domingo, 17 de octubre de 2010

Primera muestra sobre Hitler y los nazis en Berlín



Por primera vez desde laguerra, se inauguró el viernes –con miles de visitantes– en un museo importante de Berlín una muestra sobre Adolf Hitler. El objetivo es analizar larelación entre el Führer y la nación alemana. Hitler y los alemanes: Nación y crimen, la muestra que ofrece el Museo Histórico Alemán de Berlín, ha sido elogiada por echar abajo tabúes y reabrir el debate sobre cómo fue que Hitler pudoseducir a una nación con tanto éxito. “Nos guste o no, él sigue siendo nuestro sello distintivo más fuerte”, dijo Karl Schnorr, un ingeniero jubilado de 68 años, en la preapertura de laexposición. “Quizá sea hora de que lo dejemos atrás, pero primero tenemos que entender por qué nos sedujo tan completamente.” La muestra coincide con un sondeo publicado esta semana en elque uno de cada diez alemanes reconoció que le gustaría tener una figura estilo Führer que “gobernara Alemania con mano dura”, mientras que el 35 por ciento dijo que el país estaba “peligrosamente invadido” de extranjeros.

La exposición se propone explicar cómo la personalidad y los ideales de Hitler calaron hasta lo más profundo de la vida alemana. Entre los cientos de piezas expuestas, hay colecciones de objetos alusivos y propaganda nazi, como posavasos de cerveza, naipes, soldaditos de plomo y pantallas para lámparas con la esvástica.

También se estudian minuciosamente la obsesión casi fetichista de los alemanes por los uniformes de la era nazi y cuestiones como el hecho de que las iglesias establecidas se alinearan tan fácilmente con el nazismo.

Pero, como reflejo de lo delicado del tema, casi no hay objetos que pudiera haber tocado Hitler. “Esas reliquias tangibles conllevan el peligro de fomentar un culto al Führer”, explicó Simon Erpel, uno de los curadores. “Un coleccionista nos ofreció su portafolio pero lo rechazamos por ese motivo.” Entre las excepciones, se halla una elegante cómoda de madera oscura de la cancillería de Hitler, filigranada con cientos de esvásticas, que ha sido colgada en diagonal sobre una pared y está protegida de posibles admiradores de Hitler por un fino panel de gasa.

En un país donde el saludo nazi, Mein Kampf y las esvásticas siguen prohibidos , el nerviosismo de los curadores es palpable. Además de la decisión de no reproducir grabaciones de los discursos de Hitler, no se muestra ninguna imagen de él aislada. Los tres enormes retratos de diferentes etapas de su vida que abren la muestra incluyen un fotomontaje de su rostro sobre una calavera. Detrás de cada foto, impresas sobre gasa, aparecen las imágenes de sus partidarios, soldados marchando y trabajadores desempleados.

Además de uniformes de las SS, hay uniformes de prisioneros de los campos de concentración y letreros de calles donde se lee “Prohibidos los judíos”, para garantizar que los mayores crímenes de los nazis, el asesinato de millones de judíos, gitanos y adversarios de régimen, sean parte del debate.

Una película de propaganda que muestra la visita de Mussolini a Berlín en 1937 se proyecta junto a escenas de la sátira de Charlie Chaplin El gran dictador. “Somos plenamente conscientes de lo que hacemos y planeamos todo esto con sumo cuidado”, dijo el profesor Hans-Ulrich Thamer, el curador en jefe. “La razón de que esto esté ocurriendo ahora es que todas las generaciones tienen la necesidad de hacer preguntas. El demonio murió hace mucho, lo que queda son muchas expresiones y explicaciones contradictorias. La generación actual se acerca a esto con curiosidad”, señaló.

Comprimidos dentro de una misma vitrina, hay un conjunto de bustos de Hitler de bronce y terracota. “Los ubicamos con particular cuidado para que nadie pueda posar fácilmente junto a ellos”, explicó Thamer.


La exposición, que llevó seis años de preparación y contó con el asesoramiento del historiador británico y biógrafo de Hitler Ian Kershaw, propone la tesis de que el líder nazi logró movilizar las esperanzas y los temores sociales de los alemanes pero que su aptitud para seducirlos tuvo poco que ver con sus características personales. “De joven era un personaje poco atractivo”, dijo Thamer.

La muestra llega tras una serie de películas, documentales e incluso comedias recientes que intentaron desmitificar al líder nazi. El intento más aclamado fue el filme de 2004 La caída , que dramatizó los últimos días del Führer en su claustrofóbico bunker de Berlín.

Un indicio de que el tema dista de estar agotado es la conferencia que acompaña la exposición, titulada “Estamos muy lejos de haber terminado con Hitler”.

Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/exhibe-Berlin-primera-muestra-Hitler_0_355164691.html


lunes, 6 de septiembre de 2010

Mazaltov Behar Mordoh, "Fofo", una superviviente de los experimentos médicos


A esta extraordinaria mujer tuve el honor de conocerla hará más de un año en una conferencia de la Entessa Judeo-Cristiana de Barcelona. Su testimonio no dejó indiferente a nadie y sus últimas palabras fueron en recuerdo de una mujer que no conoció, que ni siquiera sabe quién fue y quien murió en su lugar. Dijo, más o menos, lo siguiente: "No puedo estar contenta por haber sobrevivido, sabiendo que otra mujer ocupó mi lugar. Era yo quien tenía que morir. Siempre me acuerdo de ella". Nos conmovió a todos los presentes. No es que no estuviese contenta de no haber sobrevivido, sino que en medio del horror se dio cuenta de que una vida no sustituye otra. Después de este recuerdo, os dejo con la noticia.
Mazaltov Behar Mordoh, 'Fofó' para los conocidos, es un testimonio vivo del Holocausto; una prisionera de 17 años en Auswitchz que fue obligada a someterse a terribles experimentos médicos.
"Sobreviví gracias al doctor Samuel y a la enfermera Fela", declara a ELMUNDO.es esta judía de origen griego, que ofrece su testimonio con motivo de la celebración de un curso sobre Medicina en el Holocausto organizado por la casa Sefarad (Madrid).
Fofó formó parte del grupo de jóvenes vírgenes seleccionado por el doctor Carl Clauberg para realizar experimentos de esterilización. Se trataba de dar con un método rápido para acabar con la reproducción de seres que pudiesen 'ensuciar' la raza.
La capacidad de elegir no existía en los campos de concentración. Negarse a seguir el dictamen, suponía la muerte. Es lo que le ocurrió a la cuñada de Fofó. "Quería tener hijos y se negó a participar en los ensayos de Clauberg; la mataron", afirma esta superviviente. Ella, sin embargo, sí acudió al 'bloque 10', aquel en el que se realizaban distintos 'experimentos' y en el que se alojaba a 'las cobayas' humanas.

