martes, 29 de enero de 2013

lunes, 28 de enero de 2013

Las mujeres de Hitler - Los secretos del III Reich.

En «Las mujeres de Hitler», se arrojan a la luz las complejas relaciones entre Adolf Hitler y las mujeres, de las cuales tenía un ideal bien marcado: debían ser portadoras de la raza aria.



Hitler's Women - NAZI Underworld - full doc

martes, 22 de enero de 2013

Luces en la sombra


El holocausto roza constantemente los límites de la locura. Locura,
a la que nos referimos introducida no por la crueldad de los crímenes
perpetrados, sino por el logro de la división de la conciencia
moral. Así, el dramatismo del holocausto no se halla únicamente
en las humillaciones, vejaciones, torturas y asesinatos que
todos más o menos conocemos, sino en cómo estos actos depravados
desfiguran la conciencia individual, la idea que se tiene de
uno mismo. Así pues, el carácter trágico del holocausto no se
encuentra sólo en la muerte física de las víctimas, sino en la imposibilidad
inmediata de que el superviviente tome conciencia de esa
muerte vacía que produce la escisión entre el mismo hombre que
sobrevive y el ser humano que sufre, entre quien sobrevive y la
muerte de aquellos a quienes sobrevive. Una distancia interna y
desgarrada, una escisión interior que destruye al sujeto y salva parcamente
al hombre y al testigo.

Si queréis seguir leyendo el resto del artículo, podéis clicar en el siguiente enlace y bajaros el libro gratuitamente (está en español): http://www.blabook.com/store/catalog/History/49/

