miércoles, 1 de octubre de 2008

El poder totalitario, experto en "mentiras creibles"

Si en algo fue experto Hitler era en convencer a los dirigentes de otros países de sus más que "razonables intenciones". Cuando estos le dejaban el paso libre, Hitler actuaba a su antojo e interés. Para entonces, se convirtió en "imparable".
Hoy recordaremos un poco de historia en lo que se refiere a la conquista de territorios, ya que estos eran de suma importancia para poder poblarlos con su "gente", los arios, en resumidas cuentas, los hombres y mujeres SS.
En 1919, los Sudetes son incorporados a la nueva Checoslovaquia, con los 3,5 millones de alemanes que manifiestan públicamente que su deseo es agregarse a Alemania. En 1938, Hitler considera que, con una Alemania ya sin paro y cierto bienestar, es el momento de poner en práctica la doctrina nazi del “espacio vital”. A quienes se alarman porque no consideran a Alemania preparada para una guerra, Hitler, como otras veces, los destituye.
Y el 15 de septiembre, cuando parece claro que Alemania va a atacar los Sudetes, el premier británico Chamberlain acude a Berchtesgaden para —dice— “buscar una solución pacífica” con Hitler. Éste dice aceptar el principio de autodeterminación: sólo anexionaría regiones con más del 50% de alemanes. Daladier, en Francia, no quiere una guerra en ningún caso, y junto a Chamberlain presiona al presidente checo para que ceda “en bien de la paz”. Cuando Chamberlain regresa a Alemania el día 22, los alemanes de los Sudetes han incrementado su presión contra Praga, y Hitler rechaza el plan de evacuación escalonada del premier. Ahora exige que los checos permitan un referéndum en todo el territorio y atender, además, reclamaciones polacas y húngaras; da un plazo hasta el 28 para aceptarlo y hasta el 1 de octubre para cumplirlo. París y Londres están atrapados: o ceden o van a la guerra. Hitler tensa la situación con discursos incendiarios.

Cuando parece irremediable —Londres moviliza su flota y París refuerza sus fronteras— aparece en escena Mussolini, muy feliz de constituirse en el salvador. Convoca en Múnich a Hitler, Chamberlain y Daladier. Parece increíble, pero nadie invita a los checos... El mensaje es claro: tendrán que aceptar lo que se acordará. Y el acuerdo —un plan de Mussolini bien consensuado con Goering— se firma el día 30: los Sudetes se incorporarían a Alemania sin un plebiscito supervisado internacionalmente. Chamberlain desciende de un avión en Inglaterra enarbolando un papel en el que dice que trae la paz a Europa. Daladier, sin embargo, no está convencido cuando ni siquiera se ha garantizado la independencia de Checoslovaquia. Mussolini está feliz en su papel de árbitro en Europa, y Hitler es el auténtico vencedor. Seis meses después, no serían sólo los Sudetes: Checoslovaquia entera desaparece ocupada por la Alemania nazi. Y la debilidad franco-británica ha servido para alimentar al monstruo nazi al que, además, se le concede un año para prepararse para la guerra.

Artículo tomado de:

2 comentarios:

Abejitas dijo...

Nunca dejará de sorprenderme.

JUAN MANUEL VELA dijo...

Creo que es muy interesante el balance anual 2008 del Informa Raxen.

http://www.movimientocontralaintolerancia.com/html/raxen/raxen.asp

Como siempre un fuerte abrazo