Una cirugía falsa

"Me pusieron una madera y me radiaron con unas máquinas. Consiguieron pudrirme un ovario y mi riñón dejó de funcionar", lamenta. Tras estudiar los 'efectos' de esta técnica, se encargó a un médico de 80 años y a una enfermera, Samuel y Fela (ambos judíos), la esterilización de Fofó. Fingieron llevarla a cabo, pero lo único que hicieron fue extraer el órgano dañado.
El número de presa de Fofó.| J. B.
El número de presa de Fofó.| J. B.
"El día después de la operación yo no hacía más que llorar. Samuel se sentó en mi cama y le pregunté si podría tener hijos. Ahí fue cuando me dijo que no me había hecho nada malo, que sólo me había extirpado lo que estaba podrido". Pocos días después, Samuel fue ejecutado.
Hasta en dos ocasiones Mazaltov (un nombre que significa 'buena suerte') fue llamada a la cámara de gas por su número de prisionera -"es de las pocas palabras que sé en alemán", dice mientras repite este código numérico- . Pero, en ambas ocasiones logró zafarse de la muerte con la ayuda de Fela. Esta enfermera se encargó de esconderla -"me trataba como a su hija", recuerda Fofó- y también de alimentarla y llevarle hasta 15 pastillas diarias con las que tratar la disfunción renal que sufría.
Medio siglo después, a sus 85 años y bajo tratamiento para un cáncer de pulmón, esta superviviente, afincada en Lloret del Mar, no deja de dar las gracias por estar viva. "Él sabía que lo iban a matar pero decidió salvarme", afirma emocionada. Gracias a aquello, es madre de David Samuel, un hijo que lleva el nombre de su hermano fallecido y el de aquel médico.
Fuente:
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2010/09/03/noticias/1283529030.html

martes, 31 de agosto de 2010

Eduardo Martínez, el agente 055A, un español al servicio del gobierno británico, burló a la Gestapo

Un médico vigués fue uno de los agentes secretos más destacados del Gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial. Eduardo Martínez Alonso, nacido en 1903, ayudó a escapar a centenares de refugiados que cruzaban los Pirineos huyendo de la ocupación nazi desde 1940 a 1944. La historia fue descubierta por su hija, Patricia Martínez de Vicente, antropóloga social, al tirar del hilo cuando se encontró con su diario personal doce años después de su muerte, sucedida en 1972.
Confidencialidad
El nuevo material le ha permitido confirmar que Eduardo Martínez tenía un compromiso escrito con el Gobierno británico para guardar la más absoluta confidencialidad sobre sus actuaciones.
Además ha desvelado que Franco conocía la existencia de las rutas de fuga a lo largo de la cornisa cantábrica, pero no las persiguió porque el mismo agente vigués coordinaba el envío de ayuda humanitaria por medio de la Cruz Roja. «Fue una especie de intercambio o soborno: ellos hacían la vista gorda y dejaban pasar a los refugiados, porque a cambio recibían medicinas y alimentos; durante aquellos años se enviaron más de dos millones de vacunas contra el tifus», comentaba su hija.
Familia pudiente
Eduardo Martínez Alonso era miembro de una adinerada familia de Vigo y de pensamiento liberal durante la segunda mitad del siglo pasado. «Podía haber llevado una vida más acomodada, pero no lo hizo porque ejerció la medicina durante la Guerra Civil y quedó impactado por las atrocidades de la guerra», afirma Patricia Martínez.
Su abuelo, Antonio Alonso Santodomingo, era de Baiona y fue pionero en la industrialización conservera de la ciudad olívica con la fundación de la compañía Palacio del Oriente, que hoy en día sigue funcionando.
Terminó los estudios de Medicina en la ciudad inglesa de Liverpool, donde su padre ejercía como cónsul de Uruguay. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, quiso alistarse en el Ejército para luchar contra el nazismo, pero fue reclutado para los servicios de espionaje.
Más de 300.000 refugiados consiguieron huir a América por la Península gracias a 16 rutas de evacuación en España y Portugal. Entre 100 y 200 personas cruzaban la frontera francesa cada día. Eduardo Martínez era la conexión en Galicia. Los refugiados eran acogidos en su piso del centro de Vigo y en las diez habitaciones de su casa de veraneo en Redondela. De allí eran embarcados en el puerto de Vigo o bien cruzaban clandestinamente el río Miño desde Tui en dirección a Lisboa.
Los refugiados llegaban en taxi desde Madrid y en Tui cruzaban el Miño clandestinamente.
Los testimonios personales encontrados en los informes que hasta hace dos años eran secretos dan cuenta de la aventura que suponía facilitar la huida a los refugiados y de la complicidad que encontraban en las poblaciones ribereñas de ambos lados. Eduardo Martínez había diseñado dos rutas de huida hacia Portugal en la comarca de O Baixo Miño. El primer punto estaba situado a tres kilómetros de Guillarei, en Tui. «Allí los hermanos Alén poseen una casa, una tienda y una pequeña granja, tienen un negocio de contrabando y son bien conocidos de los carabineros, con quienes se llevan de maravilla», decía en uno de los informes que han sido desclasificados.
La otra ruta estaba situada a unos tres kilómetros de distancia. Allí esperaba un agente, conocido por el alias Trimotor, «cuñado de uno de los carabineros, también tiene una casa con terreno y un barquito de pesca que puede albergar a unos 12 hombres», según puede leerse en uno de los informes.
Aviso por telegrama
Los refugiados llegaban en taxi desde Madrid, tras pasar por Barcelona o Pamplona. El conductor, de apodo Ríos, era un miembro de la trama. Lo avisaban con un telegrama con la frase clave «Vete al express de Madrid el jueves». Así sabía que al día siguiente debería realizarse el cruce.
La comunicación se firmaba con cualquier nombre comenzado por A cuando se iba a utilizar la ruta de los Alén y con T si se usaba el camino guiado por Trimotor. Los agentes percibían un promedio de 2.000 pesetas por cruce, que incluía el soborno a la policía portuguesa, mientras que el taxista obtenía otras 500 pesetas por su trabajo.
Fuente:
http://www.memoriahistorica.org/modules.php?name=News&file=print&sid=513

sábado, 28 de agosto de 2010

Se pide la apertura del caso del SS Klass Faber


Alemania analiza reabrir el caso de un criminal nazi holandés residente en el país, tras las presiones de unos 150 juristas israelíes, que exigen la pena efectiva para el genocida condenado en 1947, aunque la justicia alemana lo rechaza desde hace medio siglo por "falta de pruebas".
A comienzos de agosto, los juristas escribieron una carta abierta el ministro de Justicia de Israel, Yaakov Neeman, en la que expresaron "indignación" por la impunidad que afirman goza Klaas Faber, de 88 años, residente en Alemania desde los 60, ya condenado a muerte en Holanda por una larga lista de homicidios cometidos durante el régimen nazi.
Dos días atrás, Neeman escribió una carta a la ministra de Justicia alemana, Sabine Leutheusser-Schnarrenberger, quien según trascendió contactó al Ministerio de Justicia de Bavaria, región en la que vive Faber.
”La protección que le da la ley alemana a este criminal de guerra convicto, dejándolo vivir sin problemas en Alemania, es una ofensa a la ley a los valores humanos. Y, por su desprecio a la seriedad de los crímenes del Holocausto, envía un mensaje dañino a la sociedad moderna”, dijo David Schonberg, el abogado israelí que organizó la petición.
"Esperamos que nuestro gobierno tome un papel más activo en los esfuerzos por llevar a los criminales de guerra nazis ante la justicia”, remarcó Schonberg.
La petición fue presentada en el Centro Simon Wiesenthal.
La organización también le solicitó a las autoridades israelíes para que inste a Alemania a cancelar el Führer Befehl, la "ley" que otorga la ciudadanía alemana a los no colaboradores nazis y de esta manera los protege de la extradición a sus países de origen para hacer frente al procesamiento.
La petición también cuenta con el apoyo del Centro de Organizaciones de sobrevivientes del Holocausto y Yad Vashem.
Klass Faber hoy residente en en Ingolstadt con su esposa Jacoba, fue miembro de las SS y estuvo en servicio también en el campo de transición de Westerbork, donde Anna Frank y Etty Hillesum estuvieron detenidas por un tiempo.
El ex-oficial fue condenado a muerte en Holanda en 1947 por la matanza de 22 personas (pena luego conmutada a cadena perpetua), se fugó de la cárcel de Breda en 1952, año en que se refugió en Alemania por la ley antes referida, el Führer Befehl.
En 1957, un tribunal de Düsseldorf rechazó por "falta de pruebas" un pedido de Holanda de hacer cumplir en Alemania la pena a Faber.
En 2004, un tribunal de Ingolstadt tomó la misma decisión ante otro pedido holandés, citando el veredicto de 1957.
El gobierno holandés pidió otras veces a Alemania la extradición del hombre. Pero en 2006 la justicia alemana estableció que Faber era culpable de homicidio culposo, un delito por el cual el término de prescripción había vencido.
Hoy, la ministra de Justicia alemana, Sabine Leutheusser-Schnarrenberger, parece favorable a rever la posición en torno de Faber y, según una fuente del Ministerio de Justicia de Bavaria, una reapertura del caso "es posible".

