viernes, 27 de febrero de 2009

SOBREVIVIENTES DEL HOLOCAUSTO CONTESTAN A LOS NEGACIONISTAS

David Galante dice: Soy sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Allí fui deportado junto con mi familia desde la isla de Rodas.
No voy a dar nombres ni tampoco detalles. No importan las personas, sino los hechos. Los que niegan lo que yo viví tienen la suerte de que no podrán jamás experimentar una sola de las sensaciones que yo padecí dentro del campo.
Hace 64 años que convivo con los negadores, y nada de lo que digan podrá hacerme callar.
Y no es que les tema. Sólo me pregunto cómo es posible negar.
Cómo poder negar el grito desgarrador de padres e hijos separados definitivamente por la muerte a la entrada del campo de exterminio, conminados a las cámaras de gas sin ninguna contemplación.
Cómo poder negar la bala que atravesó mi cara rozando mi nariz para estrellarse después en la frente del hombre parado a mi lado.
Cómo poder negar el millón y medio de niños que no conocieron la adultez por el solo hecho de haber nacido judíos.
Cómo poder negar el laboratorio del doctor Joseph Mengele, en el que ingresé por accidente y en el que no se conocían otros conejillos de Indias que los seres humanos.
Cómo poder negar las mentiras con las que nos iban llevando hacia el campo de exterminio. "Los llevamos a un campo de trabajo para alejarlos del conflicto, los llevamos a unas duchas para mantenerlos limpios", decía la misma persona que accionaba los controles de la cámara de gas.
Cómo poder negar los fusilamientos masivos de los Einsatzgruppen, que obligaban a los propios judíos a cavar las fosas en las que sus cuerpos caerían fulminados.
Cómo negar los ancianos apaleados y fusilados en los andenes sólo porque sus cuerpos no tenían la fuerza suficiente para subirse a los vagones de la muerte.
Cómo negar la sistemática sustracción de identidades, de familiares, ilusiones, culturas, lenguas, juventudes, miserias y esperanzas por millones.
Cómo negar la destrucción de comunidades, aldeas, ciudades, con sus colegios, sus sinagogas, sus negocios, sus fábricas, sus hospitales, sus parques y sus calles.
Cómo negar los cuerpos de aquellos que sólo perseguían un sueño de libertad colgados junto a la barraca. Aquellos con los que nos tropezábamos cada día con la intención de disuadirnos de cualquier intento de fuga o, lo que es peor, de alimentar la delación de compañeros y amigos.
Cómo negar el hambre al que nos sometían cada día con la intención de destruirnos moral y físicamente.
Cómo negar el olor a carne quemada que, corporeizada en chimeneas de humo negro, brotaba de los crematorios recordándonos con dolor a nuestros padres, hijos, hermanos, primos, amigos, que día tras día perecían allí.
Cómo poder negar el destino trágico de mis padres y de mis tres hermanas.
Cómo poder negar.
Y por si a alguien le queda alguna duda, les cuento que todavía, a mis 84 años, aún resuena en mis oídos una voz, muchas voces. Las voces de aquellos moribundos que con su último aliento apenas alcanzaban a decirme: "No te entregues, David, no te entregues. Sobreviví, aunque más no sea para contarle al mundo el infierno que viste aquí. Que no quede impune esta tragedia. Que nunca olvide el hombre por qué acabaron con nuestras vidas".
Cómo negar lo que mis ojos aún no olvidan, lo que mi piel todavía siente, el amargo sabor que en mi boca aún persiste, el insoportable olor que en mi nariz perdura y esa inconfundible voz de los moribundos que retumba en mis oídos y me hace recordar una vez más que estoy vivo para contarles lo que vi.
Lo que estos ojos vieron nunca lo podrán olvidar.
La historia de David Galante está relatada en el libro Un día más de vida. Rodas-Auschwitz-Buenos Aires, escrito por Martín Hazán (Editorial Lumière, Buenos Aires, 2007)
Artículo tomado de: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1102681





