domingo, 31 de agosto de 2008

“No constituye peligro alguno para la sociedad”


Esta fue la sentencia que el tribunal de Vilna falló a favor de Algimantas Dailide, un nazi lituano de 85 años que arrestó a 2 polacos y a 12 judíos por intentar escapar del ghetto de Vilna. Dailide pertenecía al cuerpo policial de su país y en ese momento, durante la Segunda Guerra Mundial, la policía de Lituania servía fiel al régimen nazi. El tribunal alegó: motivos de edad.
He aquí algunas de las declaraciones del juez Alvyra Kvaraciejute, quien presidió el caso: "El defendido era consciente de que cometía crímenes contra judíos, pero no participó directamente en sus asesinatos o tortura. Durante los últimos 60 años no cometió crimen alguno. Dailide no presenta peligro alguno para la sociedad y está muy enfermo como para cumplir una pena de cárcel".
Al oír estos argumentos para liberal a un criminal, en el caso que nos afecta, de guerra, colaborador consciente de un régimen asesino, me vienen a la mente otras preguntas: ¿puede prescribir un crimen contra la dignidad y la vida de un ser humano?; se alegan motivos de edad y de enfermedad: ¿los niños, ancianos y “enfermos” (enfermos reales y ficticios) que fueron gaseados constituían un peligro real –no teórico- para la sociedad?
Ciertamente, los tribunales están para impartir justicia, no venganza. Sin embargo, dejando impune al criminal, ¿qué clase de justicia se imparte?, ¿una justicia correctamente política o una justicia alterativa (a favor de la víctima)?
Efraim Zuroff, director de la oficina israelí del Centro Wiesenthal declaró que el caso es "un ejemplo clásico de cómo una falta de voluntad política para lidiar con los crímenes del pasado, junto con las circunstancias derivadas de edad avanzada, liberan a los criminales nazis de cumplir sus condenas."
http://new.aurora-israel.co.il/articulos/israel/MundoJudio/15510/

Nuevos detalles de la detención y secuestro de Eichmann

La organización Shin Bet (Servicio de Seguridad Interior israelí) junto con el Mossad (Servicio de Inteligencia Israelí), ambos, dieron a conocer nuevos detalles de la detención y el secuestro del criminal nazi Adolf Eichmann en Buenos Aires, Argentina, en 1961.
Los datos facilitados muestran que la operación se llevó a cabo en cinco etapas. El objetivo de la primera etapa fue juntar información para identificar su identidad y su dirección, es decir, información que sugeriese que Ricardo Klement era Adolf Eichmann. La segunda se dirigió a la búsqueda de información sobre la operación: llegada de la célula de acción a Argentina y programación en el terreno para la traída hacia Israel. En la tercera, se programó cómo llevar a cabo el secuestro. La cuarta se centró en la retención de Eichmann en lugar seguro hasta su transferirencia al avión de "El Al" rumbo a Israel. Y por último, el juicio. Juicio que al final dictaminaría la pena de muerte.
Según esta información, el Mossad llegó a Argentina en 1959 a fin de recopilar información fidedigna que les llevase a la certeza de que Klement era Eichmann. Fritz Bauer, un doctor judío y fiscal del estado de Hessen en Alemania, fue el artífice para que Isser Harel (uno de los fundadores de los Servicios Secretos israelíes y organizador de la operación) y sus hombres lograran con éxito secuestrar y llevar a juicio en Israel a Adolf Eichmann. Harel relató los pormenores de ese famoso operativo en su libro "La casa de la calle Garibaldi".
Clicar en el link para ver nuevas fotografías sobre el caso Eichmann:

