domingo, 12 de octubre de 2008

Una cálida luz desde el horror

La semana pasada tuve la inmensa fortuna de ver el vídeo donde E.P., una mujer judía de 72 años de edad en esos momentos, va desgranando sus vivencias y experiencias sobre la persecución, el exterminio y el holocausto de muchos judíos en Polonia a manos del nazismo. Cada modulación de la voz, cada gesto de su cara, su mirada, su mano acariciando su frente o arreglándose el cabello, forman una melodía que envuelve a la tragedia que va narrando.
Una de las primeras amarguras sufridas en su niñez y su pubertad fueron los insultos y las amenazas provenientes de sus compañeros y amigos de Lodz (Polonia), con los que había compartido pupitres y juegos. E.P. no puede comprender el odio, pues había sido educada exquisitamente en valores cívicos y en profundos sentimientos religiosos, pero le esperan muchos años de inmenso dolor y crueldad, donde el odio fanático anegó la vida en muchos lugares de Europa.
ES TREMENDO pensar que una adolescente haya debido presenciar cómo la muerte y la penuria extrema hacen estragos en los guetos de Lodz y, posteriormente, de Varsovia. Lo que E.P. cuenta en ese vídeo supera con creces lo ya conocido en los libros y películas comúnmente conocidos, incluso lo imaginable. Ella aprende también allí que la muerte puede llegar a ser heroica en ciertos casos, como la de aquel hombre en el gueto de Varsovia, que prefirió morir a ser el encargado de facilitar diariamente la lista de quienes iban a ser ejecutados al día siguiente.
E.P. va quedando aislada de sus padres y del resto de su familia, salvo de su hermana pequeña, a la que cuida en extremo en medio del horror, hasta que la ve morir en el campo de exterminio de Auschwitz. Sucesivamente, le toca pasar por numerosos campos de trabajo, en condiciones imposibles hoy de imaginar.
Debe viajar días y días en vagones de carga, sin comida y sin agua, siempre de pie, prensados entre sí, cubiertos de suciedad, desconociendo si quienes había a su alrededor estaban aún vivos o ya muertos. E.P. tenía entonces de 17 a 19 años de edad, esa edad en la que estallan los colores de la vida y del amor, pero a ella le tocó solo vivir diariamente al borde de sucumbir a la pesadilla de un sufrimiento sin medida.
Durante años estuvo aquejada de tuberculosis, consumida hasta la extenuación, oyendo el susurro del final. E.P. vio cómo les caían dedos u orejas a otras compañeras en uno de sus últimos campos de trabajo, debido al frío extremo del invierno en aquellos parajes y sin el menor abrigo.
Cuenta también que una noche, una madre huyó al lugar del campo de exterminio donde aguardaban su hijita y otros más a ser exterminados a las pocas horas, pues cada día los SS elegían al azar a sus víctimas: aquella madre quería pasar las últimas horas de su vida con su hija, aun en la certeza de su muerte inminente. Los viajes de un campo a otro los hacían a pie, en caminatas interminables, entre insultos y palizas, viendo cómo quedaban muertos en la cuneta muchos de sus compañeros y compañeras.
Sin embargo, a pesar de sus terribles recuerdos, a pesar de haber presenciado la salvaje crueldad a la que puede llegar el ser humano, hoy E.P. parece albergar solo sentimientos de amor a los suyos, de gratitud hacia quienes la ayudaron, de paz y tolerancia.
DE HECHO, en esos valores asegura haber educado a sus hijos. Asombra que la vida y la serenidad de E.P. hayan prevalecido tanto y tan bien sobre la sombra alargada de tanta muerte y tanto odio, desde la dignidad que nadie pudo arrebatarle. Al final del vídeo, E.P. muestra algunas fotografías de sus seres queridos. En esas imágenes, en sus propias palabras, se percibe la cálida fuerza de la vida, que brota y hunde sus raíces resueltamente en cualquier terreno.
E.P. quiere también transmitir que esa vida ha de continuar. Precisamente por ello, sus últimas palabras en el vídeo van dirigidas a las generaciones actuales, especialmente la juventud. Su voz se hace especialmente sentida cuando invita a pensar que "todo eso puede repetirse, que puede pasar en cualquier momento, no solo con judíos, sino con cualquier otro". Finalmente, entorna sus ojos, y nos hace un último, espléndido regalo: "Que la gente se acuerde un poquito del respeto, de la bondad que hay en cada uno de nosotros: de no pensar solo en sí misma, de mantener siempre algo de lo mejor de nosotros mismos".
El 17 de septiembre de 2008, E.P. cumplió 83 años, rodeada del cariño, la gratitud y la admiración de los suyos.
Noticia tomada de: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=446679
Comentario:
Es increíble cómo algunos supervivientes del Holocausto pueden todavía apostar por la humanidad. ¿Podríamos nosotros hacerlo?

3 comentarios:

esteban lob dijo...

Me conmueve todo, amiga.

El caso que narras, la fe en el ser humano pese a todas esos horribles sufrimientos por parte de su protagonista,el que todavía hay quienes niegan esos hechos y, sobretodo, que tu te entregues con pasión, habitualmemnte, a una causa que te podría ser ajena.

Te mando simplemente

Un beso.

Ana dijo...

Como tu dices, Esteban, es una causa "ajena" a mi historia y a mi familia. Y, evidentemente, no soy responsable de los hechos que entonces acaecieron. Sin embargo, conociendo los hechos a través de estudios y testimonios de primera mano que he tenido la suerte de conocer, me convertiría en responsable de lo que pasó, si simplemente fuese indiferente.
Últimamente he estado leyendo testimonios de niños que pasaron el Holocausto (unos sobrevivieron y otros no), la verdad es que se me hace un nudo en la garganta cada vez que leo sus palabras.
Gracias por seguir este blog que lo único que pretende es ser un grano de arena en la recuperación de la memoria y el nombre de aquellos a quienes se les negaron el nombre y también para conocer el "rostro" de unos verdugos que perdieron el derecho a llamarse seres humanos desde el momento que hipotecaron sus vidas, sus convicciones, sus acciones y sus almas LIBREMENTE a un sistema político y a un hombre ASESINOS.
Un beso y hasta siempre

.:*:.Hada Isol .:*:.¸.¸.•*´¨***¨ dijo...

Ay Ana querida,me has conmovido muchissimo!
pero es bueno saberlo,recordarlo,tenerlo presente,porque quienes lo pasaron merecen que se sepa y no se olvide.
UN FUERTE ABRAZO AMIGA QUERIDA!