Mira Kniaziew vive en una casa de dos pisos pintada de verde en Villa de Parque. En una de esas que cuando suena el timbre se abre una de las ventana del piso de arriba para ver quién toca. Así, Mira repite el ritual: se asoma, saluda y baja a abrir. Mira Kniaziew de Stupnik tiene 80 años y por un largo tiempo sólo respondió cuando decían un número: A-15538. El mismo que tiene tatuado en el antebrazo izquierdo y que le grabaron al llegar al campo de exterminio nazi de Auschwitz, en Polonia (Ver "Hasta...). Cuando "entró a la entraña del horror" y vio el Holocausto que hasta ahora el obispo Richard Williamson niega.Mira Kniaziew intentó desde enero que Williamson la atendiera en el seminario de La Reja. Quería explicarle lo que había visto y vivido en un infierno que no puede describir con palabras "porque no alcanzan". Quería contarle de las barracas atestadas de espectros semidesnudos, vencidos por el hambre y el sueño. Quería explicarle cómo los crematorios funcionaban las 24 horas. "Veíamos cuando ya no daban abasto y entonces hacían pilas: ponían un piso de madera, otro de cadáveres, otro de madera, otro de cadáveres. Y así los incineraban al aire libre".Mira dice que le hubiera querido explicar a Williamson de ese olor "dulzón, nauseabundo" de los cuerpos quemados, que nunca va a olvidar. Relatarle como "venían trenes de toda Europa, con gente que no sabía a dónde iba. Porque quienes venían de Grecia, de Francia, no tenían ni idea. Quedaban sus equipajes en el terreno. Y ellos directamente, al gas."Por eso -insiste Mira- "no podía callar ante las palabras de Williamson, me hirió tanto saber que estaba en el país de mis nietos que no pude callar. Me gustaría que él me mire a los ojos y se atreva a negarme el Holocausto". Mira Kniaziew vivía en la ciudad de Bialystok, Polonia. Tenía 11 años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial y se desató la persecución nazi a los judíos. Como a tantos otros, un día le ordenaron -junto a su padre y a su madre- dejar su casa en 5 horas para vivir en un ghetto. Pero duró poco. Mira dice que ya no tiene lágrimas para contar lo que vino después. Y aunque ya no puede llorar, hay recuerdos imborrables como el de los bebés sin sus padres estirando los brazos y nadie que los agarrara. "Estoy segura que a la hora de mi muerte voy a verlos", dice.Mira recuerda el Holocausto y dice que estaba fríamente planificada, que fue una fábrica de exterminio de judíos. Incluso, que cuando los alemanes veían que perdían la Segunda Guerra destinaban casi todos los trenes para transportar judíos a los campos de concentración. En uno de ellos, Mira y sus padres llegaron a Auschwitz. "Hacinados. Sin aire. Dante al describir el infierno se quedó muy atrás", insiste. Allí, Mira y sus padres enfrentaron varias veces a la selección que hacía el médico Josef Menguele o "El Angel de la Muerte". Derecha para los que vivirían, izquierda para los que iban al gas. Un día, su madre no pasó la selección. Mira se aferró a ella para también morir. Esperaron entonces en la antesala de la cámara, pero nunca las fueron a buscar. Los Aliados habían tomado otro campo de concentración, Maidanek, y la orden de Adolf Hitler fue desmantelar el resto. "Había gente en la cámara de gas y los soltaron, salieron locos". Así, quedaron abandonadas en Auschwitz. Hasta que llegó la liberación total. Y la vida siguió. Se casó, tuvo una hija, vino a la Argentina, tuvo nietos y un bisnieto.Ayer, frente a la noticia de la expulsión de Williamson decía: "Yo viví en las entrañas del horror y me duele que Williamson viva acá. Por eso cuando hay algo de justicia es alentador y calma un poco las heridas. El Holocausto lo pagaron los judíos, pero fue un desastre para la humanidad. La memoria tiene que perdurar para que no haya otros holocaustos. Olvidar es peligroso para todos".
Artículo tomado de: http://www.clarin.com/diario/2009/02/20/elmundo/i-01862563.htm

sábado, 21 de febrero de 2009

Francia, culpable y responsable de la deportación de judíos durante la ocupación nazi