El periódico The Sun incluye un vídeo de unos 2 minutos en inglés, os dejo el vídeo y el enlace del diario para aquellos quienes estéis interesados:
video

http://www.thesun.co.uk/sol/homepage/news/3040698/Nazi-executioner-strolls-in-park.html

Fuentes:
http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=432901
http://www.prensajudia.com/shop/detallenot.asp?notid=20903

jueves, 26 de agosto de 2010

Berlín, nueva exposición sobre el nazismo

Berlín realiza un exhaustivo repaso al régimen nazi, desde su llegada al poder hasta su fin con la Segunda Guerra Mundial, a través de la reapertura de una exposición al aire libre situada en el mismo lugar donde la Gestapo y las SS tomaron sus decisiones más terroríficas.

Bajo el título 'Berlín 1933-1945: entre la propaganda y el terror', se recoge una exposición en la que, mediante 77 paneles, se explica cómo Berlín pasó de ser un bastión de izquierdas a la capital del Tercer Reich.

A lo largo de 150 metros y dividida en cinco capítulos, una selección de fotos, cartas y recortes de prensa, así como pantallas con vídeos y altavoces, realizan un repaso del antes, el después y el durante del régimen nacionalsocialista en la capital alemana.

La muestra comienza con una ojeada a la situación de Berlín durante la República de Weimar, donde sus 110 bibliotecas, 41 teatros, 396 cines y 30 museos la convertían en una de las urbes europeas culturalmente más interesantes.

LLEGAN LOS NAZIS

La llegada al gobierno de los nazis y su asentamiento en el poder ocupa la siguiente parte de la exposición, en la que puede verse a Adolf Hitler como canciller, a Joseph Goebbels como ministro de propaganda y a Hermann Göring como Ministro del Aire.

"Quien puede conquistar las calles, puede conquistar las masas y quien conquista las masas conquista el Estado" indicó Goebbels, en uno de sus discursos una vez los nazis llegaron al poder, según señala uno de los paneles de la exposición,

Entre las fotografías más impactantes se sitúan las fechadas el 10 de mayo de 1933, donde instantáneas de grandes hogueras muestran la quema de libros que llevaron a cabo los nazis para acabar con las obras de autores como Erich Kästner, Heinrich Mann, Rosa Luxemburgo, Karl Marx o Friedrich Engels.

La muestra continúa con el modelo de sociedad que quería imponer el nazismo, apelando a la comunidad y en la que se establecieron como días de fiesta nacional el 20 de abril, cumpleaños de Hitler, 4 de diciembre, día de la solidaridad, o el 28 de septiembre de 1937, debido a la visita oficial de Benito Mussolini.

LA "FAMILIA ARIA"

La voluntad de desarrollar la "familia aria" y la persecución de los homosexuales, gitanos y judíos, así como la megalomanía del régimen, son otras de las políticas nazis que quedan documentadas en la exposición.

La Segunda Guerra Mundial, sus devastadores efectos y sus consecuencias, como la división de la ciudad en cuatro partes, conforman los últimos paneles explicativos de la muestra.

Cronologías con los acontecimientos más importantes y la posibilidad de escuchar varios de los discursos de Hitler o Goebbels son algunas de las principales novedades de la exposición, que después de un largo tiempo cerrada, mañana volverá a abrir sus puertas al público.

TRANSPARENCIA EN LA MUESTRA

La comisaria de la exposición, Claudia Steur, indicó que "se ha querido mostrar de manera transparente cómo fueron aquellos años, en los que no había nada de transparencia".

La muestra toma más importancia por su localización, en la denominada 'Topografía del Terror', ubicada en las ruinas de lo que fueron los sótanos del Cuartel General de la policía secreta del Estado, la Gestapo, la Oficina Central de Seguridad del Reich y la sede de los jefes supremos de las SS.

Las grandes decisiones sobre la persecución de los oponentes políticos, la "germanización" de los territorios ocupados por los nazis, el asesinato de los prisioneros de guerra soviéticos y el genocidio de los judíos europeos fueron tomadas en ese lugar 70 años atrás. De allí salieron los 'Einsatzgruppen, los comandos especiales para asesinar a los "enemigos" del régimen, y se realizaron los preparativos para la Conferencia de Wannsee, que daría lugar al holocausto.

Un lugar donde el terror y el asesinato fue planeado y organizado a gran escala y que ahora, en el mismo lugar, se pretende "hacer un repaso de lo que sucedió entonces para poder entender las consecuencias del presente", en palabras del director de la fundación de la Topografía del Terror, Andreas Nachama.

La exposición, situada también al lado de un trozo de muro de Berlín, está completada por un centro de documentación inaugurado en mayo pasado y será de acceso gratuito durante todos los días del año.

Fuente:

http://www.elreferente.es/actualidad/berlin-la-historia-y-las-consecuencias-mas-terrorificas-del-nazismo-9416

Francia abre sus archivos de la ocupación nazi

La publicación en la red simplificará el trámite, abriendo el camino para que cualquiera entre a ese universo y se entere, con sólo presionar unas teclas, si algún pariente, vecino o conocido está nombrado en los documentos.
Los expertos opinan que la operación es parte de un proceso reciente de la sociedad francesa para dejar de lado los mitos y engaños sobre la ocupación y la resistencia, y asumir los hechos de la época tal como fueron.

Pero también advierten sobre el riesgo de que el acceso abierto a los archivos lleve a algunos a sacar conclusiones erróneas sobre quiénes delataron a gente o aportaron información comprometedora a la policía.
La digitalización abarcará diversos archivos policiales de París, desde informes generales hasta seguimiento de individuos, transcripciones de interrogatorios o cartas de delación de judíos, comunistas o resistentes
"Son documentos de una importancia crucial", dijo Denis Peschanski, historiador y director de investigaciones en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS por sus siglas en francés).
"Muestran, sobre todo, el carácter muy profesional de la policía de París y el papel de la policía francesa durante su colaboración con los ocupantes", indicó Peschanski a BBC Mundo.

