viernes, 26 de junio de 2009

Entrevista en RAC1 a Ana Rubio por su libro "Los nazis y el Mal"

Hola a todos:
Hace unas semanas me hicieron una entrevista (en catalán) en la radio por mi libro, "Los nazis y el Mal". Bien, pues ahora la emitirán este sábado a la 1 de la mañana. La emisora es RAC1, 87.7 FM (desde Barcelona). También podéis ecucharla por Internet, Entrevista a Ana Rubio Serrano por Sebastià d'Arbó.
El programa para el cual fuí entrevistada se llama “Misteris”.
Espero que os guste.

miércoles, 17 de junio de 2009

Burdeles para presos en los campos

No sólo en Auschwitz, como informaba el diario polaco Rzeczpospolita, sino también en otros nueve campos de concentración y exterminio nazis existieron burdeles para presos: "Los prostíbulos fueron organizados en diez campos nazis de concentración y exterminio en 1941 personalmente por Heinrich Himler, jefe de las SS", dice el diario.
Los burdeles se crearon como una especie de premio concedido a los presos por su buen comportamiento, su esforzado trabajo o su utilidad para el personal nazi del campo además de evitar con ellos al mismo tiempo la propagación de la homosexualidad. Una exposición itinerante, que puede visitarse hasta el 30 de septiembre en el antiguo campo de Ravensbrück, cerca de Berlín, documenta uno de los aspectos más sórdidos y menos conocidos de la vida en los campos nazis.
Las mujeres que trabajaban en el prostíbulo también eran presas a las que los nazis les daban a elegir entre la prostitución o la muerte.
El preso que recibía el derecho a aprovechar los servicios del prostíbulo pasaba un breve examen médico, para detectar si no tenía alguna enfermedad venérea, entregaba dos marcos al funcionario de las SS que gestionaba el negocio, que era el precio que tenía también un paquete de cigarrillos, y podía subir al piso alto del barracón en el que las presas esperaban a los clientes.
"Las chicas estaban vestidas como si fuesen mujeres normales que vivían en libertad, con ropa bonita y limpia, porque esa sensación de normalidad aumentaba el atractivo de los prostíbulos y el interés de los presos por conseguir el permiso para aprovechar sus servicios", dice "Rzeczpospolita".
La visita al burdel, que no estaba permitida a los judíos, dejaba poco espacio para fantasías. Y el acto sexual no podía durar más de veinte minutos y sólo se permitía la posición del misionero. El cliente y la prostituta eran observados por un guardián a través de un agujero en la puerta para garantizar que se cumpliera la prohibición de hablar.
El diario señala que los prostíbulos ayudaban a los alemanes a mantener la calma en los campos, porque los participantes en cualquier suceso de insubordinación perdían durante muchos meses el derecho a traspasar sus puertas.
"Rzeczpospolita" cita la opinión del profesor Jozef Szajna, ex preso de Auschwitz que tiene tatuado el número 18.729, que los burdeles cumplían en el sistema nazi de represión un papel muy importante, porque, por un lado, servían para comprar la tranquilidad en los campos de exterminio y, por otro les proporcionaban considerables ingresos.
"Todo aquel que piensa que el burdel que funcionaba en la barraca 24 de Auschwitz era un gesto de compasión de los nazis hacia los presos se equivoca del todo, porque su objetivo era hundir en la humillación más profunda tanto a las presas obligadas a prostituirse, como a sus compañeros de desgracia que se aprovechaban de la explotación canallesca de las mujeres", señala Szajna.
Los burdeles de los campos muestran una vez más el "oportunismo" en el que se basaba la política de la doble moral de destrucción nazi: el mismo Gobierno que combatía oficialmente la prostitución mantenía al mismo tiempo una red de burdeles. A muchas de las mujeres que fueron a parar a Ravensbrück se les cosía un triángulo negro en la manga que las distinguía como 'asociales'. Esta categoría incluía también desde 1938 a parados, mendigos, prostitutas, homosexuales y gitanos. Los nazis consideraron asociales a mujeres que simplemente cambiaban con frecuencia de trabajo o llamaban la atención por su estilo de vida. La comandancia de los campos ocultaba siempre dos cosas a los visitantes: el crematorio y el burdel. Pero también después de 1945 los museos de los antiguos campos no han dedicado prácticamente ninguna atención a estas barracas de prostitución. «Eso,- cree la directora del museo de Ravensbrück, Insa Eschebach- da que pensar». Durante mucho tiempo, la prostitución en los campos de concentración no se ha considerado como trabajo forzado, con el argumento de que las mujeres que la practicaron «ya se dedicaban a ello antes de ser internadas» o de que lo hacían «voluntariamente». «Hoy en día, quienes sacan provecho de las redes de prostitución de mujeres africanas o de Europa del Este siguen utilizando el argumento de la libre opción para justificar sus negocios criminales», explica Eschebach.Las SS seleccionaban a estas mujeres en Ravensbrück y las separaban del resto antes de enviarlas a los otros campos. Se vestían con ropa de calle, se lavaban y recibían comida de la cocina de sus captores. Documentos de lo que podríamos llamar la «administración sanitaria» de los campos describen el pésimo estado físico de estas mujeres antes de ser devueltas a Ravensbrück, donde se les practicaron abortos y fueron víctimas de experimentos médicos sobre enfermedades de transmisión sexual. Una vez liberados los campos, la mayoría de estas mujeres ocultó su experiencia como esclavas sexuales. La exposición de Ravensbrück quiere contribuir a romper este tabú del sexo en los campos de exterminio.