La máxima instancia judicial de Francia admitió el día 16 de febrero el papel del país en la deportación de judíos a campos de concentración nazi durante el Holocausto, pero desaconsejó más reparaciones para los deportados o sus parientes. En el primer reconocimiento legal del rol de Francia en el Holocausto, el Consejo de Estado dijo en un fallo histórico que el entonces gobierno de Vichy "permitió o facilitó la deportación de Francia de víctimas de persecución antisemita". "En una ruptura absoluta con los valores y principios, en especial los de la dignidad de la persona humana, estas persecuciones antisemitas provocaron un daño excepcional de gravedad extrema", agregó el cuerpo judicial en su sentencia. Hace casi 70 años, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno colaboracionista francés de Vichy ayudó a deportar a unas 76.000 personas, entre ellas 11.000 niños, de partes de Francia ocupadas por Alemania a campos de concentración nazi. Menos de 3.000 de estos deportados regresaron con vida. El fallo, celebrado por la comunidad judía francesa, formalizó legalmente un gesto histórico realizado en 1995 por el entonces presidente Jacques Chirac, el primer gobernante francés en decir que el país era responsable de la deportación de judíos. Chirac rompió así con la posición oficial de que el Estado francés no era sinónimo de la Francia de Vichy, el régimen instaurado en la mitad sur del país luego de la derrota ante los nazis y la firma del armisticio con Alemania, en 1940. Desde el discurso de Chirac, los deportados y sus familias obtuvieron pensiones estatales y otras compensaciones por sus padecimientos, por un valor de unos 500 millones de euros. Pero el fallo de ayer podría poner fin a esas indemnizaciones. Una corte de París había solicitado la opinión del Consejo de Estado sobre un pedido de compensación monetaria hecho por la hija de un deportado muerto en Auschwitz. La mujer también reclamaba daños materiales y morales por su propio sufrimiento durante la ocupación y después de ella. El Consejo falló a favor de que sea la corte del París la que decida sobre la solicitud. Pero el cuerpo judicial dijo también en su fallo que "porque los actos y acciones del Estado condujeron a la deportación de personas consideradas judías por el régimen de Vichy, ellos constituyeron errores y se convirtieron en su responsabilidad", según informó la agencia de noticias DPA. El Consejo aprovechó la ocasión para hacer "un reconocimiento solemne del perjuicio colectivo sufrido por los deportados y del rol jugado por el Estado en su deportación". Con 500.000 miembros, Francia tiene actualmente la comunidad judía más numerosa de Europa occidental. "Esta es una decisión valiente e importante que hace frente sin ambigüedad a las acciones de Francia durante el Holocausto", dijo la portavoz de Yad Vashem, el ente israelí para el recuerdo del Holocausto y sus víctimas.

"Planos de Auschwitz"