Del sótano a la red

Los archivos han sido guardados durante décadas en el subsuelo a del Museo de la Prefectura de Policía, en pleno de París, y hasta ahora el acceso a ellos es restringido.
Mientras muchos documentos sensibles fueron destruidos tras la liberación de Francia, otros miles fueron guardados en cajas y clasificados durante 75 años por una decisión del gobierno de la posguerra.
Ese período comenzará a caducar en 2015 para los documentos fechados en 1940 y en los años siguientes para el resto del material.
Aunque hace algunos años se permitió el acceso al material, se establecieron condiciones como pedidos de autorización y justificaciones previas que hicieron complejo el trámite para gente común.
No obstante, algunos investigadores e historiadores como Peschanski han podido bucear en las cajas para tareas específicas, como libros o documentales.

"Mitos"

La policía francesa brindó una ayuda crucial a las fuerzas nazis y al régimen de Vichy instalado tras la caída de París y la firma del armisticio con Alemania en junio de 1940.
Las fuerzas policiales estaban lideradas por René Bousquet, definido por el comandante de la SS Heinrich Himmler como un valioso colaborador, asesinado en 1993 cuando iban a juzgarlo por crímenes contra la humanidad.
Se estima que unos 77.000 judíos fueron deportados desde Francia a campos de concentración nazis.
Tras la liberación de París en 1944, las autoridades y la sociedad francesa en general evitaron analizar y asumir plenamente lo que ocurrió durante la ocupación.
Pero Peschanski sostiene que en los años ’70 comenzó un proceso diferente que se “aceleró” en los últimos para revisar y comprender esa página negra de la historia.
"Aceptamos esta herencia: el discurso de que Francia estaba en Londres o en la resistencia, va a integrar el hecho de que Francia estaba también en Vichy", dijo.
Jean-Marc Berlière, un historiador francés experto en el papel de la policía durante la ocupación, sostuvo que "Francia vivió demasiado tiempo con una cantidad de mentiras sobre lo que pasó en la guerra".
"Contamos historias dignas de cuentos de Papá Noel y provocamos la existencia de mitos", dijo Berlière a BBC Mundo. El historiador expresó su satisfacción porque haya "un conocimiento total y completo" de lo sucedido.

Juicios morales

El proceso que Francia ha hecho para digerir su pasado ha tenido etapas importantes.
En 1995 el entonces presidente francés Jacques Chirac habló del papel de su país en la Shoah y el año pasado el Consejo de Estado, máximo tribunal francés, reconoció la "responsabilidad" del país en el Holocausto.
Este año, una película recreó los hechos de la Rafle du Vel d’Hiv de 1942, cuando la policía francesa realizó redadas a unos 13.000 judíos (más de 4.000 eran niños) para llevarlos a un velódromo y a campos de concentración.
Para muchos, la realización de ese filme en Francia era impensable tiempo atrás.
Sin embargo, los expertos se muestran inquietos por el nuevo paso que Francia prepara con la digitalización y puesta en línea de los archivos de la policía de París.
"La gente va a ir a buscar quién denunciaba, causaba arrestos o hablaba durante su arresto: eso es un problema", dijo Berlière. "¿Podemos sin preparación confiar documentos muy complejos a gente sin experiencia?".
En esos años, agregó, hubo judíos que denunciaron a judíos porque su familias estaban de rehenes, y resistentes que denunciaron a resistentes porque creían que sus tácticas era más bien dignas de bandidos o terroristas.
"Hay que desconfiarse siempre de los juicios morales", advirtió Peschanski.
"Podemos decir que hubo gente que habló o no bajo tortura o interrogatorios muy duros", dijo. "Que la gente hablara era la regla, sin juicios morales… Lo asombroso es que hubo quienes no hablaron".

Fuente:
http://www.war2hobby.cl/noticias.php/id/996

lunes, 23 de agosto de 2010

Las mujeres de Hitler

El siguiente documento fue presentado en el Tribunal de Nuremberg y se encargó al doctor Karl Brandt quien estuvo implicado en el programa de eutanasia que se llevó a cabo en el Tercer Reich entre 1939 y 1941.

«Mujeres alrededor de Hitler»: informe (s.f.) escrito en Dustbin por el doctor Karl Brandt y enviado al interrogador comandante *Edward Tilley el 6 de febrero de 1946

*Nota: El comandante Edward Tilley era miembro de la FIAT (Field Intelligence Agency Technical - Agencia Técnica para la Información de campo-).

Cada vez que Hitler honraba con su presencia la Berghof, su refugio de montaña, se producía una interrupción de sus obligaciones habituales que le permitía llevar la vida de un ciudadano particular.

En la Berghof, además del inseparable círculo de ayudantes y mandos militares, se alojaban otros huéspedes, cómodamente instalados en habitaciones individuales o dobles. Se hacía todo lo posible por separar a los invitados propiamente dichos de los hombres de Hitler y sólo en raras ocasiones se encontraban ambos grupos. Él podía, de este modo, disfrutar plenamente de la compañía y confianza de sus invitados en completa intimidad. En la vida del Führer representaron un papel importante no sólo los personajes destacados, como Heinrich Hoffmann, Esser y otros altos funcionarios del NSDAP, sino también hombres y mujeres menos conocidos que estaban a su alrededor. Por ejemplo, su ejército de secretarias formaba parte de la embriagadora atmósfera de la Berghof.

Atendían la casa un hombre de las SS y su mujer, dos personas que, al margen de sus obligaciones, carecían de importancia. El matrimonio vivía en un ala del edificio. Eva Braun vivía en el bloque central. Hasta entonces no había desempeñado el papel de «ama de casa».

Sólo en los últimos años aspiró Eva a ser lo que acabó siendo, la primera dama de la Berghof. Fascinaba a todos los invitados y su persuasiva personalidad le hizo ganar estima y respeto. No le resultaba fácil complacer a Hitler. Por lo que sé, la conoció en 1932, cuando se la presentó Heinrich Hoffmann, para quien la joven trabajaba.

En aquella época se habría dicho que Hitler seguía teniendo muy presente a su sobrina Geli Raubal, la hija de su hermana Angelika, con quien había contraído una profunda deuda por su lealtad y la comodidad que le había proporcionado durante los primeros años de lucha.

Me han contado que Geli era una mujer de espíritu elevado y noble y que fascinaba a todos cuantos la conocían. Murió en 1928 y se dijo que por su propia mano. Hitler no volvió a pronunciar su nombre desde entonces, ni se habló nunca del episodio, pero recuerdo que hablaba de ella en años anteriores con un sentimiento que se parecía a la devoción de la Virgen. La habitación que ocupaba en el piso muniqués de Hitler se ha mantenido intacta desde entonces, y él, por si fuera poco, ordenó que se construyera, en la nueva casa que tuvo en Munich, una reproducción exacta de este cuarto.

Es curioso que, adorando a Geli como la adoraba, se dejara influir por una personalidad tan diferente como la de Eva Braun. Puede que fuera una inspiración trágica que ocultaba sus convicciones inconscientes cuando en 1934 afirmó que «cuanto más grande sea el hombre, más insignificante debería ser la mujer». Parece que al decir esto quería expresar que los grandes hombres, cargados de responsabilidades, no tenían derecho a vincularse con mujeres inteligentes, ni siquiera por matrimonio.

Un matrimonio con una mujer inteligente obligada a permanecer en segundo plano está condenado al fracaso; la unión más acertada será, por tanto, con una mujer modesta de vocación hogareña, que se contenta con la rutina casera cotidiana y que, sin embargo, está siempre preparada para recibir al cónyuge.

