jueves, 28 de agosto de 2008

Auschwitz, voces que gritan

Después de la liberación de los campos de concentración nazis, la mayoría de los ex-prisioneros (por no decir todos, en mayor o en menor grado) siguen padeciendo el terror que allí se les infligió sin contemplaciones. Revivir el infierno por vida es una de las herencias que han dejado las "fábricas nazis de la muerte" a sus víctimas. He aquí algunos testimonios de un tormento permanente:
Casi todas las noches, la pesadilla de Martin Hornung evoluciona hacia la misma carga agobiante: Auschwitz, voces que gritan; escenas que preferiría no volver a vivir a la luz del día.
"Casi temo ir a dormir", comentó el ingeniero en computación jubilado de 86 años.
Los horrores que acuden nuevamente a Hornung en la oscuridad son comunes entre los sobrevivientes al Holocausto, y son la razón por la que se niega a ingresar a una casa de reposo a pesar de su gran número de problemas de salud.
Organizaciones judías en todo el mundo está trabajando para mantener a los sobrevivientes fuera de tales instituciones, donde el ambiente y las rutinas _extraños uniformados, cuartos de duchas desolados, los procedimientos médicos_ pueden agravar los recuerdos del pasado en campos de concentración.
"Los atemoriza y los regresa al Holocausto", dijo el doctor Jaclynn Faffer, director ejecutivo de Ruth Rales Jewish Family Service, uno de los grupos que ayuda a mantener a los sobrevivientes fuera de casa de descanso para ancianos.
Hornung ni siquiera consideraría mudarse a uno de esos lugares. "Me suicidaría", subrayó.
Aproximadamente 93.000 sobrevivientes del Holocausto viven en Estados Undios, y el sur de Florida alberga una de las mayores poblaciones de ellos. Los más jóvenes tienen alrededor de 65 años, pero muchos son bastante más grandes de edad.
No hay un desglose definitivo sobre cuántos están viviendo de manera independiente y de cuántos reciben asistencia, pero muchos están viviendo abajo de la línea de pobreza y requieren ayuda.
"La capacidad de resistencia que han mostrado desde la guerra es sorprendente", dijo Paula David, una trabajadora social que ha trabajado en Toronto con más de 2.000 sobrevivientes del Holocausto en los últimos 20 años y que ha estudiado los problemas específicos de esa población conforme envejece. "La parte dura es que sin importar lo que hacemos, no podemos hacerlo muy bien".
Los recuerdos del pasado pueden llegar a un sobreviviente en cualquier momento. Una alarma de incendios; un acento extranjero. Estar formado en una fila.
En una ocasión, David vio a un sobreviviente que comenzó a gritar en la festividad del Año Nuevo Judío mientras actuaban los músicos: Resulta que se interpretaba música mientras se asesinaba a la gente en campos de concentración.
Una de las personas atendidas por David dormía con botas de excursionismo bajo su almohada para asegurarse que podría huir. Otro acumulaba pan en su armario para no morir de hambre.
Para Alex Moscovic, quien sobrevivió al campo de concentración de Birkenau y a los terribles experimentos médicos del doctor Josef Mengele, lo atacó un recuerdo del pasado en la silla del dermatólogo.
Moscovic requería que le extirparan un crecimiento canceroso del tamaño de una moneda de 10 centavos de dólar. El doctor cauterizó el área y el paciente comenzó a temblar incontrolablemente.
"El olor (de piel quemada) me trajo los recuerdos", señaló Moscovic, de 77 años. "La única forma de dejar realmente Birkenau era a través de las chimeneas (tras ser cremado)".
Expertos han visto reacciones similares en otras poblaciones, incluidos veteranos de guerra y sobrevivientes de genocidio en Ruanda y otros lugares.
Se anticipa que los recuerdos del pasado sólo pueden empeorar conforme estos grupos envejecen, por lo que quienes les proporcionan asistencia médica están tratando de impartir lecciones aprendidas de los sobrevivientes del Holocausto.
Para estos sobrevivientes judíos, permitírseles permanecer e sus casas les ofrece cierta comodidad y rutina mientras cambia mucho de lo que está a s alrededor.
El grupo Ruth Rales proporciona a Hornung la ayuda de una enfermera tres veces a la semana, y el también recibe comida que le envían.
Hornung cuidó durante 10 años a su esposa, también sobreviviente del Holocausto, mientras ella caía en la neblina del Mal de Alzheimer, el cual junto con otras formas de demencia complica aún más el proceso de envejecimiento de los sobrevivientes.
Ella llegó a estar tan confundida que pensaba que su esposo era un guarda nazi. En una ocasión lo apuñaló en el pecho.
Luego de la muerte de su esposa en el 2001, Hornung fue diagnosticado con cáncer de colon. El aún está lúcido, pero tiene problemas respiratorios.
Ann Speier, de 85 años, hace mucho que se retiro de su trabajo de corte y confección, y al igual que Hornung vive en Century Village, en Boca Ratón.
Es un lugar popular para los sobrevivientes en sus últimos años de vida. Ella también es atormentada por recuerdos del pasado. "Trato de no pensar, pero tengo que hacerlo", comentó". No desaparecen", agregó.
Tres días a la semana llega su asistente para llevarla al doctor, para ayudarla a ir a la alberca y en quehaceres de la casa. Sin la ayuda, comentó Speier, no podría existir.
La vista de Speier casi ha desaparecido. Todos y todo le resulta borroso. Pero ella reconoce a Lila Vaughn, su asistente social de Ruth Rales, cuando llega. Ella luce radiante y acaricia la cara de Vaughn. Y luego del transcurso de algún tiempo, la asistente tiene una pregunta para Speier: "¿Quiere que me vaya o quiere que me quede?".
"Me gustaría que te quedaras todo el día conmigo", responde Speier. "Es tan duro; tan solitario", agrega.


