domingo, 26 de octubre de 2008

CONFERENCIAS SOBRE ETTY HILLESUM

CONFERENCIAS SOBRE ETTY HILLESUM A CARGO DE LA
DRA. ANA RUBIO SERRANO

"ETTY HILLESUM: UNA ESPIRITUALITAT AGOSARADA.
ÉS POSSIBLE VIURE UNA ESPIRITUALITAT DINS L'HOLOCAUST?"

("Etty Hillesum: una espiritualidad audaz.
¿Es posible la espiritualidad en el Holocausto?")

29 de octubre en:
Universitat de Barcelona - FACULTAT DE FILOSOFIA
C/Montalegre, 6 - 8
Aula 402 – Miércoles de 16 a 18,30 h.

31 de octubre en:
ESCOLA DE LA DONA
c/Sant Pere més Baix, 7 - Barcelona
Viernes de 17,30 a 20 h.

domingo, 12 de octubre de 2008

Una cálida luz desde el horror

La semana pasada tuve la inmensa fortuna de ver el vídeo donde E.P., una mujer judía de 72 años de edad en esos momentos, va desgranando sus vivencias y experiencias sobre la persecución, el exterminio y el holocausto de muchos judíos en Polonia a manos del nazismo. Cada modulación de la voz, cada gesto de su cara, su mirada, su mano acariciando su frente o arreglándose el cabello, forman una melodía que envuelve a la tragedia que va narrando.
Una de las primeras amarguras sufridas en su niñez y su pubertad fueron los insultos y las amenazas provenientes de sus compañeros y amigos de Lodz (Polonia), con los que había compartido pupitres y juegos. E.P. no puede comprender el odio, pues había sido educada exquisitamente en valores cívicos y en profundos sentimientos religiosos, pero le esperan muchos años de inmenso dolor y crueldad, donde el odio fanático anegó la vida en muchos lugares de Europa.
ES TREMENDO pensar que una adolescente haya debido presenciar cómo la muerte y la penuria extrema hacen estragos en los guetos de Lodz y, posteriormente, de Varsovia. Lo que E.P. cuenta en ese vídeo supera con creces lo ya conocido en los libros y películas comúnmente conocidos, incluso lo imaginable. Ella aprende también allí que la muerte puede llegar a ser heroica en ciertos casos, como la de aquel hombre en el gueto de Varsovia, que prefirió morir a ser el encargado de facilitar diariamente la lista de quienes iban a ser ejecutados al día siguiente.
E.P. va quedando aislada de sus padres y del resto de su familia, salvo de su hermana pequeña, a la que cuida en extremo en medio del horror, hasta que la ve morir en el campo de exterminio de Auschwitz. Sucesivamente, le toca pasar por numerosos campos de trabajo, en condiciones imposibles hoy de imaginar.
Debe viajar días y días en vagones de carga, sin comida y sin agua, siempre de pie, prensados entre sí, cubiertos de suciedad, desconociendo si quienes había a su alrededor estaban aún vivos o ya muertos. E.P. tenía entonces de 17 a 19 años de edad, esa edad en la que estallan los colores de la vida y del amor, pero a ella le tocó solo vivir diariamente al borde de sucumbir a la pesadilla de un sufrimiento sin medida.
Durante años estuvo aquejada de tuberculosis, consumida hasta la extenuación, oyendo el susurro del final. E.P. vio cómo les caían dedos u orejas a otras compañeras en uno de sus últimos campos de trabajo, debido al frío extremo del invierno en aquellos parajes y sin el menor abrigo.
Cuenta también que una noche, una madre huyó al lugar del campo de exterminio donde aguardaban su hijita y otros más a ser exterminados a las pocas horas, pues cada día los SS elegían al azar a sus víctimas: aquella madre quería pasar las últimas horas de su vida con su hija, aun en la certeza de su muerte inminente. Los viajes de un campo a otro los hacían a pie, en caminatas interminables, entre insultos y palizas, viendo cómo quedaban muertos en la cuneta muchos de sus compañeros y compañeras.
Sin embargo, a pesar de sus terribles recuerdos, a pesar de haber presenciado la salvaje crueldad a la que puede llegar el ser humano, hoy E.P. parece albergar solo sentimientos de amor a los suyos, de gratitud hacia quienes la ayudaron, de paz y tolerancia.
DE HECHO, en esos valores asegura haber educado a sus hijos. Asombra que la vida y la serenidad de E.P. hayan prevalecido tanto y tan bien sobre la sombra alargada de tanta muerte y tanto odio, desde la dignidad que nadie pudo arrebatarle. Al final del vídeo, E.P. muestra algunas fotografías de sus seres queridos. En esas imágenes, en sus propias palabras, se percibe la cálida fuerza de la vida, que brota y hunde sus raíces resueltamente en cualquier terreno.
E.P. quiere también transmitir que esa vida ha de continuar. Precisamente por ello, sus últimas palabras en el vídeo van dirigidas a las generaciones actuales, especialmente la juventud. Su voz se hace especialmente sentida cuando invita a pensar que "todo eso puede repetirse, que puede pasar en cualquier momento, no solo con judíos, sino con cualquier otro". Finalmente, entorna sus ojos, y nos hace un último, espléndido regalo: "Que la gente se acuerde un poquito del respeto, de la bondad que hay en cada uno de nosotros: de no pensar solo en sí misma, de mantener siempre algo de lo mejor de nosotros mismos".
El 17 de septiembre de 2008, E.P. cumplió 83 años, rodeada del cariño, la gratitud y la admiración de los suyos.
Noticia tomada de: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=446679
Comentario:
Es increíble cómo algunos supervivientes del Holocausto pueden todavía apostar por la humanidad. ¿Podríamos nosotros hacerlo?