Creo que, en el caso de Eva Braun, su encanto e inteligencia innegables representaban únicamente las cualidades que daban forma a su satisfactoria alianza con Hitler.

No deja de ser asombroso que a pesar de la presión hostil de parientes y amigos, Eva experimentó, mientras estuvo con Hitler, una transformación completa que, aunque no hizo de ella una «gran mujer», la convirtió ciertamente en «señora».

Eva era hija de un profesor universitario y había recibido una educación sólida. En la niñez visitó [sic] un colegio de monjas. La primera impresión que me produjo fue que se trataba de una mujer que había sido trasladada de repente al ruido y ajetreo del mundo, y con ellos vinieron los vestidos elegantes, el lujo, las joyas y los cambiantes estados de ánimo que tenían que tolerarle ciertos invitados. Con el paso de los años, en particular durante los primeros de la guerra, su carácter pareció cambiar por completo, se volvió más seria y se ocupó más de los asuntos domésticos de la Berghof y de la casa muniquesa de Hitler. Por aquella época se esforzaba por comprender y, tal vez, por compartir las intenciones e ideas del Führer. Con este fin se dedicó a la lectura y a mejorar sus conocimientos y su educación en general.

Un extraño que la hubiera conocido por entonces habría pensado que estaba ante una joven algo malcriada que, aunque no era una «gran» personalidad, tenía encanto, elegancia y vitalidad. Habría sido inimaginable pensar a primera vista que aquella amable joven fuera a tener un carácter tan fuerte, y más bien se esperaba que fuese una mujer bondadosa y complaciente.

No hay ninguna duda de que Eva estaba profundamente enamorada de Hitler, al que llamó Mein Führer hasta los últimos años.

Es verdad que, en términos generales, Hitler no era el amante completo que ambicionaba el corazón joven y romántico de Eva, pero era el hombre que la protegía y cuidaba como un padre. Hitler procuró siempre que la vida con él fuera para ella lo más placentera y satisfactoria posible.

La colmaba de ternura y atenciones y le dejaba disfrutar de todas las pequeñas satisfacciones diarias que ofrecía la vida en la Berghof. Es indudable que a Eva tuvo que resultarle difícil encajar en la rutina diaria de Hitler. La jornada del Führer se consumía principalmente en una sucesión de conferencias que se prolongaban hasta bien entrada la noche.

Después de cenar, el pequeño y cerrado grupo podía dedicarse por fin a las charlas privadas, hasta la madrugada.

Incluso entonces, Hitler se retiraba a su cuarto de trabajo, para leer las noticias y los informes de última hora.

Me parece muy dudoso que Eva representara algún papel en los planes políticos o que tuviera alguna influencia política.

Puede que en tal o cual ocasión utilizara la influencia que tenía sobre Hitler para ayudar a tal o cual amigo, o para hablar en su nombre, pero no tenía proyectos personales ambiciosos.

Preguntar si Hitler fue fiel a Eva es ridículo. Para un hombre de su importancia, cuyos movimientos se hacían públicos inmediatamente, habría sido imposible obrar de otro modo. Eva Braun no tenía ningún motivo para dudar de su fidelidad, porque mientras fuera la elegida, tenía poco que temer. A fin de cuentas, él había hecho mucho por ella, la había sacado del anonimato y puesto en el lugar más alto, junto a él. Hitler y su Eva estaban ciertamente unidos por una profunda comunicación sentimental, y lo demuestra que se casara oficialmente con ella al final, durante las últimas horas del 30 de abril de 1945. (Esto lo dijo la prensa.)

Es completamente natural que Hitler estuviera rodeado de más mujeres, pero la circunstancia no tenía ningún significado especial. Entre estas mujeres estaba Leni Risfenstahl.31 Hitler quiso seguir soltero por dos motivos que a menudo expresaba con palabras.

El primero era que él parecía creer que Eva Braun no era la persona idónea para presentarse ante la nación como esposa del jefe del Estado.

El segundo, sin duda el más decisivo, era que Hitler deseaba mantener viva, en el corazón del pueblo alemán, la fantasía de que mientras estuviese soltero, siempre habría esperanzas para millones de alemanas de obtener la alta distinción de estar a su lado. Hitler creía que esto era psicología profunda e incluso hablaba de ello en presencia de Eva.

Según la prensa, Hitler tuvo dos hijos con Eva. En realidad no tuvieron hijos, y a Hitler se le oyó decir a menudo que los hijos de los hombres célebres lo tenían todo en su contra en la vida.

Los dos hijos atribuidos a Eva eran probablemente los de una señora apellidada Schneider, una amiga de Eva que había residido muchos años en la Berghof.

Eva Braun tiene dos hermanas. Una es Gretel Braun, que se casó con el Gruppenführer Fegelein el año pasado, y la otra Ilse Braun, que se casó en Breslau. La segunda no tuvo ningún papel destacado en la vida de Eva y las dos se vieron muy poco. Gretel, sin embargo, vio mucho a Eva en la Berghof y compartieron una pequeña mansión en Munich, en la Wasserburgerstrasse. Eva recurría mucho a su hermana menor, que la servía casi como si fuese su doncella personal, y representaba el papel de «gran señora» incluso en el reducido círculo de su familia. Sus padres eran personas modestas que llevaban una vida solitaria y nunca estuvieron en el primer plano de los intereses de Eva.

Al estallar la guerra, el padre de Eva quiso enrolarse en el ejército, aunque era ya un anciano retirado, y al final le dieron el empleo de pagador.

Gretel Braun era de carácter desprendido y bondadoso, pero se dejaba influir fácilmente por los demás. Es muy probable que contrajera matrimonio más en un arrebato de fantasía que guiada por el principio del amor.

Hitler apreciaba a Gretel y le gustaba su compañía. A menudo charlaba con ella a solas y disfrutaba con el «sentido práctico» que la caracterizaba. Entre los invitados que frecuentaban la Berghof había una señora llamada Marion Schönmann. Su marido era arquitecto en Munich y aparecía poco por la Berghof. Marion conocía a Hoffmann y era amiga de Eva Braun. Era de origen austriaco y a través de cierta «tía Lu» estaba estrechamente relacionada con círculos de la Ópera de Viena. Gracias a sus recuerdos de la época de la juventud de Hitler sostuvo muchas charlas con éste. Nunca se hablaba de sus padres. Entendía mucho de arte y tenía un conocimiento de su historia insólitamente amplio. Con su notable agudeza y una inteligencia por encima de la media, daba la pauta de las conversaciones femeninas cuando estaba en la Berghof. Por su viveza y animación era una vienesa típica. Esta señora cuarentona Hitler habría dicho «ni siquiera de cuarenta» tenía una experiencia de la vida infinita y la rara virtud de ser capaz de influir en el Führer. Era una conversadora excelente y siempre sabía indicar su posición en las discusiones con palabras muy selectas, aunque fueran contrarias a las conocidas convicciones de Hitler. No vacilaba en criticar los defectos de cualquier destacado dirigente del partido. Y es lógico que mostrara un interés concreto por la situación imperante en Viena (Schirach) y en Munich. Cuando las discusiones se ponían demasiado serias, Hitler solía llevarlas a canales más ligeros y defender los intereses de sus hombres. En ocasiones se volvían demasiado acaloradas, pero Hitler trataba el asunto con mucho tacto y la señora Marion no rebasaba los límites de la buena educación. En los últimos tiempos se hizo patente cierta fricción entre Hitler y Eva en la que Heinrich Hoffmann tuvo algún papel.

