domingo, 16 de junio de 2013

Hans-Jürgen Massaquoi, hijo de un diplomático liberiano y una mujer aria soñaba con pertenecer a las Juventudes Hitlerianas


El lavado de cerebro del régimen cegaba a los más pequeños.

El niño mulato que quiso ser nazi
El régimen nazi ha pasado a la historia por las grandes atrocidades que cometió contra judíos o negros, personas a las que consideraba inferiores por no pertenecer a la raza aria. Sin embargo, el poder de persuasión de su propaganda era tan grande que llegó a conseguir que hasta algunos miembros de esos colectivos desearan unirse al movimiento liderado por Adolf Hitler.

Este fue el caso de Hans-Jürgen Massaquoi, un niño mulato, hijo de un hombre de raza negra procedente de Liberia y una mujer aria, que desde muy pequeño quiso pertenecer a las Juventudes Hitlerianas. 
Massaquoi era nieto del cónsul de Liberia en Alemania, por lo que su familia poseía inmunidad y podía convivir de forma totalmente normal con los niños arios, a pesar de que el resto de miembros de lo que los nazis consideraban «razas inferiores» comenzaban a sufrir los efectos de la xenofobia nazi.
Su obsesión por integrarse en el régimen comenzó en 1934, cuando Hitler visitó su colegio. El niño, que en ese entonces tenía ocho años, quedó impresionado por el carisma del líder nazi. Tras la visita, todos sus compañeros se afiliaron al movimiento juvenil y Massaquoi no quería ser una excepción.
Ajeno a que su presencia era tolerada solo por el especial estatus de su abuelo, el pequeño insistía en querer formar parte del movimiento nacional socialista e, incluso, se hizo bordar una esvástica en uno de sus jerséis tal y como se puede apreciar en la foto que ilustra este artículo.
Tras la gesta del atleta Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, la vida de Hans-Jürgen Massaquoi comenzó a cambiar. La ofensa que suponía que un deportista de raza negra hubiese obtenido cuatro medallas de oro provocó un abierto rechazo hacia esta raza entre la población alemana. La tensión racial y política del país obligó a la familia paterna de Hans a dejar el país, aunque el niño permaneció en Alemania junto a su madre.
Al no vivir ya en el consulado, su situación era mucho más delicada. A pesar de ello, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y con quince años recién cumplidos el joven Hans-Jürgen Massaquoi quiso alistarse en el ejército y servir a su país. Fue rechazado por el color de su piel.
Finalmente, decidió emigrar a los Estados Unidos, donde acabó convirtiéndose en un reputado periodista. Con el paso del tiempo, Massaquoi, que falleció el pasado 13 de enero, se dio cuenta de todas las atrocidades cometidas por el régimen nazi y renegó de sus aspiraciones infantiles. Sin embargo, nunca pudo superar la vergüenza de ser recordado como el niño negro que quiso ser nazi.