jueves, 28 de agosto de 2008

Auschwitz, voces que gritan

Después de la liberación de los campos de concentración nazis, la mayoría de los ex-prisioneros (por no decir todos, en mayor o en menor grado) siguen padeciendo el terror que allí se les infligió sin contemplaciones. Revivir el infierno por vida es una de las herencias que han dejado las "fábricas nazis de la muerte" a sus víctimas. He aquí algunos testimonios de un tormento permanente:
Casi todas las noches, la pesadilla de Martin Hornung evoluciona hacia la misma carga agobiante: Auschwitz, voces que gritan; escenas que preferiría no volver a vivir a la luz del día.
"Casi temo ir a dormir", comentó el ingeniero en computación jubilado de 86 años.
Los horrores que acuden nuevamente a Hornung en la oscuridad son comunes entre los sobrevivientes al Holocausto, y son la razón por la que se niega a ingresar a una casa de reposo a pesar de su gran número de problemas de salud.
Organizaciones judías en todo el mundo está trabajando para mantener a los sobrevivientes fuera de tales instituciones, donde el ambiente y las rutinas _extraños uniformados, cuartos de duchas desolados, los procedimientos médicos_ pueden agravar los recuerdos del pasado en campos de concentración.
"Los atemoriza y los regresa al Holocausto", dijo el doctor Jaclynn Faffer, director ejecutivo de Ruth Rales Jewish Family Service, uno de los grupos que ayuda a mantener a los sobrevivientes fuera de casa de descanso para ancianos.
Hornung ni siquiera consideraría mudarse a uno de esos lugares. "Me suicidaría", subrayó.
Aproximadamente 93.000 sobrevivientes del Holocausto viven en Estados Undios, y el sur de Florida alberga una de las mayores poblaciones de ellos. Los más jóvenes tienen alrededor de 65 años, pero muchos son bastante más grandes de edad.
No hay un desglose definitivo sobre cuántos están viviendo de manera independiente y de cuántos reciben asistencia, pero muchos están viviendo abajo de la línea de pobreza y requieren ayuda.
"La capacidad de resistencia que han mostrado desde la guerra es sorprendente", dijo Paula David, una trabajadora social que ha trabajado en Toronto con más de 2.000 sobrevivientes del Holocausto en los últimos 20 años y que ha estudiado los problemas específicos de esa población conforme envejece. "La parte dura es que sin importar lo que hacemos, no podemos hacerlo muy bien".
Los recuerdos del pasado pueden llegar a un sobreviviente en cualquier momento. Una alarma de incendios; un acento extranjero. Estar formado en una fila.
En una ocasión, David vio a un sobreviviente que comenzó a gritar en la festividad del Año Nuevo Judío mientras actuaban los músicos: Resulta que se interpretaba música mientras se asesinaba a la gente en campos de concentración.
Una de las personas atendidas por David dormía con botas de excursionismo bajo su almohada para asegurarse que podría huir. Otro acumulaba pan en su armario para no morir de hambre.
Para Alex Moscovic, quien sobrevivió al campo de concentración de Birkenau y a los terribles experimentos médicos del doctor Josef Mengele, lo atacó un recuerdo del pasado en la silla del dermatólogo.
Moscovic requería que le extirparan un crecimiento canceroso del tamaño de una moneda de 10 centavos de dólar. El doctor cauterizó el área y el paciente comenzó a temblar incontrolablemente.
"El olor (de piel quemada) me trajo los recuerdos", señaló Moscovic, de 77 años. "La única forma de dejar realmente Birkenau era a través de las chimeneas (tras ser cremado)".
Expertos han visto reacciones similares en otras poblaciones, incluidos veteranos de guerra y sobrevivientes de genocidio en Ruanda y otros lugares.
Se anticipa que los recuerdos del pasado sólo pueden empeorar conforme estos grupos envejecen, por lo que quienes les proporcionan asistencia médica están tratando de impartir lecciones aprendidas de los sobrevivientes del Holocausto.
Para estos sobrevivientes judíos, permitírseles permanecer e sus casas les ofrece cierta comodidad y rutina mientras cambia mucho de lo que está a s alrededor.
El grupo Ruth Rales proporciona a Hornung la ayuda de una enfermera tres veces a la semana, y el también recibe comida que le envían.
Hornung cuidó durante 10 años a su esposa, también sobreviviente del Holocausto, mientras ella caía en la neblina del Mal de Alzheimer, el cual junto con otras formas de demencia complica aún más el proceso de envejecimiento de los sobrevivientes.
Ella llegó a estar tan confundida que pensaba que su esposo era un guarda nazi. En una ocasión lo apuñaló en el pecho.
Luego de la muerte de su esposa en el 2001, Hornung fue diagnosticado con cáncer de colon. El aún está lúcido, pero tiene problemas respiratorios.
Ann Speier, de 85 años, hace mucho que se retiro de su trabajo de corte y confección, y al igual que Hornung vive en Century Village, en Boca Ratón.
Es un lugar popular para los sobrevivientes en sus últimos años de vida. Ella también es atormentada por recuerdos del pasado. "Trato de no pensar, pero tengo que hacerlo", comentó". No desaparecen", agregó.
Tres días a la semana llega su asistente para llevarla al doctor, para ayudarla a ir a la alberca y en quehaceres de la casa. Sin la ayuda, comentó Speier, no podría existir.
La vista de Speier casi ha desaparecido. Todos y todo le resulta borroso. Pero ella reconoce a Lila Vaughn, su asistente social de Ruth Rales, cuando llega. Ella luce radiante y acaricia la cara de Vaughn. Y luego del transcurso de algún tiempo, la asistente tiene una pregunta para Speier: "¿Quiere que me vaya o quiere que me quede?".
"Me gustaría que te quedaras todo el día conmigo", responde Speier. "Es tan duro; tan solitario", agrega.


“Rotspanier 3.872”, el único superviviente andaluz de Mauthasen desde 2003

El montalbeño Alfonso Cañete, prisionero de Mauthausen que respondía en el campo al calificativo de “rojo español 3.872” (en alemán, “Rotspanier 3.872”), vio como a sus 88 años el 23 de agosto fue homenajeado por sus paisanos: un monolito grabado con su nombre mostrará en el parque de las Terremonteras el siguiente mensaje: que "el repudio al horror nos dé la facultad de ser siempre libres".
Cañete, el único superviviente andaluz de los presos republicanos desde 2003, nos trae a la memoria que sólo sobrevivieron 2.200 españoles de los 9.000 que entraron en el campo austríaco de la muerte. Sus vidas fueron un auténtico infierno desde el primer día: "Fuimos torturados, obligados a trabajos forzados en la cantera del campo. Gaseaban a los que ya no eran útiles para el trabajo, muchos morían en la célebre escalera de los 186 peldaños. Otros, ya desesperados, se colgaban de las alambradas electrificadas o saltaban al vacío y morían despeñados”. Alfonso prosigue: “La situación era tal, que nuestra propia mente se habituó a ver cadáveres a nuestro alrededor. Teníamos un trato propio de los animales y no había quejas ni explicaciones que valieran”.
Si Mauthausen es uno de los símbolos de “muerte absoluta” que recuerdan al mundo entero el intento por hacer desaparecer al ser humano de la faz de la tierra, Alfonso Cañete es, sin embargo, un ser humano que representa “vivamente” el fracaso de ese intento.