Hay que subrayar que la relación de Hitler con Marion no parece que suscitara los celos de Eva. Sin embargo, para que no se enrareciera el ambiente, Marion se mantuvo alejada de la Berghof, exceptuando unas cuantas visitas ocasionales. Cabe la posibilidad de que las conversaciones molestaran de algún modo a Hitler, porque éste no solicitó su presencia. Había otras mujeres con mucha menos influencia en su vida que se limitaban a estar cerca de sus maridos, porque era deseo de Hitler que los cónyuges vivieran juntos si podían. Cuando se reformó la Berghof, se añadieron las habitaciones correspondientes para que los ayudantes alojaran allí a sus mujeres.

Los ayudantes y segundos de Hitler dispusieron de espacio suficiente para instalarse con sus esposas cuando terminó de construirse la nueva Berghof. Mi mujer, Anni Brandt, pertenecía a este círculo. Conocía a Hitler desde 1925 y, dicho sea de paso, fue campeona de natación de Alemania durante varios años seguidos. Hitler la trató siempre con cordialidad, pero ella no tenía interés por destacar. La señora Speer estaba en una situación parecida. No representó nunca ningún papel político y era conocida por su discreción. Tanto la señora Speer como la mía trataron a Eva Braun con más confianza en los últimos años que cuando se habían conocido. El profesor Morell y su mujer entraron en el círculo de amigos de Hitler en 1935. Los dos se esforzaban por estar en buenas relaciones con Eva Braun y, a diferencia de los demás huéspedes, la colmaban de regalos (bolsos, joyeros, etcétera). Hasta entonces no había sido costumbre hacer esto en la Berghof. La señora Morell, cuyo pasado no era de los que enorgullecen, tenía poco en común con los demás invitados y quizá por este motivo se aferraba a Eva Braun. Puede que con este contacto quisiera ayudar a su marido, que aspiraba a dirigir una empresa farmacéutica. Como mujer y como ser humano me causó poca impresión. La mujer del jefe nacional Bormann aparecía por la Berghof muy de tarde en tarde. Era tan modesta que se quedaba siempre en segundo plano. Además, su marido le habría prohibido manifestar cualquier rasgo de independencia. Vivía con sus ocho hijos en una casa situada a unos minutos de la Berghof.

Ninguna otra tuvo un papel digno de nota. La señora Von Bülow, una persona muy vital y entusiasta, gozaba de mucha celebridad. En general, sin embargo, no había lazos personales entre estas señoras y Eva Braun y Hitler.

Las secretarias de Hitler tenían un papel propio. Esto se debía no sólo a que acompañaban alternativamente [sic] a Hitler en sus viajes y, por tanto, estaban presentes en los acontecimientos importantes, sino también a que pertenecían al círculo privado y participaban en la vida social de la Berghof. Por ser la más veterana, la secretaria personal de Hitler era la señorita Johanna Wolf, que antes lo había sido de Dietrich Eckart. Tenía cualidades humanas muy características. A pesar de su elevada posición, la señorita Wolf llevaba una vida muy humilde y, cuando el trabajo se lo permitía, se quedaba con su octogenaria madre. Fue una persona útil en todas las ocasiones e hizo alarde de muchísimo tacto zanjando polémicas ocasionales. A veces daba muestras de un gran sentido del humor, no obstante ser una mujer algo melancólica.

Fue una leal colaboradora de Hitler y le dio lo mejor de sí misma, a pesar de su estado de salud. A causa de sus problemas de corazón y vesícula, las secretarias más jóvenes la desplazaban y no siempre con buenos modos. Hitler se prepocupaba mucho por su bienestar y porque tuviera las revisiones médicas, los tratamientos y las terapias de rigor. Daba la sensación de que a causa de su natural taciturno y bondadoso se había creado una especie de vínculo afectivo entre Hitler y ella. Otro factor que contibuía a la excelencia de sus relaciones con él era su carácter abierto y excepcionalmente franco. Al principio de la guerra, Hitler tenía dos secretarias, la señorita Wolf y Christa Schröder. Las sustituyó en contadas ocasiones la señorita Daranowski.

La señorita Schröder tenía mucho talento y la rara virtud de saber tratar a la gente. Por otro lado, era una persona muy crítica. Su perseverancia era enorme y, por poner un ejemplo, recuerdo que le dictaban durante varios días con sus noches, sin parar. Hasta el último día [de su actividad como secretaria] expresó sus opiniones sin vacilar, aunque fueran contrarias a las convicciones de Hitler. En ocasiones estallaba alguna polémica por este motivo y la señorita Schröder se apartaba de la Berghof, o la apartaban. Aunque esta situación le creaba dificultades, no renunció a su derecho a criticar a Hitler hasta extremos peligrosos.

Ni como ser humano ni, desde luego, como mujer, llegó a tener una relación estrecha con Hitler. En los últimos años estuvo constantemente en tratamiento médico. Tenía problemas hormonales y seguía una terapia larga y continua en diferentes clínicas. La querían tanto sus colegas como los colaboradores de Hitler.

A causa del régimen de trabajo durante la guerra, acabó adoptando una especie de servilismo campesino.

La señorita G. Daranowski, que se casó con el general Christian, uno de los últimos ayudantes de Hitler para asuntos de aviación, desempeñó un papel especial en el círculo de las secretarias. Era una mujer moderna que tenía muchísima vitalidad. Se le notaba el deseo de complacer. Profesionalmente era eficaz y aunque su paciencia era comparable a la de la señorita Schröder, su carácter era diametralmente opuesto. Cuando hablaba con Hitler, siempre estaba de acuerdo con él y evitaba toda clase de polémicas. No hay duda de que tenía una influencia femenina en él.

Se esforzaba al máximo por potenciar estos aspectos. No la movían motivos altruistas, sino la resolución de tener un papel concreto cerca de Hitler o de conseguir algún privilegio personal. En este apartado hay que citar su matrimonio con el futuro general Christian, que fue nombrado jefe del Departamento Operativo de la Luftwaffe por orden de Hitler y contra los deseos e intereses de Göring. Es de creer que la señorita Daranowski, que siguió siendo secretaria de Hitler incluso después de casarse con el general, tuvo un papel decisivo en este nombramiento.

Sus relaciones con Eva Braun eran tensas, como es lógico. Hitler lo sabía. Este hecho, sin embargo, no se hizo notar durante aquellos años, y en las ocasiones en que Hitler estaba en el cuartel general, estuvieran las secretarias donde estuviesen, la señorita Daranowski era siempre el centro de la atención en las charlas informales que se celebraban por la noche. Indiscutiblemente hay que achacar a su influencia el que Hitler sin duda, a causa de sus insinuaciones en relación con la mala salud de la señorita Wolf y de la señorita Schröder apartara de su lado a estas dos secretarias y las enviara a clínicas donde permanecían mucho tiempo.

La señora Christian no parece que fuera particularmente afectuosa con su marido. (Es evidente que cualquiera puede equivocarse en este punto.) Se molestaba poco por los tres hijos que había tenido durante su matrimonio anterior. Estaban juntos unos días, los enviaba con sus abuelos y allí se quedaban. Lo que pasaba era que la señora Christian coqueteaba con la idea de ser «madre» de tres niños y con las difíciles obligaciones que tenía ante sí.