Fueron descubiertos en noviembre de 2008, y recién se exhibieron por primera vez el miércoles pasado en Alemania bajo el nombre "Planos de Auschwitz". Los 28 planos originales de Auschwitz- Birkenau, el mayor campo de concentración y exterminio nazi de la historia, son documentos inéditos y detallados entre los cuales se registran los esbozos de los edificios donde aproximadamente 1,3 millones de personas murieron asesinadas.La exposición "Pläne von Auschwitz - Dokumente des systematisch organisierten Völkermordes", presentada por el diario alemán "Bild", muestra una amplia variedad de planos de las obras de construcción que llevaron a cabo los Ejércitos de las SS a principios de la década del 40 del siglo pasado y que, por primera vez, confirman el sistemático método que emplearon los nacionalsocialistas para exterminar a los judíos.Sobre papel y a gran escala (1:100), los documentos contienen desde un gran edificio dedicado a centro de encarcelamiento, hasta un enorme crematorio, con la sala de vestuario y hasta la gran cámara de gas, tan explícitamente dibujada, que incluso pone las medidas (en torno a 11,66 metros). Estos planos -que datan del 8 de noviembre de 1941- son los mismos que dibujó el soldado Número 127 de Auschwitz. El centro aun recuerda al Holocausto, y también era considerado como "fábrica de la muerte".La autenticidad de los planos fue probada tanto por el Archivo Nacional alemán, como por numerosos expertos en el tema de Auschwitz. Entre estos expertos se encuentra el historiador del arte Robert Jan van Pelt quien viajó desde Canadá hasta la capital alemana para comprobarlo en persona. Auschwitz-Birkenau, situado a 60 kilómetros al oeste de Cracovia, fue un complejo formado por diversos campos de concentración y de exterminio en masa de prisioneros construido por el régimen de la Alemania nazi en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial. Operado bajo la dirección de Heinrich Himmler, en la puerta de entrada a uno de los diversos campos aún se puede leer el lema en alemán Arbeit macht Frei (el trabajo os hará libres) con el que eran recibidos los deportados por las fuerzas SS a cargo del lugar desde su apertura en mayo de 1940 hasta enero de 1945, cuando fue liberado por el ejército soviético.Uno de los miles de presos que consiguieron sobrevivir es el polaco Wladyslaw Bartoszewski, de 86 años, antiguo ministro polaco de Asuntos Exteriores, que ayer ocupó el cargo de Primer Ministro para el Diálogo Internacional.La exposición podrá visitarse durante dos semanas en el Pasaje de la célebre editorial Axel-Springer, situado en la zona de Kreuzberg (centro turco de Berlín). Después será trasladada a otros lugares de Alemania y finalmente, su contenido se cederá a una institución histórica, para que los expertos puedan continuar su estudio.

viernes, 20 de febrero de 2009

El Museo del Holocausto, Yad Vashem en Español

Desde el día 27 de febrero, la página web del Museo del Holocausto de Jerusalén se muestra también en Español. Es una página que vale la pena consultar. Encontraréis entre otras cosas, testimonios en vídeo sobre el Holocausto, Exhibiciones, Material Educativo online, Publicaciones, etc.

Dejo aquí el link de un vídeo explicativo que se encuentra en Yahoo y también el enlace de su página.

http://www.youtube.com/user/yadvashemspanish

http://www1.yadvashem.org/es/index.html

sábado, 14 de febrero de 2009

Memoria del Holocausto

El día 8 de diciembre, el programa de rtve, Shalom, emite un vídeo de 15 minutos sobre un acto relacionado con la memoria del Holocausto. En el vídeo se puede ver dos testimonios; uno, el de Mónica Davidowicz, superviviente y, otro, el de las hijas de Joseph Bau, el famoso "Pintor de Cracovia".
Dejo aquí el enlace del vídeo para que todos podáis oír sus testimonios y ver el final de la ceremonia de conmemoración sobre la memoria del Holocausto.
http://www.rtve.es/alacarta/todos/abecedario/S.html#402397

