martes, 31 de agosto de 2010

Eduardo Martínez, el agente 055A, un español al servicio del gobierno británico, burló a la Gestapo

Un médico vigués fue uno de los agentes secretos más destacados del Gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial. Eduardo Martínez Alonso, nacido en 1903, ayudó a escapar a centenares de refugiados que cruzaban los Pirineos huyendo de la ocupación nazi desde 1940 a 1944. La historia fue descubierta por su hija, Patricia Martínez de Vicente, antropóloga social, al tirar del hilo cuando se encontró con su diario personal doce años después de su muerte, sucedida en 1972.
Confidencialidad
El nuevo material le ha permitido confirmar que Eduardo Martínez tenía un compromiso escrito con el Gobierno británico para guardar la más absoluta confidencialidad sobre sus actuaciones.
Además ha desvelado que Franco conocía la existencia de las rutas de fuga a lo largo de la cornisa cantábrica, pero no las persiguió porque el mismo agente vigués coordinaba el envío de ayuda humanitaria por medio de la Cruz Roja. «Fue una especie de intercambio o soborno: ellos hacían la vista gorda y dejaban pasar a los refugiados, porque a cambio recibían medicinas y alimentos; durante aquellos años se enviaron más de dos millones de vacunas contra el tifus», comentaba su hija.
Familia pudiente
Eduardo Martínez Alonso era miembro de una adinerada familia de Vigo y de pensamiento liberal durante la segunda mitad del siglo pasado. «Podía haber llevado una vida más acomodada, pero no lo hizo porque ejerció la medicina durante la Guerra Civil y quedó impactado por las atrocidades de la guerra», afirma Patricia Martínez.
Su abuelo, Antonio Alonso Santodomingo, era de Baiona y fue pionero en la industrialización conservera de la ciudad olívica con la fundación de la compañía Palacio del Oriente, que hoy en día sigue funcionando.
Terminó los estudios de Medicina en la ciudad inglesa de Liverpool, donde su padre ejercía como cónsul de Uruguay. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, quiso alistarse en el Ejército para luchar contra el nazismo, pero fue reclutado para los servicios de espionaje.
Más de 300.000 refugiados consiguieron huir a América por la Península gracias a 16 rutas de evacuación en España y Portugal. Entre 100 y 200 personas cruzaban la frontera francesa cada día. Eduardo Martínez era la conexión en Galicia. Los refugiados eran acogidos en su piso del centro de Vigo y en las diez habitaciones de su casa de veraneo en Redondela. De allí eran embarcados en el puerto de Vigo o bien cruzaban clandestinamente el río Miño desde Tui en dirección a Lisboa.
Los refugiados llegaban en taxi desde Madrid y en Tui cruzaban el Miño clandestinamente.
Los testimonios personales encontrados en los informes que hasta hace dos años eran secretos dan cuenta de la aventura que suponía facilitar la huida a los refugiados y de la complicidad que encontraban en las poblaciones ribereñas de ambos lados. Eduardo Martínez había diseñado dos rutas de huida hacia Portugal en la comarca de O Baixo Miño. El primer punto estaba situado a tres kilómetros de Guillarei, en Tui. «Allí los hermanos Alén poseen una casa, una tienda y una pequeña granja, tienen un negocio de contrabando y son bien conocidos de los carabineros, con quienes se llevan de maravilla», decía en uno de los informes que han sido desclasificados.
La otra ruta estaba situada a unos tres kilómetros de distancia. Allí esperaba un agente, conocido por el alias Trimotor, «cuñado de uno de los carabineros, también tiene una casa con terreno y un barquito de pesca que puede albergar a unos 12 hombres», según puede leerse en uno de los informes.
Aviso por telegrama
Los refugiados llegaban en taxi desde Madrid, tras pasar por Barcelona o Pamplona. El conductor, de apodo Ríos, era un miembro de la trama. Lo avisaban con un telegrama con la frase clave «Vete al express de Madrid el jueves». Así sabía que al día siguiente debería realizarse el cruce.
La comunicación se firmaba con cualquier nombre comenzado por A cuando se iba a utilizar la ruta de los Alén y con T si se usaba el camino guiado por Trimotor. Los agentes percibían un promedio de 2.000 pesetas por cruce, que incluía el soborno a la policía portuguesa, mientras que el taxista obtenía otras 500 pesetas por su trabajo.
Fuente:
http://www.memoriahistorica.org/modules.php?name=News&file=print&sid=513

1 comentario:

Calvarian dijo...

Héroes casi anónimos que merecen un reconocimiento público. Lástima que en este país seamos así de originales para estas cosas
Bésix