sábado, 26 de julio de 2008

La gratuidad del Mal

Cuando la filósofa judía, Hannah Arendt, asistió al juicio en Jerusalén contra Adolf Eichmann (miembro de las SS, uno de los participantes en la elaboración de la “Solución Final”-la eliminación de todos los judíos de Europa- y ejecutor “profesional” de dicho crimen), quedó estupefacta al constatar que dicho individuo era un hombre normal, un hombre sin profundidad malévola, un hombre “irreflexivo”. Es decir, hasta entonces se afirmaba que la maldad era causada por individuos con problemas psicológicos, sociales e, incluso, genéticos. Sin embargo, desde el Holocausto y el estudio de Arendt se ha podido constatar que la maldad que emergió en aquella época de absoluto terror fue llevada a cabo por hombres y mujeres perfectamente normales, sin trauma alguno, padres y madres de familia “ejemplares”.
Así, el nazismo no quería en sus filas hombres y mujeres asesinos profesionales, sino hombres “vírgenes” en la violencia a fin de poderlos moldear a su imagen y semejanza. Individuos “irreflexivos”, es decir, individuos sin capacidad de pensar ni actuar por sí mismos, pero que a la par se vieran ellos mismos como hombres decentes.
Esto se consiguió haciendo que el mal operado (humillaciones, torturas, asesinatos…), ya no fuese visto como algo extraordinario propio de criminales, sino como algo normal instaurado en la sociedad y que la gente normal debía asumir como algo natural.
El hombre y la mujer nazis se constituyeron como individuos decentes, además de héroes por medio de una violencia legalizada y gratuita (porque sí, sin "motivos personales"). Esto significa que todo aquel marcado por el régimen como enemigo (hombres, mujeres y niños) debía morir en dicha violencia por el simple hecho de haber sido marcados como enemigos.
Así, hoy también, Samir Kuntar pudo ejecutar a un padre de familia ante su propia hija, y después aplastar el cráneo de la pequeña a culatazos, arrastrándola hasta la playa y rematándola con sus propios pies, como nos cuenta Josep Estruel. Si hay alguna relación entre Kuntar y Eichmann, la encontraremos sin duda y según mi opinión, en esa gratuidad del Mal normalizada que hace de los asesinos, individuos decentes al mismo tiempo que héroes.
Os recomiendo para profundizar más en el tema que leáis un artículo mío que acaba de salir. Lamentablemente no se encuentra "on-line", pero sí que lo podéis encontrar en las bibliotecas de las universidades de la mayoría de las facultades de filosofía. El artículo y la revista son: "Amos virtuales, esclavos reales. El hombre SS, una raza de amos-esclavos", Espíritu: cuadernos del Instituto Filosófico de Balmesiana, ISSN 0014-0716, Año 56, Nº. 136, 2007, pags. 307-315.