miércoles, 1 de octubre de 2008

El poder totalitario, experto en "mentiras creibles"

Si en algo fue experto Hitler era en convencer a los dirigentes de otros países de sus más que "razonables intenciones". Cuando estos le dejaban el paso libre, Hitler actuaba a su antojo e interés. Para entonces, se convirtió en "imparable".
Hoy recordaremos un poco de historia en lo que se refiere a la conquista de territorios, ya que estos eran de suma importancia para poder poblarlos con su "gente", los arios, en resumidas cuentas, los hombres y mujeres SS.
En 1919, los Sudetes son incorporados a la nueva Checoslovaquia, con los 3,5 millones de alemanes que manifiestan públicamente que su deseo es agregarse a Alemania. En 1938, Hitler considera que, con una Alemania ya sin paro y cierto bienestar, es el momento de poner en práctica la doctrina nazi del “espacio vital”. A quienes se alarman porque no consideran a Alemania preparada para una guerra, Hitler, como otras veces, los destituye.
Y el 15 de septiembre, cuando parece claro que Alemania va a atacar los Sudetes, el premier británico Chamberlain acude a Berchtesgaden para —dice— “buscar una solución pacífica” con Hitler. Éste dice aceptar el principio de autodeterminación: sólo anexionaría regiones con más del 50% de alemanes. Daladier, en Francia, no quiere una guerra en ningún caso, y junto a Chamberlain presiona al presidente checo para que ceda “en bien de la paz”. Cuando Chamberlain regresa a Alemania el día 22, los alemanes de los Sudetes han incrementado su presión contra Praga, y Hitler rechaza el plan de evacuación escalonada del premier. Ahora exige que los checos permitan un referéndum en todo el territorio y atender, además, reclamaciones polacas y húngaras; da un plazo hasta el 28 para aceptarlo y hasta el 1 de octubre para cumplirlo. París y Londres están atrapados: o ceden o van a la guerra. Hitler tensa la situación con discursos incendiarios.

Cuando parece irremediable —Londres moviliza su flota y París refuerza sus fronteras— aparece en escena Mussolini, muy feliz de constituirse en el salvador. Convoca en Múnich a Hitler, Chamberlain y Daladier. Parece increíble, pero nadie invita a los checos... El mensaje es claro: tendrán que aceptar lo que se acordará. Y el acuerdo —un plan de Mussolini bien consensuado con Goering— se firma el día 30: los Sudetes se incorporarían a Alemania sin un plebiscito supervisado internacionalmente. Chamberlain desciende de un avión en Inglaterra enarbolando un papel en el que dice que trae la paz a Europa. Daladier, sin embargo, no está convencido cuando ni siquiera se ha garantizado la independencia de Checoslovaquia. Mussolini está feliz en su papel de árbitro en Europa, y Hitler es el auténtico vencedor. Seis meses después, no serían sólo los Sudetes: Checoslovaquia entera desaparece ocupada por la Alemania nazi. Y la debilidad franco-británica ha servido para alimentar al monstruo nazi al que, además, se le concede un año para prepararse para la guerra.

Artículo tomado de: