viernes, 14 de noviembre de 2008

Una vida llena de compasión

El Holocausto nos ha dejado muchos testimonios de personas que con sus palabras y experiencias nos han emocionado y nos han interpelado. Desde el mismo centro del Mal manifestado cruentamente y despiadadamente, Etty Hillesum, una judía holandesa que murió asesinada a los 27 años en Auschwitz en 1943, nos habla hoy no sólo del pasado, sino que sus reflexiones nos afectan hoy día también en nuestro presente. ¿Cómo reaccionó ella durante esa época donde la humanidad parecía haber desaparecido? Aquí tenemos unos breves ejemplos que despertarán, si más no, nuestra curiosidad:
“Para decirlo crudamente, cosa que quizás haga daño a mi pluma: si un miembro de las SS me pisoteara hasta matarme, yo lanzaría una última mirada hacia su rostro y me preguntaría con estupefacción y un arranque de humanidad: Dios mío, ¿qué cosas tan terribles has podido vivir, pobre muchacho, para hacer semejante cosa?”
En el mismo centro del Mal, ante la perversidad, el terror y el asesinato impune, ella contestó con la compasión hacia el hombre, también hacia el verdugo. El primer impulso como humana: devolver el golpe -"cosa que quizás haga daño a mi pluma". Sin embargo, el paso siguiente: ver en el SS un ser humano; el rostro como símbolo de aquella humanidad que el mismo verdugo se ha negado a sí mismo. Y por último, Hillesum no admite la maldad inherente en el hombre -"¿qué cosas tan terribles has podido vivir, pobre muchacho, para hacer semejante cosa?”. Para ella el Mal es Hacer, nunca Ser: el Mal se acoge, se aprende, se acrecienta, pero nunca es el hombre en sí mismo. Es, en suma, un quehacer adquirido por el hombre.
Su compasión hacia la humanidad no conocía fronteras. Pero tampoco era una ilusa, sabía bien cuál era su destino y la de los suyos, a lo que contestó con rotundidad: el hombre es el único responsable de este caos, no Dios. Ante la posición de algunas víctimas responsabilizando a Dios de no actuar, Etty exime de toda responsabilidad a Dios e interpela al hombre: “Dios no es responsable ante nosotros, somos nosotros responsables ante Él. Conozco lo que todavía nos puede suceder".
Todo ello y muchas más reflexiones, Etty Hillesum las hizo durante el Holocausto. No antes o después, sino durante la misma efervescencia del Mal.
Espero que me disculpéis si no escribo más sobre esta mujer tan valiente y llena de vida. Una mujer cuyo mensaje está repleto de esperanza, pues tal vez publique un artículo sobre mi ponencia. Aún así, creo que estas pequeñas reflexiones son suficientes para interpelarnos sobre nuestra vida y nuestra respuesta ante el hoy y las personas que nos rodean, nos agraden o no. Etty nos da una lección díficil de poner en práctica, incluso para los que no vivimos ninguna"situación límite" como la del Holocausto.