Un antiguo criado de Hitler, Junge, contrajo matrimonio con una secretaria enviada como ayudante por la secretaría del Führer. La señora Junge, natural de Munich y muy joven para tan privilegiada posición, brilló inmediatamente en el nuevo entorno. Con su amabilidad y encanto, tenía la palabra justa para todos. Muy pronto pasó a ser de los miembros del círculo de Hitler que más se echarían de menos. Combinaba una ingenuidad probablemente forzada con la lozanía y espontaneidad de la juventud. Era lista, por no decir «maliciosa». Aunque deseaba tener un papel propio, no competía con sus colegas ni las desacreditaba. Hitler la apreciaba, aunque la trataba con un talante más bien paternal. A menudo señalaba lo mucho que llegaría a parecerse a la señorita Braun.

La señorita Martiali era de Innbsruck. Su padre era griego; su madre, tirolesa. Había estudiado en una escuela de economía doméstica y estaba temporalmente con el profesor Zabel en Berchtesgaden. Éste había prescrito el año anterior la dieta vegetariana de Hitler cuyos componentes solía enviar a la Berghof desde su clínica. La señorita Martiali iba a veces a la cocina a preparar las comidas. Hitler tenía crecientes problemas intestinales y como la ayudante dietética (una medio judía) que le había enviado Mariscal Antonescu estaba ausente, la elección recayó en la señorita Martiali. Era de aspecto vulgar y siempre pasaba inadvertida. Era increíblemente humilde y discreta, pero a veces estaba presente en los tés vespertinos del cuartel general. Sólo hablaba cuando le preguntaban. Le costaba conseguir que las comidas de Hitler fueran nutritivas y variadas, ya que contaba con pocas posibilidades. Por ejemplo, le preparaba dulces con un esmero infinito. Hitler valoraba y agradecía aquella atención personal. No pasaba un día sin que lo sacara a relucir y hablaba con frecuencia de la siguiente comida y de las sorpresas que le reservaba la señorita Martiali. Era casi como si la conocida expresión de que «al hombre se le conquista por el estómago» fuera verdad en este caso. Hitler, que casi siempre comía solo, la invitaba a menudo a su mesa con el pretexto de que debía probar sus propios platos. Llegó tan lejos esta costumbre que, estando en Berlín, la señorita Braun quedaba relegada y tenía que comer sola mientras Hitler comía o cenaba con la señorita Martiali o, en otras ocasiones, con una u otra secretaria. La señorita Martiali era consciente de su posición y en consecuencia quiso tener un papel decisivo. Es imposible saber hasta dónde lo consiguió. Se sabe, sin embargo, que a causa de este particular surgían a veces diferencias entre Hitler y la señorita Braun, aunque ninguna movió a Hitler a efectuar ningún cambio.

Las mujeres mencionadas más arriba, como las señoritas Wolf o Schröder, desempeñaron durante la guerra un papel distinto del que habían tenido antes. Que se enrolaran como mujeres significaba que tenían que acostumbrarse a una forma de vida más ruda. Desde un punto de vista masculino desempeñaban un papel especial. Proporcionaban un entretenimiento agradable incluso a Hitler, sobre todo por la noche. Cuando acababan las conversaciones sobre la situación, a medianoche e incluso a las dos de la madrugada, empezaban los llamados «tés». Todas las mujeres participaban o acudían alternativamente [sic]. Algunas habían dormido ya, así que estaban despejadas y animadas. También asistían algunos miembros del servicio personal de Hitler y sus ayudantes militares, pero eran los únicos soldados. Había unos ocho sillones alrededor de una mesa redonda y en ellos se sentaban los invitados solteros. La señorita Daranowski se ponía casi siempre a la izquierda de Hitler, cuya derecha ocupaba otra mujer, en los últimos tiempos la señorita Martiali. Los temas de conversación eran variados, naturalmente. A veces se comentaba un suceso de gran importancia, pero por lo general se tocaban trivialidades. No puede pasarse por alto que el perro lobo de Hitler tenía un papel totalmente insoportable en aquellas veladas.

La casa que tenía Hitler en Munich, en la Prinzregentenstrasse, estaba al cuidado de un matrimonio apellidado Winter. El marido se encargaba de todos los detalles de la vivienda, de las reparaciones, etcétera, pero el trabajo principal lo hacía la señora Winter, que tenía el cargo de ama de llaves. Hacía mucho que conocía a Hitler. Era de procedencia humilde. Mantenía la casa, de cinco habitaciones, en orden, y cuidaba de Hitler en lo que no era competencia de los criados de sexo masculino cuando estaba en la ciudad. Le preparaba comidas sencillas, consistentes sobre todo en huevos, verduras y ensaladas. Además, y por encima de esta actividad, desempeñaba cierto papel porque le contaba todos los chismes de Munich y le ponía delante muchas solicitudes y asuntos que se le dirigían. Las cuestiones graves, como es lógico, las pasaba a la secretaría. Todo ello, indudablemente, le daba una posición clave, aunque fuera pequeña, desde la que podía influir en Hitler a propósito de determinadas personas o de sus actividades. Se tenía la impresión de que Hitler concedía importancia a las opiniones de esta señora y de que a menudo le pedía su parecer. Cuando estos detalles se conocieron, se supo que ciertas personas influyentes trataban con mucha cortesía y consideración a esta mujer que no tenía nada de sencilla. El Gauleiter Wagner, por ejemplo, le hacía llegar entradas de teatro. Ella adoptaba la actitud de señora que se moviera en los círculos más altos, pero tenía buen corazón y ayudaba a muchas personas humildes a obtener ciertos servicios y a conseguir entrevistas, incluso con Hitler. Sus relaciones con la señorita Braun, de la que también cuidaba, eran buenas. Atendía las llamadas telefónicas, y este hecho hacía ya que su posición fuera de confianza. La conocían bien en todo Munich, y donde no la conocían, ella misma se apresuraba a remediarlo.

Hitler mencionaba en sus conversaciones a ciertas mujeres que le llamaban la atención por sus particularidades o su personalidad. Si en primer lugar hay que mencionar a la señora Hess es por lo mucho que Hitler la detestaba. Cuando se presentaba la ocasión de emitir un juicio adverso, ella era el blanco. Decía que era una modalidad de «marimacho» que por ambición quería dominar al hombre y en el proceso casi perdía la feminidad. Su interés por la artesanía, que no compartía con Hitler, resulta curiosa, pero carece de importancia. Cuando, tras muchos años de matrimonio, tuvo un niño al que se entregó con devoción, Hitler calificó sus sentimientos de «teatrales».

Fue la primera en llamar «jefe» a Hitler y por este nombre se le conoció durante muchos años en su círculo de colaboradores inmediatos. No se sabe si había otras razones, de índole personal, para explicar las malas relaciones que había entre Hitler y la familia de su antiguo lugarteniente. Es probable que esta inteligente mujer de actitud sobria nunca tuviera ninguna afinidad con un hombre del calibre de Hitler.

