jueves, 12 de diciembre de 2013

RAZA Y RELIGIÓN POLÍTICA NAZIONAL.

Os dejo un documento que es un extracto del cuarto capítulo de la Segunda parte de mi tesis en Teología titulado, RAZA Y RELIGIÓN POLÍTICA NAZIONAL.

La tesis completa se puede consultar en la Biblioteca Borja de Sant Cugat (Barcelona).
Número de Asiento en el Registro de la Propiedad Intelectual 02/2005/5647



Segunda parte
ANTROPOLOGÍA NIHILISTA NAZI
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Capítulo 4
Raza y religión política nazional
La raza y la religión política nazional en principio tienen que ver con la idea de la llamada völkische Weltanschauung (una cosmovisión de tipo nacional, racial y popular). Su origen se encuentra hacia finales del siglo XIX, unos veinte o treinta años antes de la Primera Guerra Mundial.[1] Así, el adjetivo “völkisch” que antecede en alemán al sustantivo “Weltanschauung” (cosmovisión) no es propio del nazismo, sino que éste se lo apropió, utilizando muchos de sus elementos.[2] Las características principales de la völkische Weltanschauung que el nacionalsocialismo adoptó y adaptó son el antisemitismo y la religión, entendidos ambos bajo la ideología racial. Según la doctrina völkisch de la salvación, la raza determina el destino tanto del individuo como del pueblo. Esta doctrina racial junto con orientaciones religiosas explicaban el pasado y el presente al mismo tiempo que dictaban el futuro. El movimiento asumió, por tanto, que “la sangre común y la historia común forman un estado común” y que la comunidad a que ellos aspiraban tenía su origen en un estado construido sobre bases raciales.[3] Ciertamente, la ideología racial völkisch se basaba en el pensamiento de Gobineau y del darwinismo social, así como también se encontraba influenciada por la eugenesia contemporánea. Su postulado dictaba el declive irreversible de la raza aria, por lo que su razonamiento se elaboró a partir de las siguientes convicciones: degeneración racial, alienación e inundación de elementos extranjeros.
Pero, como ya hemos dicho, la cuestión racial no era el único núcleo de la völkische Weltanschauung: la religión se hallaba también detrás de todo pensamiento y acción del espíritu völkisch. Más aún, la religión sustentaba la cuestión racial y proveía la justificación que presentaba el movimiento de una doctrina apocalíptica de salvación. Así, en la religión völkisch la “salvación del alma” empezaba por la “salvación del cuerpo”, esto es, la regeneración racial que dará paso a su vez a un pueblo puro.[4] Su lema, “un pueblo, un imperio, un Dios”, fue sustituido por los nazis por “un pueblo, un imperio, un guía”[5] (“ein Volk, ein Reich, ein Führer”), con lo que la figura heroica del Salvador se transformaba en la figura carismática del Führer[6].
Por tanto, Hitler y el nacionalsocialismo se nutrieron de la anterior völkische Weltanschauung (cosmovisión de tipo racista, nacionalista, popular), la cual sirvió de punto de partida en la realización de su política ideológica, religiosa y práctica. De ahí surgió la idea de un pueblo biológico organizado, cuyo núcleo sería la pureza de la sangre y de la raza, que formaría una comunidad nacional, arraigada en una religión política que trascendería cada individuo, al tiempo que lo vincularía con el servicio de esa comunidad a través de la subordinación a los dirigentes, en especial, al Führer.
El pensamiento de Hitler se regía por las categorías de identidad, unidad, homogeneidad y sustancia sobre las cuales se fundamentaba la biología y el contenido religioso de los conceptos de raza y pueblo. A saber, la biopolítica junto con la religión política conformarán en su Weltanschauung la identidad y la interpretación de la existencia. Es más, el programa del partido nazi debía elaborarse y se elaboró bajo el registro de una visión del mundo ordenada, convirtiéndose éste en el instrumento que debía canalizar y llevar a buen término su Weltanschauung de talante völkisch. “Pero una Weltanschauung eterna sólo puede tener lugar en una encarnación orgánica que haya sido formulada concreta y definitivamente. La función que el dogma desempeña en la fe es también paralela a la función que los principios del partido desempeñan en el partido político que se encuentra en proceso de construcción. Por ello, también la völkische Weltanschauung debe crear un instrumento que pueda ser utilizado en defensa de este ideal”.[7]
Uno de los fines más codiciados por Hitler era alcanzar “la unidad del alma del pueblo”. Para ello, encontrará en la unión y en la pureza la conexión causal que la hará posible y, que pondrá en relación con el binomio, raza-pueblo: “Los pueblos que se desentienda de la conservación de su pureza racial, renuncia por ello también, a la unidad de su alma en todas sus manifestaciones. La desintegración de su esencia es la consecuencia natural de la corrupción de su sangre y la transformación que se produce en sus facultades espirituales y creativas son únicamente un efecto del cambio que ha modificado su sustancia racial”.[8] La raza es, para Hitler, la sustancia que conformará la futura identidad del pueblo. Así, bajo esta premisa, Hitler elaborará el siguiente pensamiento: la pureza de la raza dará como resultado un pueblo fuerte y vital, siendo la mezcla de ésta un peligro real que creará un pueblo débil, abocado a la destrucción. Ahora bien, dicha especulación de la sustancia comportará, como veremos a continuación, implicaciones religiosas.
Hitler catalogó su Weltanschauung, en general, como una fe, o como un credo dogmático. La visión del mundo nacionalsocialista debía ser presentada como una profesión de fe política: “En otras palabras: el Partido Obrero Nacionalsocialista toma los principios esenciales de una concepción general del mundo basada en la idea völkisch. En estos principios establece una doctrina política que toma en consideración las realidades prácticas del presente, la naturaleza del tiempo y el material humano disponible así como sus deficiencias. A través de una profesión de fe (doctrina) política es posible atraer un gran número de masas de gente a la organización, que ha sido construida tan rígidamente como ha sido posible. Una tal organización es el preliminar principal que es necesario para el triunfo final de este ideal”.[9]
