenía 86 años. El comunicado no aclara la naturaleza de su enfermedad.

2 comentarios:

Diana Puig dijo...

Hola Ana, he de reconocer que lo me da ninguna lastima como es de suponer. Lo que me llama la atención es la frivolidad con que la Ley adopta la persecución de los nazis.

Ana dijo...

Es cuestión de política, Didi. De interés político y económico.
Finalmente, destapar la realidad del nazismo (como de cualquier otro sistema totalitario) comprometería incluso hasta los más demócratas. Besos.