martes, 18 de noviembre de 2008

Juan XXIII, propuesto para "Justo entre las naciones"

Declaración de su fundador Baruj Tenembaum, prestigioso representante judío.
BUENOS AIRES, miércoles 29 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- El creador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, Baruj Tenembaum, ha hecho un llamamiento para que Juan XXIII sea declarado "Justo entre las Naciones".
Este título es otorgado a quienes salvaron a judíos durante el Holocausto por Yad Vashem, el Memorial del Holocausto de Israel.
"Si el Papa Juan XXIII no es declarado 'Justo entre las Naciones' serán nuestros hijos quienes lo consagren, ya que la figura de este gran personaje de la historia se agiganta día a día", afirma Tenembaum, prestigioso representante judío y pionero a nivel mundial del diálogo interreligioso desde los años sesenta del siglo pasado.
La declaración de Tenembaum, enviada a Zenit, tiene lugar con motivo del quincuagésimo aniversario de la elección del cardenal Angelo Giuseppe Roncalli como Sumo Pontífice, adoptando el nombre de Juan XXIII.
Después de haber participado en junio de 2003 en simposio científico organizado por la Universidad de Bolonia y la Fundación Juan XXIII con motivo del 40º aniversario del fallecimiento de Angelo Roncalli, a instancias de la Fundación Wallenberg, el Correo Argentino emitió un sello postal dedicado a la memoria del "Papa Bueno".
Algunos años antes, en septiembre de 2000, en una ceremonia en la Misión Permanente de Observación del Vaticano ante las Naciones Unidas y en presencia del entonces Secretario de Estado Vaticano, cardenal Angelo Sodano, la Fundación Wallenberg declaró abierta la campaña internacional para el reconocimiento de la acción humanitaria desplegada por Angelo G. Roncalli.
Monseñor Roncalli, antes de ser Papa, recuerda Tenembaum, "intercedió ante el rey Boris de Bulgaria a favor de judíos búlgaros, y ante el gobierno turco a favor de refugiados judíos que habían escapado a Turquía".
"También hizo todo lo posible para evitar la deportación de judíos griegos. Fue, también, una de las principales fuentes de información del Vaticano sobre la aniquilación de millones de judíos de Polonia y de Europa del este".
"A su turno, cuando cumplió funciones como Delegado Apostólico del Vaticano, en Estanbul, en 1944, organizó una red de salvación de judíos y otros perseguidos por el nazismo", añade el fundador.
"Gracias a sus acciones miles de condenados a muerte salvaron sus vidas. Su obra y figura se alinea así junto a las de numerosos diplomáticos salvadores del Holocausto como el sueco Raoul Wallenberg, el portugués Aristides de Sousa Mendes o el turco Selahattin Ulkumen, entre muchos otros", añade.
"Una nueva era en las relaciones de la Iglesia Católica con el judaísmo se inauguró con el pontificado de Juan XXIII --constata Tenembaum--. Se trató de una época marcada por la comprensión y el entendimiento después de siglos de denigración, prejuicio y persecución religiosa".
"Las puertas del diálogo interreligioso que comenzaran a abrirse entonces y continuaron abiertas durante el pontificado del Papa Juan Pablo II, quien solía dirigirse a los judíos como 'los hermanos mayores'; quien visitara los campos de exterminio del nazismo en señal de contrición y solidaridad con las víctimas judías y que ascendiera en peregrinaje a la Tierra Santa, en el Estado de Israel".
La Fundación Wallenberg lleva a cabo una vasta labor de investigación histórica destinada a revelar la importante labor humanitaria hoy noque llevara a cabo monseñor Roncalli.
"El objetivo es poner en conocimiento de la opinión pública internacional los hechos altruistas y generosos realizados por el delegado apostólico Roncalli, mucho antes de ser consagrado Papa Juan XXIII, el 28 de octubre de 1958", aclara Tenembaum.
Artículo tomado de: http://www.raoulwallenberg.net/?es/prensa/fundacion-interreligosa-pide.5141.htm

viernes, 14 de noviembre de 2008

Una vida llena de compasión

El Holocausto nos ha dejado muchos testimonios de personas que con sus palabras y experiencias nos han emocionado y nos han interpelado. Desde el mismo centro del Mal manifestado cruentamente y despiadadamente, Etty Hillesum, una judía holandesa que murió asesinada a los 27 años en Auschwitz en 1943, nos habla hoy no sólo del pasado, sino que sus reflexiones nos afectan hoy día también en nuestro presente. ¿Cómo reaccionó ella durante esa época donde la humanidad parecía haber desaparecido? Aquí tenemos unos breves ejemplos que despertarán, si más no, nuestra curiosidad:
“Para decirlo crudamente, cosa que quizás haga daño a mi pluma: si un miembro de las SS me pisoteara hasta matarme, yo lanzaría una última mirada hacia su rostro y me preguntaría con estupefacción y un arranque de humanidad: Dios mío, ¿qué cosas tan terribles has podido vivir, pobre muchacho, para hacer semejante cosa?”
En el mismo centro del Mal, ante la perversidad, el terror y el asesinato impune, ella contestó con la compasión hacia el hombre, también hacia el verdugo. El primer impulso como humana: devolver el golpe -"cosa que quizás haga daño a mi pluma". Sin embargo, el paso siguiente: ver en el SS un ser humano; el rostro como símbolo de aquella humanidad que el mismo verdugo se ha negado a sí mismo. Y por último, Hillesum no admite la maldad inherente en el hombre -"¿qué cosas tan terribles has podido vivir, pobre muchacho, para hacer semejante cosa?”. Para ella el Mal es Hacer, nunca Ser: el Mal se acoge, se aprende, se acrecienta, pero nunca es el hombre en sí mismo. Es, en suma, un quehacer adquirido por el hombre.
Su compasión hacia la humanidad no conocía fronteras. Pero tampoco era una ilusa, sabía bien cuál era su destino y la de los suyos, a lo que contestó con rotundidad: el hombre es el único responsable de este caos, no Dios. Ante la posición de algunas víctimas responsabilizando a Dios de no actuar, Etty exime de toda responsabilidad a Dios e interpela al hombre: “Dios no es responsable ante nosotros, somos nosotros responsables ante Él. Conozco lo que todavía nos puede suceder".
Todo ello y muchas más reflexiones, Etty Hillesum las hizo durante el Holocausto. No antes o después, sino durante la misma efervescencia del Mal.
Espero que me disculpéis si no escribo más sobre esta mujer tan valiente y llena de vida. Una mujer cuyo mensaje está repleto de esperanza, pues tal vez publique un artículo sobre mi ponencia. Aún así, creo que estas pequeñas reflexiones son suficientes para interpelarnos sobre nuestra vida y nuestra respuesta ante el hoy y las personas que nos rodean, nos agraden o no. Etty nos da una lección díficil de poner en práctica, incluso para los que no vivimos ninguna"situación límite" como la del Holocausto.