lunes, 2 de febrero de 2009

El Holocausto pasó por España

Ayer domingo, 1 de febrero, el periodista Jesús Duva, estudioso del tema del Holocausto, publicó en el PAÍS la historia de dos supervivientes. Una historia que aquí reproduzco pues vale la pena conocer por su humanidad y por el enfoque del propio periodista.
Jesús Duva escribe:
Miles de judíos -entre ellos gran número de niños- escaparon del terror nazi a través de España. Hay historiadores que calculan que entre 20.000 y 35.000 judíos huyeron del genocida Adolf Hitler cruzando el territorio español a partir del año 1940. Lo hicieron aprovechando la tolerancia del régimen del dictador Franco, que sin embargo tuvo buen cuidado de que ninguno de ellos echara raíces, sino que simplemente utilizaran España como una escala en su éxodo.
Paul Buchinger, hoy residente en Estrasburgo, y Charles David, domiciliado en París, fueron dos de esos niños que se zafaron del ogro nazi pasando a España. Ambos formaron parte de la misma expedición, en 1944, pero su existencia siguió diferentes caminos y hasta hace poco más de un año no volvieron a encontrarse. Hoy, a pesar de ser septuagenarios, conservan en su memoria recuerdos muy vívidos de su fugaz travesía por la Península: la colaboración de los pasadores de frontera, los granjeros que les escondieron durante unos días, sus paseos por la plaza de Cataluña de Barcelona y el Tibidabo, la ropa limpia, las naranjas, el chocolate... y esa crema untuosa que ellos llamaban beurre y que los españoles se empecinaban en llamar mantequilla. Todo un lujo para unos niños forzados a huir de sus casas y en un país -España- que acababa de salir de una cruenta Guerra Civil.
Siegfried Meir, otro niño judío que perdió a sus padres en el terrible campo de exterminio de Auschwitz, fue prohijado por un republicano español en Mauthausen. Y eso le cambió la vida. "Se llamaba Saturnino Navazo Tapias. Soy agnóstico, pero creo que Navazo era un santo. Él me hizo salir del agujero", afirma Meir, que a sus 75 años tiene aspecto de elegante play boy, con barba y larga cabellera blanca.
El Holocausto -o el espectro del Holocausto- también pasó por España, aunque la inmensa mayoría de los españoles no se enteraron de que las víctimas eran judíos. Para ellos, aquellos hombres, mujeres y niños escuálidos y atemorizados que llegaban del otro lado de los Pirineos no eran más que refugiados. Y para la Cruz Roja y el régimen de Franco eran "apátridas". Así que nadie entendió jamás aquella paranoia franquista del "contubernio judeomasónico".
El 27 de enero pasado se conmemoró en Europa el Día de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, fecha escogida en recuerdo de la liberación del campo de concentración de Auschwitz (el 27 de enero de 1945). En España se ha recordado durante la semana pasada a los salvados y a sus salvadores.
Se calcula que un millón y medio de niños fueron asesinados durante el Holocausto en la Alemania nazi de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Paul Buchinger podía haber sido uno de ellos, pero se libró de la muerte gracias a que pudo escabullirse a tiempo. "Mi familia vivía en Limoges (Francia). Vivíamos escondidos por miedo a los nazis. Un día de 1944, un joven judío ofreció a mis padres la posibilidad de pasar a sus hijos a España a través de los Pirineos. El 25 de mayo de 1944 mis hermanos y yo cogimos un tren a Toulouse".
"En junio, nos llevaron a Perpiñán y desde allí a la frontera. Un grupo de ocho niños fuimos entregados a dos catalanes que contrabandeaban mercancías y pasaban refugiados. Estuvimos dos días dando vueltas por el monte hasta cruzar la frontera. Dormíamos en cobertizos y bebíamos agua de los arroyos", recuerda Buchinger con dolor.
Una vez en España, el pequeño fue separado de su hermano. El grupo fue dispersado y cada niño fue llevado a una granja. Al día siguiente, cada campesino se ocupó de trasladar a su protegido hasta el tren, que conduciría al grupo hasta Barcelona. "Nos dijeron", relata, "que debíamos estar muy calladitos durante el trayecto, que no hablásemos y que hiciésemos como que dormíamos para que nadie se enterase de que éramos extranjeros. Pero el trayecto era largo y era muy difícil callar a los más pequeños".