Por tanto, Hitler rechazó la idea de una Weltanschauung que no tuviera en cuenta una profesión de fe política, una fe no subjetiva, sino una fe uniforme y cerrada: “Un programa político debe construirse desde unas ideas generales y una Weltanschauung general debe llevar el cuño de una marcada fe política”.[10] Ahora bien, el concepto de fe no era utilizado en un sentido amplio de seguridad, probabilidad o fidelidad a algo, sino en relación concretamente con la religión. Es decir, la fe debe servir a los ideales más altos definidos religiosamente. La fe es uno de los criterios que determina la diferencia entre los seres humanos y los animales, ayudando a los primeros a superar el nivel de existencia de los segundos: “La fe contribuye realmente a consolidar y salvaguardar la propia existencia del ser humano, ayudando a éste a elevarse sobre el nivel de la existencia meramente animal. Tomando la humanidad como existe hoy y tomando en consideración el hecho de que las creencias religiosas que generalmente se mantienen y que han sido consolidadas a través de nuestra educación, puesto que sirven como bases morales en la praxis, si aboliésemos ahora la enseñanza religiosa y no la reemplazásemos por algo de igual valor, el resultado sería que los fundamentos de la existencia humana se verían sacudidos seriamente. Podemos decir que el hombre no vive meramente para servir a altos ideales, sino que estos ideales, a su vez, proporcionan las condiciones necesarias de su existencia como ser humano. Y así, el círculo se cierra”.[11]
Así pues, desde su völkische Weltanschauung, entendida a partir de la raza como sustancia de la identidad del pueblo germano y la religión política como interpretación de la existencia, Hitler, proclamó sus principios políticos, su misión y sus planes para el pueblo, además de establecer las bases del mito del Führer, en las que se definía como el único que podía rescatar a Alemania de la miseria.[12] Por eso, confeccionó una Weltanschauung que le procuraba una interpretación de la historia y de los males del mundo, a la par que descubría los medios que podían permitir superarlos. Era sencillamente, una visión simplista y maniquea de la historia como lucha racial, en la que la identidad del pueblo germano, la raza aria, estaba siendo amenazada de muerte, a saber, debilitada y destruida por la raza más baja y corrupta de la faz de la tierra, el judío parásito.[13] Más aún, para Hitler, “la cuestión racial da la clave no sólo de la historia del mundo, sino de toda la cultura humana”.[14] Ahora bien, como la culminación de este proceso, según él, vendría dada por la cruel dominación del bolchevismo de los judíos en Rusia, el nazismo se veía en la obligación moral para con el pueblo y divina para con Dios de destruir el bolchevismo judío. Consideraba su lucha contra el judío como “la lucha a favor de la obra del Señor”.[15]
Al mismo tiempo, esto le proporcionaría argumentos sólidos y convincentes para poner en práctica sus ideas imperialistas y geopolíticas que se consolidaron en la obtención del Lebensraum (espacio vital) que la raza aria dominadora necesitaba para vivir y expandirse. No cabían otras alternativas: el bolchevismo y el judío debían ser erradicados. Por tanto, la destrucción de los judíos y la adquisición de Lebensraum quedan entrelazadas y son componentes capitales en la völkische Weltanschauung de Hitler:
“El derecho a poseer tierra puede convertirse en un deber si una gran nación, sin extensión de suelo, parece condenada a la destrucción… Alemania o será una potencia mundial o no será nada. Y para ser una potencia mundial precisa esa magnitud territorial que le proporcionará la posición que necesita en el período actual y vida para sus ciudadanos. Y por eso nosotros los nacionalsocialistas trazamos conscientemente una línea por debajo de la tendencia en política exterior de nuestro período anterior a la guerra. Continuamos donde lo dejamos hace seiscientos años. Detenemos el movimiento alemán interminable hacia el sur y el oeste y volvemos la mirada hacia la tierra del este. Rompemos por fin con la política colonial y comercial del período prebélico y pasamos a la política territorial del futuro.
Si hablamos de territorio en Europa hoy, podemos pensar ante todo y únicamente en Rusia y sus estados vasallos de la frontera… Rusia extrajo sustento durante siglos del núcleo germánico de sus estratos dirigentes superiores. Hoy se pude considerar casi totalmente exterminado y extinguido. Ha sido sustituido por el judío… No es ningún elemento de organización, sino un fermento de descomposición. El imperio gigante del Este está maduro para su caída. Y el final de la dominación judía de Rusia también será el final de Rusia como estado… Hemos sido elegidos por el destino como testigos de una catástrofe que será la más poderosa confirmación de la solidez de la teoría völkisch”.[16]
Resumiendo, la visión del mundo que Hitler defendía
llevaba inscrita los siguientes objetivos: la salvación nacional a través de la eliminación de los judíos, la adquisición de espacio vital en el Este y el resurgimiento de la raza aria. Todo ello, incorporado a la idea de un mesianismo acaudillado y heroico donde la mano de la Providencia se hallaba siempre presente.
Como dice Kershaw, Hitler no era un mero oportunista sin principios, sino un propagandista y un ideólogo magistral,[17] que supo embaucar con una doctrina, cuya originalidad no radicaba en lo que decía, sino en cómo lo decía y cómo lo “contagiaba”. Élites cultas y mayorías menos cultas le aclamaron, le apoyaron y, finalmente, le adoraron.



