martes, 9 de junio de 2009

Marie-Claude Vaillant-Couturier, testigo del genocidio judío y gitano en Auschwitz

Marie-Claude Vaillant-Couturier declaró ante el Tribunal Internacional de Nuremberg en 1945. Fue testigo del genocidio de judíos y gitanos en Auschwitz, así como también, un miembro activo de la resistencia dentro del mismo campo.
A continuación transcribimos un extracto de su declaración. Para leerla entera podéis cliclar en el siguiente enlace:
EXTRACTO DECLARACIÓN DE Mme. VAILLANT-COUTURIER


Vaillant-Couturier: En general, de un transporte de 1.000 a 1.500 personas, unas 250 llegaban al campo, y esto era lo máximo; enviaban a los demás directamente a las cámaras de gas.

En la selección, escogían a las mujeres sanas de entre 20 y 30 años de edad, y las enviaban al "bloque de experimentación". Enviaron al campo a las muchachas y las mujeres de un poco más de edad o que no habían sido escogidas para este propósito, y como a nosotras, les raparon la cabeza y las numeraron con tatuaje.

En la primavera de 1944, también existió un bloque para mellizos. Era en la época de los enormes trasportes de judíos húngaros que totalizaron unas 700.000 personas. El Dr. Mengele, que realizaba los experimentos, interceptaba a los niños mellizos de todos los transportes, así como a los mellizos de cualquier edad, con tal de que ambos mellizos se encontraran juntos. En ese bloque, tanto los niños como los adultos dormían en el suelo. Además de los análisis de sangre y las medidas, no sé cuáles fueron los experimentos que se hicieron.

M. Dubost: ¿Ha asistido Vd. a la selección, cuando llegaban los transportes?

Vaillant-Couturier: Sí... Entonces veíamos cómo abrían los vagones y cómo los soldados arrastraban afuera de los camiones a las mujeres, a los hombres y a los niños. Cuando separaban a las parejas de ancianos presenciábamos las escenas más terribles. Las madres debían abandonar a sus hijas porque éstas eran llevadas a los campos, mientras las madres y los niños iban a las cámaras de gas. Entre toda esa gente, no había nadie que supiera cuál era el destino que le esperaba. Sólo parecían trastornados porque los habían separado unos de otros, pero no sabían que estaban dirigiéndose hacia la muerte.
Para que su acogida fuera agradable, en aquél momento -junio y julio de 1944, eso es-, existía una orquesta compuesta de prisioneras, muchachas vestidas con blusas blancas y faldas azul marino, todas ellas guapas y jóvenes, que tocaban melodías alegres cuando llegaban los trenes. (...) Les decían que se trataba de un campo de trabajo, y como no entraban en el campo, no veían nada aparte de la pequeña terraza decorada con plantas verdes, donde la orquesta tocaba. No podían saber lo que les esperaba.

A los que llevaban a las cámaras de gas, -es decir a los ancianos, los niños y otros- los llevaban a un edificio de ladrillos rojos. (...)
Los llevaban a un edificio de ladrillos rojos con un cartel que indicaba "baños". Allí, les ordenaban desnudarse y les daban una toalla antes de llevarlos a la denominada sala de ducha. Más tarde, en la época de los grandes transportes de Hungría, no les dejaban ningún tiempo para que pudieran desnudarse. Les arrancaban sus ropas con brutalidad. Conozco estos detalles por una joven judía de Francia. (...)

La llamaban "la pequeña Marie" y era la única sobreviviente de una familia de 9 personas. En cuanto llegaron, su madre y sus siete hermanos y hermanas fueron llevados a las cámaras de gas. Cuando la conocí, se encargaba en desnudar a los niños pequeños antes de enviarlos a la cámara de gas.
Después de que las personas fueran desnudadas, las llevaban a un cuarto que parecía una sala de ducha, y por un agujero del techo, arrojaban las cápsulas de gas dentro del cuarto. Un guardia de las SS observaba los efectos a través de una mirilla. Después de unos 5 o 7 minutos, cuando el gas ya había hecho su efecto, daba una señal para que abrieran las puertas.
Hombres con máscaras de gas -que también eran prisioneros- entraban y sacaban los cuerpos. Nos decían que antes de morir los prisioneros probablmente habían sufrido, porque se habían aferrado juntos, en grupos, formando como racimos, de tal modo que resulta difícil separarlos. (...)