viernes, 27 de febrero de 2009

SOBREVIVIENTES DEL HOLOCAUSTO CONTESTAN A LOS NEGACIONISTAS

David Galante dice: Soy sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Allí fui deportado junto con mi familia desde la isla de Rodas.
No voy a dar nombres ni tampoco detalles. No importan las personas, sino los hechos. Los que niegan lo que yo viví tienen la suerte de que no podrán jamás experimentar una sola de las sensaciones que yo padecí dentro del campo.
Hace 64 años que convivo con los negadores, y nada de lo que digan podrá hacerme callar.
Y no es que les tema. Sólo me pregunto cómo es posible negar.
Cómo poder negar el grito desgarrador de padres e hijos separados definitivamente por la muerte a la entrada del campo de exterminio, conminados a las cámaras de gas sin ninguna contemplación.
Cómo poder negar la bala que atravesó mi cara rozando mi nariz para estrellarse después en la frente del hombre parado a mi lado.
Cómo poder negar el millón y medio de niños que no conocieron la adultez por el solo hecho de haber nacido judíos.
Cómo poder negar el laboratorio del doctor Joseph Mengele, en el que ingresé por accidente y en el que no se conocían otros conejillos de Indias que los seres humanos.
Cómo poder negar las mentiras con las que nos iban llevando hacia el campo de exterminio. "Los llevamos a un campo de trabajo para alejarlos del conflicto, los llevamos a unas duchas para mantenerlos limpios", decía la misma persona que accionaba los controles de la cámara de gas.
Cómo poder negar los fusilamientos masivos de los Einsatzgruppen, que obligaban a los propios judíos a cavar las fosas en las que sus cuerpos caerían fulminados.
Cómo negar los ancianos apaleados y fusilados en los andenes sólo porque sus cuerpos no tenían la fuerza suficiente para subirse a los vagones de la muerte.
Cómo negar la sistemática sustracción de identidades, de familiares, ilusiones, culturas, lenguas, juventudes, miserias y esperanzas por millones.
Cómo negar la destrucción de comunidades, aldeas, ciudades, con sus colegios, sus sinagogas, sus negocios, sus fábricas, sus hospitales, sus parques y sus calles.
Cómo negar los cuerpos de aquellos que sólo perseguían un sueño de libertad colgados junto a la barraca. Aquellos con los que nos tropezábamos cada día con la intención de disuadirnos de cualquier intento de fuga o, lo que es peor, de alimentar la delación de compañeros y amigos.
Cómo negar el hambre al que nos sometían cada día con la intención de destruirnos moral y físicamente.
Cómo negar el olor a carne quemada que, corporeizada en chimeneas de humo negro, brotaba de los crematorios recordándonos con dolor a nuestros padres, hijos, hermanos, primos, amigos, que día tras día perecían allí.
Cómo poder negar el destino trágico de mis padres y de mis tres hermanas.
Cómo poder negar.
Y por si a alguien le queda alguna duda, les cuento que todavía, a mis 84 años, aún resuena en mis oídos una voz, muchas voces. Las voces de aquellos moribundos que con su último aliento apenas alcanzaban a decirme: "No te entregues, David, no te entregues. Sobreviví, aunque más no sea para contarle al mundo el infierno que viste aquí. Que no quede impune esta tragedia. Que nunca olvide el hombre por qué acabaron con nuestras vidas".
Cómo negar lo que mis ojos aún no olvidan, lo que mi piel todavía siente, el amargo sabor que en mi boca aún persiste, el insoportable olor que en mi nariz perdura y esa inconfundible voz de los moribundos que retumba en mis oídos y me hace recordar una vez más que estoy vivo para contarles lo que vi.
Lo que estos ojos vieron nunca lo podrán olvidar.
La historia de David Galante está relatada en el libro Un día más de vida. Rodas-Auschwitz-Buenos Aires, escrito por Martín Hazán (Editorial Lumière, Buenos Aires, 2007)
Artículo tomado de: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1102681