[1] GERSTENHAUER, M.R.: Der völkische Gedanke in Vergangenheit und Zukunft: Aus der Geschichte der völkischen Bewegung, Leipzig, 1933, p. 2. Citado por PUSCHNER, U. en “One people, one Reich, one God. The völkische Weltanschauung and Movement”, German Historical Institute London, Bulletin, Volume XXIV, 1, (2002), 5; 11; 26, www.ghil.co.uk (08.02.03).
[2] La esvástica fue uno de ellos.
[3] Was ist deutschvolkisch?,Thüringer Landes-Zeitung, 14 April 1914, n. 86. Citado por PUSCHNER, U. en“One people, one Reich, one God. The völkische Weltanschauung and Movement en German Historical Institute London, Bulletin, Volume XXIV, 1, (2002), 12, www.ghil.co.uk (08.02.03).
[4] GERSTENHAUER, M.R.: Der Führer: Ein Wegweiser zu deutscher Weltanschauung und Politik, Jena, 1927, p. 132. Citado por PUSCHNER, U. en “One people, one Reich, one God. The völkische Weltanschauung and Movement en German Historical Institute London, Bulletin, Volume XXIV, 1, (2002), 20, www.ghil.co.uk (08.02.03).
[5] La palabra “guía traduce el sentido pleno de “conductor”, “mentor espiritual”, “ideólogo”. Se trata de un vocablo con una gran variedad de significados. En España el anterior Jefe de Estado adoptó el término de caudillo”. Mussolini también llevaba el nombre de “caudillo” que en italiano es Duce.
[6] Cf. HERMAND, J.: Old Dreams of a New Reich. Volkisch Utopias and National Socialism, Bloomington, 1992, pp. 26-99. Tengamos en cuenta que el mito del Führer tenía su origen en una amplia literatura völkisch que puso la confianza en Guillermo II para más tarde depositarla en un mítico redentor que liberaría al pueblo alemán de los infortunios de la derrota de la Gran Guerra. El movimiento völkisch creó el mito de un Führer que encarnaría el ritual de la emancipación nacional. Cf. GALLEGO, F.: De Múnich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945, Plaza & Janés, Barcelona, 2001, p. 291.
[7] HITLER, A.: Mein Kampf, pp. 422-423.
[8] Ibid., p. 372.
[9] Ibid., p. 424.
[10] Ibid., p. 418.
[11] Ibid., pp. 416-417.
[12] Cf. KERSHAW, I.: Hitler, 1989-1936 (desde ahora en adelante Hitler), Ediciones Península, Barcelona, 1999, pp. 250ss.
[13] Cf. HITLER, A.: M.K, pp. 317-358. Citado por KERSHAW, I. en Hitler, p. 251.
[14] HITLER, A.: M.K., p. 372.
[15] Ibid., p. 70.
[16] Ibid., pp. 741-743.
[17] Cf. KERSHAW, I. en Hitler, p. 260