sábado, 12 de enero de 2013

Leni Riefenstahl, la cineasta que creó la iconografía del nacionalsocialismo


Fue el ojo de Hitler, una de las artistas oficiales del régimen nazi, la cineasta que creó la iconografía del nacionalsocialismo. Leni Riefenstahl paseaba por Sevilla, se hacía fotos bajo la Giralda y poco antes había recorrido las estancias de La Ahambra que recordaba de otros viajes españoles. Fue una mujer que vivió hasta los 101 años justificándose, negando y arrepintiéndose -a medias- de su colaboración con el régimen nazi.
La realizadora en un retrato de los años treinta.
Leni Riefenstahl es el ejemplo perfecto de una vieja polémica, la de la división o no de arte e ideología. La cinematografía documental le debe a esta mujer avances técnicos y, sobre todo, una mirada adelantada que se plasma en joyas como El triunfo de la voluntad, donde filmó las masas alienadas del congreso del partido nacionalsocialista en Nuremberg en 1934. Y Olympia, otra joya documental en la que la realizadora mostraba la belleza del deporte desde un objetivo nada inocente: la supuesta superioridad física de la raza aria. Riefenstahl revolucionó el lenguaje documental con ambas cintas incluyendo además hallazgos técnicos como la utilización de patines para desplazar la cámara, el ascensor especial para rodar las escenas de masas desde arriba o las tomas subacuáticas. Sin embargo, la directora alemana pagó durante toda su vida esta ayuda propagandística al régimen nazi y sólo mucho más tarde se reconoció su maestría.
Escena del documental "El triunfo de la voluntad".
En el homenaje que le dedicó el Festival de Cine de Sevilla en el año 2002 su presencia provocó la polémica. IU pidió que se retiraran las subvenciones al festival por haber invitado a una cineasta ligada al régimen nazi y varias asociaciones gitanas se manifestaron acusando a Leni Riefenstahl de un hecho inquietante de su biografía y que la relaciona de forma especial con España. La cineasta rodó un film que se puede considerar maldito: Tierra baja. Recorrió toda España buscando localizaciones en un pequeño Mercedes y en sus memorias reconocía su amor a este país y su sensación al viajar en el año 1943, con Europa devorándose en su guerra más atroz, por una España en la que a pesar de la miseria se respiraba la paz, al menos la paz que ella creía ver, una paz que escondía bajo la alfombra la represión, la violencia, la venganza y el rencor. Pero eso no lo vio Leni Riefenstahl que, naturalmente fue agasajada por las autoridades franquistas como artista del régimen amigo.
Una escena de "Olympia" en los Juegos Olímpicos de 1936.
Tierra baja no pudo ser. La directora incluso recreó en Alemania una aldea típicamente española y contrató a gitanos como extras. El dato tenebroso e inquietante es que al término del rodaje todos esos gitanos fueron trasladados a campos de exterminio. Y ella no hizo nada por salvarlos o, al menos, para denunciarlo. Se limitó a mirar hacia otro lado como haría en tantas ocasiones en su vida. Tierra baja tuvo muchas dificultades económicas y está atravesada por el infierno que tras la caída y derrota del régimen nazi tuvo que sufrir la realizadora acusada de colaboracionismo. Finalmente se estrenó en 1954 pero resultaba ya anacrónica y marcada por alguien que se había implicado demasiado en las estrategias nazis, aunque ella lo negara una y otra vez. De hecho, Riefenstahl se llevó toda su vida estigmatizada por la larga sombra de la esvástica. Y en Tierra baja aquellos figurantes eran como espectros que la acusaban, personas desaparecidas en el horror de los Läger (Campos), gente que ya no habitaba más que en aquellos fotogramas malditos.
En el paseo de Leni Riefenstahl por Sevilla mostr´ su altivez y cierto desdén por las asociaciones gitanas que la acusaban. Argumentaba que cómo iba a retractarse a los cien años y manifestaba su desconcierto por que la hubieran invitado a Sevilla para ser recibida de esa forma. "No me ha ocurrido en ningún sitio", confesaba. El mundo olvida demasiado pronto...
Leni Riefenstahl en Sevilla en 2002.
Estaba confundida por la fascinación y el horror. A varios periodistas se les permitió hacerle una entrevista aunque se advirtió que no preguntáramos por el asunto de los gitanos. Naturalmente lo hicimos, pero muy discretamente, con sutileza para que no se retirara antes de tiempo. Tuvo su efecto y ella contestó asegurando que no sabía nada. La misma respuesta que había dado desde los lejanos años de la posguerra cuando tuvo que enfrentarse a varios juicios tras ser apresada por las tropas estadounidenses. Y después cuando le confiscaron sus bienes y la despreciaban en los encuentros cinematográficos. Daba igual que Riefenstahl fuera la gran artista del documental, la realizadora de El triunfo de la voluntad. Ella era el ojo de Hitler, aunque se empeñara en argumentar de forma ingenua que no sabía nada del exterminio.
En aquella entrevista en Sevilla dijo: "Yo no era adivina. No sabía nada de lo que iba a hacer Hitler". Y lo decía una anciana entrañable con cien años que, sin embargo, guardaba en sus ojos el asombro y el espanto del siglo XX. Una mujer que había mirado a Hitler y había hecho "negocios con él". Incluso durante toda su vida, Leni Riefenstahl tuvo que desmentir los rumores sobre su idilio con el Führer así como con otros dirigentes nazis.
Riefenstahl recibe un ramo de flores de manos de Hitler.
Era una anciana bella, de piel delicada, vestida de blanco, cabello rubio impecable, modales pausados, voz dulce. ¿Era posible que esta mujer formara parte de la maquinaria nazi?  Aquel año de 2002 se celebraba el centenario de Luis Cernuda con especial emoción en Sevilla. Ella era mayor que el poeta. Leni Riefenstahl había nacido en Berlín el 22 de agosto de 1902 y Luis Cernuda en Sevilla el 21 de septiembre del mismo año. Sin embargo, el poeta había muerto en 1963 y la realizadora seguía viva, viviendo varias vidas dentro de la misma, reinventándose como si fuera una matriuska dentro de otra, una mujer que rehacía su vida y renacía en cada década como en un bucle melancólico.
La biografía de Leni Riefenstahl, más allá de su relación con el régimen nazi y su infierno posterior, es sorprendente. En su juventud había sido una excelente bailarina, pero una lesión la aparta de los escenarios. Luego se aficiona al montañismo y aparece en algunas de las películas de un género que hizo furor en la Alemania de la República de Weimar, el cine de alpinismo. Trabaja en estas populares películas de alta montaña con Arnold Fanck con los hermosos paisajes alemanes de fondo. Son los años en los que comparte estudio con Murnau, Josef von Stenberg o Marlene Dietrich, con la que se llevaba especialmente mal. Se puede decir que es aquí donde aprende el oficio porque ella no se limita a salir hermosa, ágil y deportiva en la pantalla con fondo de paisajes nevados.
El paso siguiente es dirigir ella misma sus películas como ocurrirá con La luz azul, la película con la que confesó en Sevilla que sería el film con el que ella quería que la recordasen. Y precisamente fue la cinta que Hitler ve en una de sus sesiones privadas y que le hechiza hasta el punto de decidir que quiere a esa realizadora para grabar los actos clave del partido. Nace así la gran realizadora del régimen.
La realizadora observa colas de fotogramas.
Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial llega el calvario de Riefenstahl que debe explicarse ante el mundo. Pero poco a poco su vida se irá normalizando hasta que queda fascinada por el mundo de la fotografía. Ya con más de sesenta años realiza sus excelentes reportajes dedicados a la tribu de los Nuba en África. Y aquí surge otro dato inquietante de la realizadora, porque confiesa su admiración por la belleza de los cuerpos nubios, hombres y mujeres altos y estilizados, con un color brillante, oscuro e intenso. En realidad, los nubios parecen los arios del continente africano. De alguna forma, Leni Riefenstahl parecía estar fotografiando a aquellos atletas perfectos alemanes de Olympia durante los Juegos Olímpicos de 1936, sólo que dándole la vuelta al negativo. 
La realizadora con un miembro de la tribu Nuba.
Finalmente, con más ochenta años, Riefenstahl se aficiona al submarinismo. Algo de por sí ya realmente sorprendente. Y entonces culmina otra nueva etapa de su vida con la filmación de paisajes subacuáticos. Precisamente en Sevilla presentó una de esas cintas.
Mirar a Leni Riefenstahl era contemplar el siglo XX con todos sus asombros, pero también con todas sus sombras y horrores. Una mujer que vivió intensamente el gran y terrible siglo europeo, aunque ella decidiera enterrar bajo la alfombra todo aquello que no le parecía hermoso para sus fotogramas.