Había en Munich otra mujer, la señora Troost, a la que Hitler había concedido el título de «profesora». Era esposa del arquitecto Troost que había proyectado los edificios del NSDAP y el Haus der Kunst [museo] de Munich. La señora Troost, aunque carente de encanto exterior, tenía una inteligencia por encima de lo normal. Ambiciosa y lista, sabía la manera, gracias a los intereses intelectuales que compartía con Hitler, de representar un papel destacado, si no el principal, en los círculos artísticos de Munich. Era lógico que en dichos círculos se la temiera y fuera duramente criticada. Tenía una notable sensibilidad para el color y en la continuación de la obra de su difunto esposo ha influido en todos los aspectos cromáticos de los nuevos edificios públicos de Munich y en su arquitectura interior. Sabía exponer a Hitler los efectos de las gradaciones de color, y como le gustaban tanto los colores recios de la época de Makart como los matices más delicados, le costaba poco coincidir completamente con Hitler. Cada vez que éste iba a Munich, si podía se dejaba caer al poco de llegar por el «Atelier Troost», donde se quedaba charlando durante horas con la señora Troost y su colega el profesor Leonhard Gall, de cosas en general, pero sobre todo de temas relacionados con el arte. No es de extrañar que la señora Troost fuera una invitada casi permanente a las sencillas comidas que se celebraban en la Osteria Bavaria de la Briennestrasse. Como solía ser la única mujer presente, se sentaba a la derecha de Hitler y desde allí dirigían los dos la conversación.

Al círculo de Munich pertenecían también dos mujeres mayores. Una era la señora Bruckmann, viuda del editor de libros de arte, a la que Hitler visitaba a veces. Las horas que pasó con esta inteligente mujer que andaba ya por los setenta y tantos años tuvieron siempre un valor especial para Hitler. Aunque es indudable que sus charlas girarían alrededor de recuerdos, él valoraba tanto el enfoque que esta mujer daba a las cosas que luego hablaba durante algún tiempo sobre el particular e incluso lo sacaba a relucir al cabo de unas semanas.

Lo mismo puede decirse en relación con la señora Hoffmann, que a pesar de haber rebasado los ochenta seguía siendo una mujer fuerte y tenía un cariño especial a Hitler. Éste no dudaba en desplazarse de Berlín a Munich para felicitarla personalmente por su cumpleaños. La señora Hoffmann estuvo entre los primeros que se afiliaron al partido en Munich y para Hitler formaba parte de él. Ninguna de estas dos señoras desempeñó ningún papel político.

La visita de ocho días a Bayreuth para asistir al festival wagneriano representaba una interrupción especial de las actividades del año. Hitler se alojaba en un anexo de la casa Wahnfried, por lo general solo, con su ayudante Schaub, o Brückner, y un criado. En la planta baja del anexo había un comedor grande, para veinticinco o treinta personas, un salón de tamaño proporcional y una terraza que daba al viejo jardín. El anexo comunicaba con Wahnfried, donde vivía la familia Wagner, por un camino cubierto. La semana del festival era para Hitler, al margen de las emociones musicales que le produjeran las óperas, una prueba de su amistad con la familia Wagner. Tenía relaciones cordiales con todos desde que los niños eran muy pequeños. Fue entrando en la intimidad del círculo familiar conforme los niños crecían. Siempre estaba preparado para ayudar a la señora Wagner con palabras y con hechos. Hacía mucho que existía una fuerte amistad intelectual entre Hitler y esta mujer prudente y de inteligencia prodigiosa. Puede que tuviera algún papel en todo esto la actitud independiente ante la vida y sus objetivos que dominaba en la casa Wahnfried, pero, por encima de todo, la influencia decisiva la ejerció la personalidad de la señora Wagner. Es difícil decir hasta qué punto se complementaban estos dos complejos caracteres. Los dos veneraban profundamente a Richard Wagner y su música. Quizá fuera éste el factor decisivo por el que se había casado con Siegfried Wagner. Entonces era muy joven y sin duda estaba muy influida por el gran Richard Wagner. También es lícito suponer con alguna seguridad que la presencia de la señora Cosima Wagner, llena de vitalidad incluso en su larguísima vejez, tuviera peso en este círculo. A las veladas sociales de Wahnfried acudía la más dotada gente del teatro, elevando a un nivel extraordinario lo más brillante de la vida artística de Alemania. Conviene subrayar esta atmósfera artística para entender que era inevitable que atrajese a Hitler. Nada más lógico que la señora Wagner dominara este círculo, porque había tenido que luchar en condiciones muy difíciles para conseguir que el Festival de Bayreuth recuperase su forma primitiva. No sabría decir si ella misma había buscado las relaciones con Hitler por este motivo. Si fue así, ello nos hablaría más de la astucia de la señora Wagner que de la nobleza de su carácter. Sí quiso influir en las ideas políticas del Führer, pero como se veían muy poco, su influencia tuvo que ser escasa, y más en las ocasiones críticas. Como su círculo de conocidos era amplio, ella misma solía formular las peticiones, y como casi todas pasaban por mis manos, sé que la mayoría se refería a la opresión política ejercida sobre personas de sangre semijudía. En estos casos, Hitler procuraba siempre resolver el asunto en el sentido deseado por la señora Wagner. Los rumores de que las relaciones de ambos eran íntimas carecen de todo fundamento.

Todos los hijos de la señora Wagner, exceptuando a la hija mayor, Mouse, eran devotos de Hitler. Ésta, aunque tan inteligente como sus hermanos, había sido eclipsada por su encantadora hermana Verena. Hitler, que sin duda se daba cuenta de esta situación, aumentaba la tensión en vez de evitarla o reducirla. Llegó un momento en que la hija mayor, probablemente dolida por algún episodio concreto, se trasladó a Suiza y allí se dedicó a criticar abiertamente a Hitler. Lo que publicó la prensa indica lo lejos que fue. Apelaba a su origen, que, según ella, justificaba su actitud. Como su madre era inglesa, se consideraba inglesa en la misma medida en que sus hermanos se consideraban alemanes. Esta cuestión no se mencionaba nunca en Wahnfried delante de terceros. Es indudable que Hitler veía una especie de alta traición en esta actitud de la hermana mayor y la condenaba en consecuencia. Tampoco él hablaba de este asunto fuera del círculo íntimo, pero de vez en cuando lo recordaba para condenarlo con la mayor energía.

Hitler apenas tenía relación con su propia familia. Durante los años 1932, 1933 y 1934 su hermana Angelika le cuidó la casa Wachenfeld, que más tarde fue la Berghof. En esta pequeña casa se la consideraba el ama de llaves y hacía lo posible por hacerle la vida agradable a su hermano, al que adoraba. Lo cuidaba con abnegación maternal y es indudable que Hitler apreciaba aquella actitud en lo que valía. A causa de un conflicto cuyo origen se desconoce, pero que se disolvió con el tiempo, Angelika se fue de Wachenfeld, que aproximadamente fue cuando se volvió inhabitable a causa de las reformas. La señora Raubal se casó entonces con cierto profesor Hamitsch del Instituto Técnico de Dresde, y se mantuvo lejos de Hitler durante mucho tiempo. Hitler, en cambio, hablaba a menudo de ella y de sus «dotes» para dirigir la casa. También hablaba con frecuencia de su madre, a la que veneraba. Decía que había sido una mujer sencilla e increíblemente bondadosa que había criado a sus hijos con muchas dificultades y paciencia y que siempre había estado dispuesta a ayudarlos. «Qué desgraciada se habría sentido si hubiera visto a su hijo en esta posición y con esta responsabilidad; es probable que esta mujercita ni siquiera se hubiera atrevido a visitarlo.» Quería plasmar su amor por su madre en algo visible y quería que el arquitecto Giessler levantase en Linz, a orillas del Danubio, un alto campanario, que sería la base para la construcción de un mausoleo que contendría los restos de sus padres.

Fdo. Dr. Karl Brandt

Fuente: http://www.tusquets-editores.es/lib_ficha_prn_lectu.cfm?Id=1664