4 comentarios:

Marta Merajver dijo...

Un análisis profundo y excelentemente documentado. Mi reflexión, sólo visceral, apunta a que el hombre masa, incluyendo a quienes no se ven como tales, marcado por la falla de Hegel o por la falta de Lacan, tanto da, necesita siempre refugiarse en un Otro, aquel que supuestamente "sabe" lo que a la masa le conviene. En otras épocas -aún ahora- lo encarna en una visión deística, pero a falta de un Dios bueno es un líder carismático que se inviste con los atributos imaginarios de saber sobre el otro. Y ahí nos encontramos frente a la estructura psicopatológica de la perversión.

Ana Rubio Serrano dijo...

Como siempre, Marta, una magnífica reflexión. La bondad se sigue viendo "ñoña", el Dios de la Misericordia y de la Bondad se desdeña porque se cree que es Débil. Sin embargo, esa "debilidad" es la fortaleza de cada ser humano. Cuanto más vivimos y vemos la bondad en otros, más se nos incrementa nuestra calidad de vida. Pero eso, necesita que tomemos iniciativas y decisiones. Y eso, precisamente, comporta Responsabilidad... La mayoría, la huye (me refiero a la responsabilidad).

esteban lob dijo...

Como siempre, es un excelente análisis, Ana.
Profundo, certero y desenmascarador de falsos profetas.

Abrazo.

Ana Rubio Serrano dijo...

Gracias Marta y Esteban por vuestros comentarios. Un abrazo.