jueves, 10 de enero de 2013

Jefe de oposición alemana cuenta su dura niñez con un padre nazi


El político afirmó que su padre también lo obligaba a llamar a la madre para decirle que quería estar con su padre, aunque el niño sólo quería volver con ella. La experiencia le dejó "una furia casi imposible de reprimir".


Berlín.- El jefe de los socialdemócratas alemanes, Sigmar Gabriel, es uno de los políticos más conocidos del país, pero hoy reveló algo que muy pocos sabían: detalles de su dramática niñez bajo el mando de un padre fiel al nazismo hasta su muerte el año pasado.

"No tengo rencor hacia él, no siento rabia y ni siquiera me siento herido", contó el presidente del principal partido de la oposición en la nueva edición del semanario Die Zeit, informó DPA.

Gabriel, de 53 años, se enteró a los 18 de que su padre Walter era nazi. De inmediato rompió todo contacto con él. En 2005 lo retomó para intentar hablar con su padre sobre su pasado. Walter se negó y mantuvo su ideario nazi hasta que murió en junio de 2012.

En la entrevista el político recuerda los detalles de una infancia en la que sentía "prisionero" en una vida marcada por la ideología fanática de Walter, con el que vivió desde los tres años después de la separación de sus padres.

Gabriel cuenta por ejemplo que un día volvió a casa con una mala nota y su padre lo castigó quitándole todos los juguetes para donarlos. El niño sólo pudo quedarse con un osito que le había regalado la madre y que fue "una importante compañía" desde entonces.

Walter también lo obligaba a llamar a la madre para decirle que quería estar con su padre, aunque el niño sólo quería volver con ella. La experiencia le dejó "una furia casi imposible de reprimir", recuerda hoy Gabriel.

Finalmente, el niño volvió a ver a su madre en 1969, cuando tenía diez años, y pudo quedarse con ella. Tras una primera fase inestable en la que robó y cometió actos de vandalismo comenzó a reencontrar el equilibrio en la pubertad.

Hoy casado en segundas nupcias y padre de una hija, Gabriel sigue cuidando especialmente a su madre, pero reconoce que sigue sintiendo cierta culpa por haber tenido que dejarla a los tres años. "Me salvó la vida", asegura el líder del SPD.

Tras la muerte de su padre en junio, el político encontró numerosas actas y libros que mostró a la revista con títulos como "El mito de Auschwitz".

Fuente: http://www.dw.de/jefe-de-oposición-alemana-cuenta-sobre-su-padre-nazi/a-16512673
http://www.eluniversal.com/internacional/130110/jefe-de-oposicion-alemana-cuenta-su-dura-ninez-con-un-padre-nazi

German Social Democrats chief speaks of pain of having Nazi father

Until his death, Walter Gabriel, the father of SPD chairman Sigmar Gabriel, was a Nazi sympathiser who tormented his son by denouncing him in the extreme right press. Now the social democrat leader has decided to publicly tell his story. His father was a life-long Nazi who kept him a virtual prisoner as a child.


Gabriel, 53, spoke of the "almost unbridled rage" he still feels about the memory of living with his divorced and domineering father, although he only learnt of his far-right convictions when he was 18.

The SPD chief told the Zeit weekly newspaper that his father Walter had emotionally abused him as a child, then, shortly before his death in June last year, accused his son of having abandoned him.

Gabriel said he no longer feels anger against the father, with whom he had lost contact for decades, but that he felt guilt for his mother, from whom his father isolated him between ages three and 10.

Gabriel finally moved back in with his mother at age 10 but remained a juvenile delinquent for years before becoming more settled. "She saved my life," Gabriel told the newspaper. 


Source: http://en.europeonline-magazine.eu/german-social-democrats-chief-speaks-of-pain-of-having-nazi-father_257980.html

domingo, 6 de enero de 2013

BBC - Hitler's Children



Their family name alone evokes horror: Himmler, Frank, Goering, Hoess. This film looks at the descendants of the most powerful figures in the Nazi regime: men and women who were left a legacy that indelibly associates them with one of the greatest abominations in history. What is it like to have grown up with a name that immediately raises images of genocide? How do they live with the weight of their ancestors' crimes? Is it possible to move on from the crimes of their ancestors?