martes, 22 de enero de 2013

Luces en la sombra


El holocausto roza constantemente los límites de la locura. Locura,
a la que nos referimos introducida no por la crueldad de los crímenes
perpetrados, sino por el logro de la división de la conciencia
moral. Así, el dramatismo del holocausto no se halla únicamente
en las humillaciones, vejaciones, torturas y asesinatos que
todos más o menos conocemos, sino en cómo estos actos depravados
desfiguran la conciencia individual, la idea que se tiene de
uno mismo. Así pues, el carácter trágico del holocausto no se
encuentra sólo en la muerte física de las víctimas, sino en la imposibilidad
inmediata de que el superviviente tome conciencia de esa
muerte vacía que produce la escisión entre el mismo hombre que
sobrevive y el ser humano que sufre, entre quien sobrevive y la
muerte de aquellos a quienes sobrevive. Una distancia interna y
desgarrada, una escisión interior que destruye al sujeto y salva parcamente
al hombre y al testigo.

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