Mira Kniaziew vive en una casa de dos pisos pintada de verde en Villa de Parque. En una de esas que cuando suena el timbre se abre una de las ventana del piso de arriba para ver quién toca. Así, Mira repite el ritual: se asoma, saluda y baja a abrir. Mira Kniaziew de Stupnik tiene 80 años y por un largo tiempo sólo respondió cuando decían un número: A-15538. El mismo que tiene tatuado en el antebrazo izquierdo y que le grabaron al llegar al campo de exterminio nazi de Auschwitz, en Polonia (Ver "Hasta...). Cuando "entró a la entraña del horror" y vio el Holocausto que hasta ahora el obispo Richard Williamson niega.Mira Kniaziew intentó desde enero que Williamson la atendiera en el seminario de La Reja. Quería explicarle lo que había visto y vivido en un infierno que no puede describir con palabras "porque no alcanzan". Quería contarle de las barracas atestadas de espectros semidesnudos, vencidos por el hambre y el sueño. Quería explicarle cómo los crematorios funcionaban las 24 horas. "Veíamos cuando ya no daban abasto y entonces hacían pilas: ponían un piso de madera, otro de cadáveres, otro de madera, otro de cadáveres. Y así los incineraban al aire libre".Mira dice que le hubiera querido explicar a Williamson de ese olor "dulzón, nauseabundo" de los cuerpos quemados, que nunca va a olvidar. Relatarle como "venían trenes de toda Europa, con gente que no sabía a dónde iba. Porque quienes venían de Grecia, de Francia, no tenían ni idea. Quedaban sus equipajes en el terreno. Y ellos directamente, al gas."Por eso -insiste Mira- "no podía callar ante las palabras de Williamson, me hirió tanto saber que estaba en el país de mis nietos que no pude callar. Me gustaría que él me mire a los ojos y se atreva a negarme el Holocausto". Mira Kniaziew vivía en la ciudad de Bialystok, Polonia. Tenía 11 años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial y se desató la persecución nazi a los judíos. Como a tantos otros, un día le ordenaron -junto a su padre y a su madre- dejar su casa en 5 horas para vivir en un ghetto. Pero duró poco. Mira dice que ya no tiene lágrimas para contar lo que vino después. Y aunque ya no puede llorar, hay recuerdos imborrables como el de los bebés sin sus padres estirando los brazos y nadie que los agarrara. "Estoy segura que a la hora de mi muerte voy a verlos", dice.Mira recuerda el Holocausto y dice que estaba fríamente planificada, que fue una fábrica de exterminio de judíos. Incluso, que cuando los alemanes veían que perdían la Segunda Guerra destinaban casi todos los trenes para transportar judíos a los campos de concentración. En uno de ellos, Mira y sus padres llegaron a Auschwitz. "Hacinados. Sin aire. Dante al describir el infierno se quedó muy atrás", insiste. Allí, Mira y sus padres enfrentaron varias veces a la selección que hacía el médico Josef Menguele o "El Angel de la Muerte". Derecha para los que vivirían, izquierda para los que iban al gas. Un día, su madre no pasó la selección. Mira se aferró a ella para también morir. Esperaron entonces en la antesala de la cámara, pero nunca las fueron a buscar. Los Aliados habían tomado otro campo de concentración, Maidanek, y la orden de Adolf Hitler fue desmantelar el resto. "Había gente en la cámara de gas y los soltaron, salieron locos". Así, quedaron abandonadas en Auschwitz. Hasta que llegó la liberación total. Y la vida siguió. Se casó, tuvo una hija, vino a la Argentina, tuvo nietos y un bisnieto.Ayer, frente a la noticia de la expulsión de Williamson decía: "Yo viví en las entrañas del horror y me duele que Williamson viva acá. Por eso cuando hay algo de justicia es alentador y calma un poco las heridas. El Holocausto lo pagaron los judíos, pero fue un desastre para la humanidad. La memoria tiene que perdurar para que no haya otros holocaustos. Olvidar es peligroso para todos".
Artículo tomado de: http://www.clarin.com/diario/2009/02/20/elmundo/i-01862563.htm

5 comentarios:

HADA ISOL dijo...

Nadie puede negar el Holocausto,nadie con dos dedos de frente,como es el caso de Richard Williamson que fué expulsado de Argentina porque dijo que quería ver evidencia de que el Holocausto existió,y todos nos quedamos enfurecidos,hay evidencia de sobra que documenta el sufrimiento del pueblo judío,y evidencia viva en la memoria de quienes lo padecieron,entiendo bien la indignación que han sentido todos los ofendidos ante esta declaración,yo me sentí ofendida al escucahrlo como mantenía sus dichos,del holocausto no hay que olvidarse es una desgracia para humanidad toda.
Ana te dejo un fuerte abrazo!

esteban lob dijo...

Hola Ana:

Esos testimonios nos dejan una vez más sin palabras. Las mismas que, sin embargo, los Williamson y otros ¿desubicados? ¿hipócritas? ¿malintencionados? ¿ingenuos? o todas las anteriores lanzan al mundo para sembrar la duda entre generaciones posteriores.
Afortunadamente existen Anas que
mantienen latente la llama de los tiempos.

Un beso.

Anónimo dijo...

JASMIN:

Es indignante que alguien niegue el holocausto,resulta repugnante esta resistencia que obedece a la verguenza que sienten los involucrados solo intentan sembrar la duda sin embargo existen miles de personas que no olvidan y que en su memoria jamás lo olvidaremos y lo propagaremos por generaciones , como ser humano me comprometo a nunca olvidar el holocausto y llevarlo en la memoria de mis hijos y nietos hasta donde el eco de las voces de los miles de judios caidos se escuchen en todas las generaciones.

"El que no conoce su historia , esta condenado a cometer los mismos errores".

Luz dijo...

Estos dias e recordado el holocausto a travez de documentales y peliculas y me parece indignante y triste que exista gente capaz de negarlo de decir que fue un mito, como se puede olvidar a aquellos 6 millones de Judios que murieron, a las miles de familias que fueron separadas, a niños que fueron usados como conejillos de india y los actos horrorosos q cometieron los nazis porque perdieron el respeto a la vida, yo no vivi en ese tiempo pero se que el holocausto es real, mi abuelo era Judio y considero que en honor a todos aquellos que sufrieron no podemos dejar que el holocausto se olvide, es necesario pasarlo de generacion a generacion.

Anónimo dijo...

como alguien puede negar todas las atrocidades que cometieron los nazis? Hittler era el mismo Satanas y todos sus seguidores demonios... Si es inaceptable que hubieran personas (si asi se pueden llamar) capaces de cometer esto.. es aun mas inaceptable que hayan otros que tengan la voluntad de negar todo el suplicio vivido por los judios, personas de color y discapacitados...Seres como Joseps Mengele merecen vivir de nuevo... merecen una segunda vida para que paguen todos y cada uno de los daños que hicieron a tantas personas indefensas victimas de las locuras y la actitud`psicopata de un enfermo mental que le lavo el cerebro a los alemanes... De verdad me siento muy indignada.. Que esas personas nunca sientan lo q las victimas del holocausto nazi sintieron... xq seguramente son tan debiles que no sobrevivirian!