martes, 9 de junio de 2009

Marie-Claude Vaillant-Couturier, testigo del genocidio judío y gitano en Auschwitz

Marie-Claude Vaillant-Couturier declaró ante el Tribunal Internacional de Nuremberg en 1945. Fue testigo del genocidio de judíos y gitanos en Auschwitz, así como también, un miembro activo de la resistencia dentro del mismo campo.
A continuación transcribimos un extracto de su declaración. Para leerla entera podéis cliclar en el siguiente enlace:
EXTRACTO DECLARACIÓN DE Mme. VAILLANT-COUTURIER


Vaillant-Couturier: En general, de un transporte de 1.000 a 1.500 personas, unas 250 llegaban al campo, y esto era lo máximo; enviaban a los demás directamente a las cámaras de gas.

En la selección, escogían a las mujeres sanas de entre 20 y 30 años de edad, y las enviaban al "bloque de experimentación". Enviaron al campo a las muchachas y las mujeres de un poco más de edad o que no habían sido escogidas para este propósito, y como a nosotras, les raparon la cabeza y las numeraron con tatuaje.

En la primavera de 1944, también existió un bloque para mellizos. Era en la época de los enormes trasportes de judíos húngaros que totalizaron unas 700.000 personas. El Dr. Mengele, que realizaba los experimentos, interceptaba a los niños mellizos de todos los transportes, así como a los mellizos de cualquier edad, con tal de que ambos mellizos se encontraran juntos. En ese bloque, tanto los niños como los adultos dormían en el suelo. Además de los análisis de sangre y las medidas, no sé cuáles fueron los experimentos que se hicieron.

M. Dubost: ¿Ha asistido Vd. a la selección, cuando llegaban los transportes?

Vaillant-Couturier: Sí... Entonces veíamos cómo abrían los vagones y cómo los soldados arrastraban afuera de los camiones a las mujeres, a los hombres y a los niños. Cuando separaban a las parejas de ancianos presenciábamos las escenas más terribles. Las madres debían abandonar a sus hijas porque éstas eran llevadas a los campos, mientras las madres y los niños iban a las cámaras de gas. Entre toda esa gente, no había nadie que supiera cuál era el destino que le esperaba. Sólo parecían trastornados porque los habían separado unos de otros, pero no sabían que estaban dirigiéndose hacia la muerte.
Para que su acogida fuera agradable, en aquél momento -junio y julio de 1944, eso es-, existía una orquesta compuesta de prisioneras, muchachas vestidas con blusas blancas y faldas azul marino, todas ellas guapas y jóvenes, que tocaban melodías alegres cuando llegaban los trenes. (...) Les decían que se trataba de un campo de trabajo, y como no entraban en el campo, no veían nada aparte de la pequeña terraza decorada con plantas verdes, donde la orquesta tocaba. No podían saber lo que les esperaba.

A los que llevaban a las cámaras de gas, -es decir a los ancianos, los niños y otros- los llevaban a un edificio de ladrillos rojos. (...)
Los llevaban a un edificio de ladrillos rojos con un cartel que indicaba "baños". Allí, les ordenaban desnudarse y les daban una toalla antes de llevarlos a la denominada sala de ducha. Más tarde, en la época de los grandes transportes de Hungría, no les dejaban ningún tiempo para que pudieran desnudarse. Les arrancaban sus ropas con brutalidad. Conozco estos detalles por una joven judía de Francia. (...)

La llamaban "la pequeña Marie" y era la única sobreviviente de una familia de 9 personas. En cuanto llegaron, su madre y sus siete hermanos y hermanas fueron llevados a las cámaras de gas. Cuando la conocí, se encargaba en desnudar a los niños pequeños antes de enviarlos a la cámara de gas.
Después de que las personas fueran desnudadas, las llevaban a un cuarto que parecía una sala de ducha, y por un agujero del techo, arrojaban las cápsulas de gas dentro del cuarto. Un guardia de las SS observaba los efectos a través de una mirilla. Después de unos 5 o 7 minutos, cuando el gas ya había hecho su efecto, daba una señal para que abrieran las puertas.
Hombres con máscaras de gas -que también eran prisioneros- entraban y sacaban los cuerpos. Nos decían que antes de morir los prisioneros probablmente habían sufrido, porque se habían aferrado juntos, en grupos, formando como racimos, de tal modo que resulta difícil separarlos. (...)