Los chiquillos fueron recibidos en Barcelona por el doctor Samuel Sequerra, un prominente judío residente en Lisboa, emisario de la American Jewish Joint Distribution Committee (Joint), una organización fundada en 1914 para ayudar inicialmente a los judíos de Europa Oriental y de Palestina a causa del estallido de la Primera Guerra Mundial. Fueron llevados a una pensión de Barcelona. "Me abrió la puerta un chico que se desmayó nada más verme. ¡Era un vecino mío que había salido de Limoges un mes antes! Después nos llevaron a una villa, alquilada por la Joint. Era una especie de orfanato en el que permanecimos durante tres meses. Allí nos enseñaron geografía, historia y hebreo. Podíamos hacer lo que quisiéramos. Por ejemplo, ir de excursión al Tibidabo", dice Buchinger con un punto de nostalgia.
En agosto de 1944, el presidente de la Cruz Roja Española pidió que se proveyera de documentación a un grupo de "niños apátridas", entre los que estaba Buchinger. Y así fueron trasladados a Estoril (Portugal) y desde allí a Cádiz, Gibraltar, Tánger y Haifa (Israel), donde llegó una expedición de 50 niños y 350 adultos.
Charles David fue detenido con su madre en Toulouse en mayo de 1944. Su madre fue deportada a Auschwitz mientras que él fue llevado poco después a la frontera franco-española junto con una docena de niños más. Desde allí fueron llevados a Andorra y Lleida, donde recibieron ropa y alojamiento. A continuación fueron conducidos al orfanato de Barcelona y de allí a Cádiz, donde embarcaron en el buque portugués Guiné, que les trasladó a Israel.
David permaneció cinco años en Israel y después regresó a Francia, donde se reencontró con sus dos hermanos y con sus padres (su madre, prisionera en el campo de Theresienstadt, cerca de Praga, fue liberada por soldados rusos). Al cabo de tantos años, una de las cosas que Charles David recuerda de su odisea es que en Lleida "había muchos mutilados" de la Guerra Civil.
La historia de Siegfried Mier, que residía en Francfort (Alemania), es diferente, pero en ella también tiene un papel protagónico un español. El pequeño Meier, travieso y rebelde desde su más tierna infancia, fue deportado, junto con sus padres, al campo de exterminio de Auschwitz cuando tenía sólo siete años ("me han dicho que debía tener esa edad por el número que a mí me tatuó la SS en un brazo", dice).
"Llegamos a Auschwitz-Birkenau y los hombres que desnudaban a los prisioneros le dijeron a mi madre: 'Esconda al niño porque si le ven los nazis le llevan a la muerte'. Así estuve dos meses oculto en una de aquellas literas colectivas hasta que mi madre murió a causa del tifus", rememora Mier. "Después, los demás presos me dijeron que no podían seguir ocultándome y me aconsejaron que me presentara al recuento de prisioneros. Y así lo hice. A los alemanes les caí en gracia y me convirtieron en su mascota, hasta tal punto que me hicieron un pijama de rayas a medida", cuenta hoy en Madrid, como si eso le estuviera sucediendo ahora mismo. "¡Me ocurrieron cosas surrealistas...!", añade.
"Al cumplir nueve años, me sacaron del campo de mujeres y me llevaron al de hombres, donde cogí el tifus. Me metieron en el barracón de los mellizos, en el que el doctor Mengele hacía sus experimentos. Allí me pusieron muchas inyecciones, pero Mengele no lo debía hacer tan mal porque jamás he estado enfermo", rememora el setentón Meir, entre socarrón y sarcástico. Su padre murió reventado a patadas de los nazis.
Cuando entraron las tropas rusas en Auschwitz, Meir fue subido a un convoy que fue atacado por partisanos yugoslavos, lo que obligó a él y a otros muchos prisioneros a seguir camino a pie. Sin que sepa muy bien cómo, dio con sus huesos en el campo de concentración de Mauthausen (Austria), donde de nuevo cayó en gracia a los carceleros tras presenciar la rabieta que cogió cuando pretendían raparle el pelo. Tan simpático les pareció el chico que le vistieron con un traje de bombero y le metieron en el barracón de los republicanos españoles.