6 comentarios:

Diana Puig dijo...

Hola Ana, ya se te echaba de menos. Es Horrible lo que les queda dentro de su mente y su cuerpo. Tanto dolor, tanto maltrato físico, psicológico daña de por vida a la conciencia y se han convertido en prisionera del padecer de aquel momento.
Pobre gente, su vida es un lamentable día a día, ¿cómo han de curarse...?, el descanso eterno es el único alivio que les queda, es muy duro.
Un abrazo, didi.

josep estruel dijo...

Hola Ana.Yo también te echaba de menos.
Varias veces lo he dicho pero la verdad es que nunca me dan permiso para hacerlo.
Son unos amigos nuestros de Donosti,y el padre de ella estubo en un campo.Afortunadamente se salvo,y con los años escribió un libro en Chile.El libro existe pero la familia esta dividida:unos a favor de publicarlo aunque sea gratis y otros por guardar la intimidad.
Este hombre,que ahora vive como Ciudadano del Mundo,cuando habla,sea del tema que sea,coordina bastante bien su conversación,
solo que de vez en cuando,o a veces dos veces seguidas o más,dice su número y luego sigue su conversación como si no hubiese dicho nada.
Un abrazo.

Ana dijo...

Hola Diana y Josep. La verdad es que siempre es un lujo contar con vosotros.
Como ya dije en un comentario que publiqué en mi exposición del 26 de julio, he estado en Israel y he visitado el Museo del Holocausto: ha sido toda una experiencia. Ya os explicaré. También prometo pasarme muy pronto por vuestros fantásticos blogs (poco a poco me estoy ubicando...).
Hitler dijo que construiría un ejército de hombres que llegaría a aterrar a toda la humanidad. Cumplió su palabra, incluso hoy el "ayer" nos sigue aterrando. Y con el "ayer" no me refiero únicamente a los hechos, sino a tales hombres.
Un fuerte abrazo para los dos y hasta muy pronto.

.:*:.Hada Isol .:*:.¸.¸.•*´¨***¨ dijo...

Y si querida Ana el dolor,la vioelncia,la degradación,el horror han de ser huellas muy dificiles de olvidar,pobres seres sumergidos por siempre en esa amargura,a mi me duele de solo pensarlo y lo único que me nace pensar es que desearía que nunca jamás un solo ser humano deba pasar por algo tan espantoso,pero eso es solo un sueño,lamentablemente a diario algunos humanos tienen la desdicha de verse privados de toda dignidad.
Hay que recordar y tener en cuenta esto,para no permitirlo otra vez.
Un abrazo querida Ana que conmovedor post es este,gracias por acercarme estas historias de vida.

esteban lob dijo...

Hola Ana:

De no ser una patética realidad, todas esas historias que revelas con admirable constancia, parecerían simplemente escenas de películas de terror con argumentos exagerados. Pero los terribles hechos superan la más imaginativa ficción.

Abrazo.

Ana dijo...

Isol, Esteben, la verdad es que la realidad supera a ficción. Y lo que cuesta creer del nazismo es que fuese humanamente posible: pero así fue. Y, justamente, por eso, debemos denunciarlo y hacernos eco de esas historias humanas con nombres y apellidos.
Por cierto, Esteban, me he dado cuenta que no tenía tu blog entre mis favoritos: te apunto ahora mismo.
Un fuertísimo abrazo para los dos.