"Entre ellos estaba Saturnino Navazo Tapias, que me aconsejó: 'Di que eres mi hijo. Si te preguntan, dices que vives en la calle de Don Quijote, número 49, de Cuatro Caminos, en Madrid'. En 1945, al ser liberado de Mauthausen, me fui a Toulouse con Navazo y otros. Allí, cuando tenía 14 años, aprendí el oficio de sastre. En Auschwitz sólo estaba hecho para robar. Navazo me convirtió en una buena persona y comprendió por qué yo era un ladrón. Yo siempre quise demostrarle que reconocía lo que había hecho por mí. Ese hombre, que murió a los 80 años, fue un padre para mí y jamás me pegó pese a que le hice cosas horribles", declara Meir.
Con el correr del tiempo, el niño de Auschwitz se instaló en Ibiza, donde se enriqueció con una cadena de restaurantes y varias tiendas de moda ad lib -"copiaba la ropa india de las chicas que venían de Katmandú"-; fue cantante de cierto éxito, amigo del músico Georges Moustaki, y actor frustrado porque "los directores de cine le veían triste" pese a su aspecto de galán glamuroso. "Hoy estoy arruinado", confiesa con su mirada acuosa tras las gafas.
Haim Avni, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y autor del libro España, Franco y los judíos, y el historiador Bernd Rother, de la Fundación Willy Brandt de Berlín, autor de Franco y el Holocausto, coinciden en que al dictador "le resultaba indiferente el tránsito de judíos a través de España". Sin embargo, el régimen franquista se cuidó mucho de impedir el asentamiento de estas personas, como lo prueba el hecho de que no permitía entrar a ningún nuevo contingente de refugiados hasta que el anterior no hubiera abandonado el territorio español. "Al terminar la Guerra Civil, Franco se vanagloriaba de haber salvado a miles de judíos sefardíes, pero eso es una gran mentira", remacha Avni. En contraste con la posición de Franco, el dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar sí permitió el establecimiento de judíos en su país.
"Los guardias civiles atendían correctísimamente a los fugitivos judíos. Y hay, incluso, el caso de un rabino francés que nada más cruzar la frontera se identificó como judío y, cuando fue llevado preso a Pamplona, los funcionarios de la cárcel pusieron en su ficha: "israelí". Los españoles veían a los judíos como extranjeros. El drama de la persecución nazi no estaba presente entre los españoles", declaran a dúo los estudiosos Avni y Rother. Y agregan que, en su opinión, la ayuda de los españoles a las víctimas se basó en la solidaridad humana: "No tiene rasgos de lucha contra el antisemitismo".
Sin embargo, hay casos que parecen indicar un mayor compromiso. Casos como el de Lola Touza Domínguez, una cantinera de Rivadavia (Ourense), quien, junto con sus hermanas Amparo y Julia, era el último eslabón de una cadena que desde 1941 encubrió a cientos de judíos en su éxodo desde los Pirineos hasta Portugal.
Hay casos como el del vigués Eduardo Martínez Alonso, que participó en la evacuación de judíos a través de Galicia, aprovechando su condición de médico de la embajada británica en Madrid. Muchos de ellos eran refugiados que habían dado con sus huesos en el campo de concentración de Miranda de Ebro (Burgos) tras haber entrado en España huyendo de la barbarie nazi.
El pasado 17 de diciembre, España pasó a ser miembro del Grupo de Trabajo de Cooperación Internacional para la Educación, Memoria e Investigación del Holocausto, conocido por las siglas ITF (International Task Force). En las próximas semanas, la embajadora especial para las Relaciones con las Organizaciones Judías, Ana Salomón, hará un llamamiento a quienes ayudaron en España a los judíos a escapar del Holocausto. El objetivo: recabar su testimonio y recuperar parte de la memoria histórica colectiva.